una de las intervenciones más celebradas de Rubalcaba durante el debate sobre el estado de la nación fue su primera pregunta: "¿Rajoy, usted en qué país vive?" A partir de ahí, el todavía líder socialista comenzó a desgranar los males que asolan el país hasta el punto de ser tildado de apocalíptico por el aún presidente del Gobierno español. Las bancadas populares y socialistas se afanaron en emular a sus rivales dando palmas, que al parecer es para lo único que les pagamos a muchos de los insignes diputados y diputadas. Inmediatamente después de que finalizase el debate, como siempre, algunos medios comenzaron a investigar quién de los dos oradores había ganado. Pues seguramente nadie porque debate no hubo. Fue una simple, farragosa y populista letanía, una sucesión de frases más o menos ingeniosas en clave de código interno, sin propósito de arreglar nada, sólo destinadas a arengar a los propios y demostrar lo malos que son los otros. Lo que no entienden los dirigentes de la cosa pública es que la gente está definitivamente harta de discursos grandilocuentes y mentirosos y de la cohorte de palmeros que se sientan a su alrededor. Si, como muchos analistas entienden, el debate supuso el inicio efectivo para las próximas elecciones europeas, aviados vamos... Mejor dicho, aviados van.
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