Sigo maravillado. No lo puedo negar, y cada día, un poco más. Me refiero a los rasgos que definen el carácter de gran parte de este Estado en el que nos ha tocado residir. Les cuento: yo pensaba que las corruptelas implicaban un poco más de elaboración (presuntamente, claro). Pero, por lo visto, y por lo que se desprende de los informes elaborados por los sesudos investigadores de las unidades de elite de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los últimos casos en instrucción judicial y que afectan sobremanera al partido en el Gobierno de España, sorprenden por la escasa calidad de las presuntas tramas delictivas descubiertas por Udefes y Ucos. No hay ni pizca de ese romanticismo ligado a las figuras del capo o del consigliere gesticulando mientras gestionan los asuntos turbios que tienen entre manos. Aquí, por lo que se va conociendo una vez que las instrucciones ya no están bajo secreto de sumario, se han sustituido las figuras claves de toda organización a la sombra por otras con menos empaque, como la fontanera o el albañil. Ya perdonarán este texto con intenciones un tanto groseras, pero considero que el corrupto (presuntamente, claro), además de serlo, ha de parecerlo. Me parece poco gratificante desayunarme caso tras caso sin al menos una figura cuyo nombre no nazca en los gremios. l
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