Publicaba esta semana El País una viñeta de El Roto que quizá resume mucho de lo que está aconteciendo en nuestra escena política. Dos aviones de combate sobrevuelan llamas bajo la leyenda “¡Suelta la bomba y cita a la Biblia!”. Lo de airear la religión para justificar el exterminio de los fieles de la de enfrente, incluso de los fieles propios, es más viejo que el hilo negro. Pero el ser humano es esa máquina perfecta de destrucción y persevera en ello. Cambiemos Biblia por cualquiera de los best seller de las otras grandes religiones y la mortífera sentencia funciona igual, a través del tiempo y del espacio. De hecho, no nos engañemos, lo de agitar credos no solo ha sido y es un fin en sí mismo, sino que ha sido y es coartada para embarullar otros motivos, que en el fondo son el mismo: poder. Incluso, más allá, en este perverso ejercicio de justificar e intentar que el público observe el dedo y no la luna vale casi cualquier cosa. Decía el miércoles Gabriel Rufián que “estamos en un momento en que no sabes lo que es cierto o lo que no, lo que es campaña o lo que no lo es”. Y es verdad. Casi como perfecta gran metáfora, ese mismo día, mientras la UCO estaba en Ferraz, el Pleno de control al Gobierno en el Congreso se interrumpió y fue evacuado en un simulacro de emergencia. Casualidades, dedos, lunas, bombas, lo que es cierto y lo que no.