Cuentan que Winston Churchill instruyó a un bisoño y entusiasta parlamentario tory advirtiéndole mientras señalaba a la bancada contraria: "No se equivoque, joven, aquéllos de allí son nuestros adversarios. Si quiere contemplar a nuestros enemigos debe darse la vuelta". A cualquiera que aspire a algo en un partido político deberían entregarle esta frase en petit-point para colgarla sobre la chimenea junto a otra enseñanza de otro político, Vito Corleone: "Ten cerca a tus amigos y más cerca a tus enemigos". Si Arantza Quiroga hubiese tenido presente estos dos mandamientos, el estropicio en el que se ha metido ella y, de rondón, su partido quizá no habría existido. Al final, todo esto se resume en un capítulo de Juego de Tronos, Quiroga contra Alfonso Alonso con el trono de hierro en liza. Y Quiroga, quizá en la cresta de la ola del aplauso reconfortante del partido en Valladolid con Mariano Rajoy al frente, se olvidó de tener cerca a su enemigo, en este caso Alonso, defenestrando de forma inesperada a la Mano del Rey, que siguiendo con el símil sería Iñaki Oyarzábal. Incluso pensó que desactivaría el contraataque de Alonso eligiendo al sucesor entre sus huestes, Manuel Uriarte. Por concluir, para sobrevivir al navajeo en cualquier partido es muy recomendable tener presente El arte de la guerra.
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