No había comenzado a botar el balón sobre la cancha del Roig Arena y la marea azulgrana ya se dejaba notar en Valencia. Sin los nervios de debutar en la primera jornada, la afición baskonista ha aprovechado sus primeras horas en la capital del Turia para quitarse el mono de Copa a ritmo de txaranga y cánticos clásicos. La cita copera es una fiesta que muchos baskonistas no se han querido perder ni cuando el equipo no se ganó el billete. Así que ahora que se acude como uno más de los invitados al festejo, las ganas de dejarse notar, disfrutar y soñar con algo grande se desbordan. Si algo ha cambiado respecto a épocas gloriosas es que el partido de cuartos hace ya tiempo que no se afronta como un mero trámite. Baskonia sigue siendo un club grande por su historia y su afición, pero las ausencias y las derrotas antes de tiempo han cambiado la piel de Aker por la de un cordero. Si a eso le sumamos que en las jornadas previas se ha hablado más de la enfermería que de las bazas deportivas del equipo, el favoritismo no es un término que se pueda asociar al conjunto de Galbiati. Tal vez peco de iluso y mi naturaleza optimista puede jugarme, una vez más, una mala pasada. Pero creo que todos esto son motivos para ilusionarse con dar la campanada.