El fútbol transita hacia un juego más controlado, donde la rigidez de los sistemas defensivos maniata el ingenio y la creatividad, donde la obsesión de los entrenadores es reducir a la mínima expresión los márgenes de error privando de libertad a sus jugadores. Los cancheros, el fútbol de patio de recreo, parece extinguirse en pro de una concepción más académica. La cifra de goles podía parecer abocada a una drástica reducción. El gol, decía el prolífico escritor Eduardo Galeano, es “el orgasmo del fútbol”, es el fin último y el deleite de los aficionados. “El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco”, escribió el literato uruguayo, que proseguía: “La multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire”. El gol es alegría, es celebración, es satisfacción, es el único camino que conduce a la victoria. Pero como decía Galeano hace ya más de tres décadas, “el milagro se da poco”.

Esta Copa del Mundo parece empeñada en contradecir el rumbo adoptado por el encorsetado fútbol. El Mundial ha roto el guion. Lo ha hecho sin esperar a las rondas eliminatorias, sin que se haya agotado la fase de grupos. En el Turquía-Estados Unidos, bajo la firma de Auston Trusty, se registró el gol número 173 del torneo, lo que significaba que el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá había superado los 172 tantos alcanzados a lo largo de todo el Mundial de Catar 2022. Es decir, han bastado 60 partidos para supera la marca que necesitó de los 64 partidos de todo el campeonato hace cuatro años. Y todavía quedaban por delante 44 encuentros más.

Una tendencia decreciente

La tendencia decreciente se podía observar recurriendo a la trayectoria histórica. En la edición inaugural de Uruguay 1930 se anotaron una media de 3,89 goles por partido (70 goles en 18 partidos); en Italia 1934 la cifra creció hasta los 4,12 (70 goles en 17 partidos); en Francia 1938 siguió elevándose hasta los 4,67 (84 goles en 18 partidos); en Brasil 1950 se lograron 4 por encuentro (88 goles en 22 partidos); en Suiza 1954 se estableció el que viene siendo el récord histórico de 5,40 (140 goles en 26 partidos); en Suecia 1958 se redujo a 3,60 promedio (126 goles en 35 partidos); en Chile 1962 se bajó a 2,78 (89 goles en 32 partidos)…

Hasta que llegó Italia 1990, donde se anotaron 115 goles en 52 partidos, es decir, una media de 2,21 por partido, la menor de los Mundiales. El gol había tocado fondo. Francia 1998 elevó el listón hasta los 2,67 (171 goles en 64 partidos) y en Catar 2022, el último precedente, la cantidad se quedó en 2,69 (172 goles en 64 partidos). Teniendo en cuenta los partidos disputados entre la pasada madrugada del jueves al viernes, o sea con 60 duelos ya celebrados, esta edición presenta un promedio de 2,95 goles por partido. Es decir, habría que remontarse a México 1970 para encontrar un ritmo goleador superior; entonces se registró una media de 2,97 (95 goles en 32 partidos).

El dato invita a preguntarse: ¿se marcan tantos goles únicamente porque ahora participan 48 selecciones en vez de 32 y se disputan 104 partidos en lugar de 64 o realmente el fútbol está siendo más ofensivo?

La ampliación del Mundial hacía prácticamente inevitable que el récord total de goles cayera; obviamente, existen muchas más oportunidades para marcar. Pero una comparación relevante está en el fútbol contemporáneo. Desde Francia 1998, cuando el Mundial adoptó el formato de 32 selecciones y 64 partidos, la tendencia había sido bastante estable: Francia 1998: 171 goles; Corea-Japón 2002: 161; Alemania 2006: 147; Sudáfrica 2010: 145; Brasil 2014: 171; Rusia 2018: 169 y Catar 2022: 172. En 60 partidos, en Estados Unidos, México y Canadá se han alcanzado 177.

A estas alturas, solo cinco partidos han terminado con empate sin goles: España-Cabo Verde, Ecuador-Curazao, Bélgica-Irán, Inglaterra-Ghana y Australia-Paraguay.

