Se quejan los usuarios de que el agua de las duchas de los centros cívicos sale más fría que nunca. El Ayuntamiento responde que está a la misma temperatura, que es sólo una sensación. Debe de ser la misma sensación de falta de limpieza que tienen los vecinos de fuera del centro al pisar la calle. No saben que, mientras la suciedad se acumula en sus barrios, una barredora da vueltas y más vueltas a las ocho de la tarde de un viernes frente al Zaldiaran, quizá, sólo quizá, porque una decena de periodistas extranjeros tiene mesa al día siguiente a cuenta de la capital gastronómica. Les ocurre lo mismo en Lakua, ya que el caos de tráfico que se les avecina con la apertura de la estación es un temor infundado para el gobierno de Javier Maroto. Qué tontería, por qué van a alterar la circulación decenas y decenas de autobuses, coches y taxis al día. Otra sensación. Seguramente similar a la que embarga a los contribuyentes cuando comprueban el importe de sus recibos. Su alcalde ya ha dejado claro -sin que le tiemble la voz- que la presión fiscal ha caído en Vitoria, y ya se sabe que la vista tiende a nublarse con las facturas. Y sí, lo han adivinado: ellos también tienen la sensación de que nos engañan. Pero es sólo porque aún no se han dado una duchita en el centro cívico.
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