“Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de presión. Los aranceles, como palanca. La infraestructura financiera, como medio de coacción. Las cadenas de suministro, como vulnerabilidades que explotar”. Es la constatación del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en su muy comentado –y aplaudido– discurso en Davos. Nos han hablado de la guerra híbrida, que utiliza la desinformación, los ciberataques, la injerencia política... y la presión económica. Eso es lo que parece hacer la Administración Trump con los aranceles. Y la UE ha respondido a las amenazas prebélicas de EEUU respecto a Groenlandia también con la economía, poniendo sobre la mesa aranceles y el denominado instrumento anticoerción. Un contexto en el que la venta de deuda estadounidense por parte de un fondo danés y otro sueco y un informe de Deutsche Bank sugiriendo que la escalada de tensión podría derivar en una venta masiva de activos estadounidenses por parte de Europa acabó por contener, siquiera temporalmente, el discurso de Trump respecto a Groenlandia. “Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar juntos”, dijo Carney, quien añadió: “Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú”.
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