Si la carbonara acapara focos y titulares, la tradición romana guarda tres recetas hermanas que comparten ADN y pasión por el producto. Así lo explica el creador de contenido @cookinconelsabi en uno de sus últimos vídeos, donde repasa con su habitual tono desenfadado el linaje de cuatro clásicos que parten de una misma base y evolucionan con apenas uno o dos ingredientes más.

La primera en la genealogía es la Cacio e Pepe, probablemente la más austera y a la vez una de las más complejas técnicamente. Solo queso pecorino y pimienta negra, amalgamados con agua de cocción para lograr una emulsión sedosa. La clave, insiste, está en trabajar fuera del fuego y mover la pasta sin descanso para que el almidón haga su magia.

Si a esa base se le añade guanciale —papada de cerdo curada— aparece la Pasta alla Gricia, considerada por muchos el eslabón perdido entre la sencillez pastoril y la exuberancia posterior.

El guanciale se cocina sin grasa añadida hasta que queda crujiente y libera su esencia. Parte de esa grasa se integra en la emulsión de queso para intensificar sabor y textura.

Espaguetis a la carbonara Pexels

Un paso más y llega la reina indiscutible, que no es otra que la Carbonara. A la Gricia se incorporan yemas de huevo para dar cuerpo y untuosidad. De nuevo, fuera del fuego y con movimiento constante, se consigue una salsa cremosa sin necesidad de nata, fiel a la ortodoxia romana.

La última hermana, la más “rebelde”, es la salsa Amatriciana. Sustituye el huevo por tomate y combina la salsa con la grasa del guanciale antes de mantecarlas con abundante pecorino. El resultado ofrece un equilibrio entre acidez, grasa y queso que completa el cuarteto.

La elección de la pasta resulta determinante para que la emulsión funcione y el conjunto alcance ese punto cremoso que distingue a estas elaboraciones.

En el vídeo, didáctico y cercano, recuerda que la cocina italiana tradicional no necesita artificios y la trascendencia del equilibrio entre grasa, almidón y proteína.

Detrás de esta explicación está Sabi, creador gastronómico conocido en redes como @cookinconelsabi con una comunidad que supera los 445.000 seguidores en Instagram y 264.000 en TikTok, donde divulga recetas clásicas, así como nuevas y desenfadadas creaciones inspiradas en éstas.

Sabi, un napolitano en Madrid con cientos de miles de seguidores en sus redes sociales bajo el perfil @cookinconelsabi Instagram

La carbonara, sin nata ni cebolla

Como contraste a la receta ortodoxa italiana de la carbonara, conviene mencionar la versión popular preparada en muchos hogares españoles a base de nata líquida, bacon ahumado y, en no pocas ocasiones, cebolla.

Una fórmula cremosa y sabrosa pero ajena al recetario romano tradicional, donde la textura se logra exclusivamente con yema de huevo, queso pecorino, guanciale y el almidón de la propia pasta.

Esta reinterpretación doméstica, extendida por comodidad y por la dificultad histórica de encontrar guanciale, ha acabado consolidando una 'carbonara a la española' que poco tiene que ver con la auténtica, aunque siga reinando en innumerables cocinas familiares.

La reacción en Italia ante semejante herejía culinaria oscila entre el dramatismo operístico y la resignación irónica. Basta mencionar la palabra “nata” delante de un italiano para que se lleve las manos a la cabeza como si acabaran de romper un espagueti por la mitad o le hubiera echado ketchup a un plato de pasta.

Exageraciones aparte, el debate se ha convertido casi en un meme gastronómico internacional, prueba de que pocas recetas despiertan tanta pasión y orgullo patrio entre los italianos como esta salsa que traspasa fronteras con versiones más o menos respetuosas y aplicada a todo tipo de platos como pizzas, empanadas o bocadillos.