Lo que puede cambiar el fútbol en apenas dos semanas es realmente sorprendente. Y, si no, los sufridores aficionados del Glorioso pueden dar buena fe de ello.

El alavesismo lo veía todo negro hace dos jornadas tras caer a puestos de descenso como consecuencia de las derrotas en La Cerámica y el Metropolitano, pero tras las recientes últimas victorias ante el Betis y el Espanyol –ambas merecidas y aderezadas de un buen juego– el panorama ha cambiado por completo. Y todo ello ya sin el concurso de Carlos Vicente.

El conjunto vitoriano se acostó este viernes décimo en la tabla con 25 puntos en su casillero, ahora mismo cuatro por encima del descenso a falta de que jueguen todos los rivales.

Más que el buen estado clasificatorio, lo que realmente invita al optimismo es la encomiable reacción del equipo en un momento crítico donde más de uno ya se temía lo peor.

Cuando peor venían dadas, técnicos y jugadores han dado un paso al frente y mostrado toneladas de orgullo para revertir la situación. En estos próximos días, eso sí, le llega el turno a los despachos para terminar de apuntalar algunas posiciones cojas como el eje de la zaga, el extremo izquierdo y la punta de lanza.

En tierras catalanas, la escuadra albiazul consiguió una victoria propia de un equipo maduro, curtido en mil batallas y que sabe competir. Nunca había sido capaz el equipo de darle la vuelta a un marcador tras empezar perdiendo ni enlazar dos victorias consecutivas en la presente temporada, pero ambos objetivos quedaron plasmados en el RCDE Stadium gracias a los providenciales goles de Blanco y Boyé.

Espíritu de supervivencia al final

Pudieron llegar más, ya que Blanco, Yusi y Guevara dispusieron de claras oportunidades ante el marco de Dmitrovic. Pese a la marcha de uno de sus bastiones ofensivos al fútbol inglés, el Alavés llevó mucho peligro al área rival. La escuadra vitoriano no se vino abajo abajo tras el tanto de Roberto y no solo niveló el encuentro sino que terminó llevándose el gato al agua gracias a la fe de Toni Martínez.

El delantero levantino hizo incurrir en un error a Cabrera con su denodada lucha por un balón que parecía perderse por la línea de fondo y su centro al área fue empujado a la red a placer por Boyé. El espíritu de supervivencia acreditado en el epílogo, cuando un viejo conocido como Kike García rozó el gol en más de una ocasión, hizo que tres valiosos puntos acabasen cayendo en el zurrón.