Gonzalo Plata celebra el gol de la victoria ante Alemania, que dio el pase a las eliminatorias a Ecuador. EFE

¿Una rebaja en el nivel competitivo?

Una explicación del número creciente de goles puede ser el aumento del número de selecciones. Muchas eran las voces que temían que las nuevas selecciones –hasta cuatro han debutado en el Mundial: Uzbekistán, Jordania, Cabo Verde y Curazao– rebajarían el nivel competitivo y ofrecerían partidos desequilibrados. El 7-1 del Alemania-Curazao o el 6-0 del Canadá-Catar son ejemplos.

Sin embargo, también ha habido selecciones menores que han brindado resultados inesperados, como algunos de los empates a cero: España-Cabo Verde, Bélgica-Irán o Inglaterra-Ghana. También se han dado otros resultados llamativos, como los siguientes: Portugal-Congo: 1-1; Uruguay-Cabo Verde: 2-2; Ecuador-Alemania; 2-1. En este sentido, la globalización del fútbol parece haber reducido las distancias entre muchas selecciones. Y aquí existe un hecho destacable: nunca había habido tantos internacionales formados en las grandes ligas europeas defendiendo camisetas de países emergentes. Casi uno de cada cinco jugadores de este Mundial representan a países en cuyos territorios no han nacido.

Las propuestas también parecen haber alterado los marcadores. El modelo dominante en las grandes competiciones parecía ser el de proteger el marcador. Sin embargo, ahora el esfuerzo por perseguir el gol parece mayor. Se puede afirmar que la presión ha sustituido al repliegue. Los entrenadores prefieren seguir presionando arriba incluso con ventaja. Además, la recuperación tras pérdida se ha convertido en un mecanismo ofensivo más. Las estadísticas demuestran que cada vez se producen más recuperaciones en campo rival, una tendencia consolidada en las principales ligas europeas, con modelos referentes como el doble campeón europeo Paris Saint-Germain, y trasladada ahora a las selecciones.

Leo Messi es el máximo goleador hasta el momento, con cinco dianas tras dos partidos. EFE

Las estrellas responden ante el gol

También es cierto que toda revolución táctica necesita de ejecutores. En este sentido, las grandes figuras del panorama internacional están respondiendo a las expectativas. Messi (5), Mbappé (4), Haaland (4), Vinicius (3), Cristiano Ronaldo (2), Kane (2)… Solo estas seis figuras han anotado 21 goles. La gran concentración de talento ofensivo ejerce su influencia en la faceta goleadora. Además, en el fútbol moderno es habitual ver a centrocampistas llegando desde la segunda línea a posiciones de remate y a laterales convertidos en extremos, cambios que han podido potenciar el apartado ofensivo.

Otro elemento que ha podido tener relación con la cantidad de goles es la intención de aumentar el tiempo efectivo de juego. En Catar 2022 la FIFA decidió introducir largos descuentos. Desde entonces, los partidos duran más y el balón permanece más tiempo en juego. En consecuencia, hay más posibilidades de anotar un gol o recibirlo.

A ello hay que añadir la profundidad física de las plantillas gracias a los cinco cambios. En 2020, con motivo de la pandemia y como medida excepcional, la FIFA implantó las cinco sustituciones, idea que llegó para quedarse. Este hecho ha transformado los tramos finales de los partidos, ahora más intensos. De hecho, existe un porcentaje muy elevado de goles anotados a partir del minuto 75, cuando las defensas empiezan a acusar el desgaste y los seleccionadores introducen piernas frescas. Por ejemplo, solo en la primera jornada de la fase de grupos, 13 de los 75 goles llegaron a partir del minuto 90.

Y como anécdota a nivel de producción goleadora, se han marcado 11 goles en propia puerta y se está a uno de igualar el récord histórico de Rusia 2018.

Este Mundial está demostrando que el fútbol sigue evolucionando. Estaba llamado a ser recordado por el aumento del número de selecciones a 48 y de partidos a 104, y probablemente pase a la historia por haber devuelto al gol al centro del fútbol. Ha cobrado protagonismo. Es la rebelión del gol. Para bien del espectáculo.