El cambio implementado hace ya cerca de un mes en el sistema de citaciones para iniciar los trámites de asilo ha complicado aún más si cabe la situación de las decenas de personas que desde mediados del año pasado aguardan respuestas y una solución en unos soportales del barrio de Salburua, junto a las instalaciones de la Brigada de Extranjería de la Policía Nacional.
“Hay gente que lleva seis o siete meses en la calle esperando una primera entrevista. Es muy fuerte”, significa en conversación con NOTICIAS DE ÁLAVA Ainara Aguirre, integrante de la red de voluntariado que durante todo este tiempo se ha volcado en ayudar a los afectados, la inmensa mayoría provenientes de Mali.
Emen, El mundo es nuestro, es el acrónimo de este colectivo que fonéticamente evoca también un aquí en euskera. Toda una declaración de intenciones.
A día de hoy “rozan” ya las 40 las personas atrapadas en este limbo, aguardando un a priori simple papel que dé constancia de su solicitud de protección internacional.
Hay una rotación permanente y la cifra fluctúa, como viene pasando desde que comenzaron a llegar a la ciudad, aunque Aguirre, las personas que componen Emen y el Sindicato Socialista de Vivienda de Gasteiz, que hace unos días sacó a la luz este “enésimo ataque contra el derecho de asilo”, temen que pronto sean muchas más.
Una “misión imposible”
Si hasta ahora, según los cálculos de ambas organizaciones, la policía española repartía un número ya insuficiente de 60 citas semanales para esa primera entrevista, tras la conversión del sistema de presencial a on-line estas se han reducido a la mitad. Sin embargo, “la página web se colapsa y coger alguna en Vitoria es misión imposible”, en palabras de Aguirre.
A día de hoy “rozan” ya las 40 las personas atrapadas en este limbo. La cifra fluctúa, pero el voluntariado teme que siga creciendo
La voluntaria sospecha incluso que haya gente adquiriéndolas con sistemas informáticos más sofisticados que los del ciudadano medio para posteriormente venderlas.
“El cambio ha sido un caos”, apostilla Aguirre, que a día de hoy tiene alojada en su domicilio a una de estas personas, aunque en momentos puntuales han llegado a ser dos.
Durante todo este tiempo, los solicitantes de asilo que han pasado por la capital alavesa se han movido también para pernoctar por distintos locales proporcionados por el Ayuntamiento de Gasteiz –especialmente en las pasadas fechas navideñas–, aunque ahora duermen en dos iglesias y los locales de una asociación vecinal que cuenta con 20 plazas.
“Hubo una época en la que bajó un poquito, pero ahora el número sí que ha ido otra vez creciendo, hay un goteo. Normalmente siempre duermen a cubierto, pero hay días que no entran. Y como no van teniendo salida... Son personas que vienen en unas condiciones pésimas”, recuerda la voluntaria.
Por lo demás, las necesidades de alimentación son cubiertas con excedentes de comedores, mediante campañas de recogida o haciendo alguna compra puntual. “La comida no ha faltado nunca”, apunta la voluntaria. Más allá de esta necesidad básica, tanto Emen como el Sindicato de Vivienda ayudan a los solicitantes de asilo varios días a la semana con la resolución de todo tipo de trámites administrativos y ofrecen igualmente clases de castellano.
A terceros países
Pese a la reciente regularización de personas migrantes aprobada por el Gobierno central, Aguirre recuerda que este próximo junio está prevista la entrada en vigor de un nuevo acuerdo de la UE respecto a los demandantes de asilo en España “a los que se va a remitir a terceros países”, lo cual va a facilitar la creación de “guetos” y que el problema se perpetúe.
“Yo pediría a la administración en general que actúe legalmente, que no se pase los derechos universales por el arco del triunfo, que no disfrace las cosas y que se ponga a dar de una vez las citas en condiciones, porque lo que hay que agilizar es este trámite. Del resto nos seguiremos encargando el voluntariado en la medida que podamos, porque hasta ahora tampoco nos ha ido tan mal. Los chicos no están ni desnutridos, ni enfermos. Pero psicológicamente les está matando esta espera y que les prometan cosas que luego no son”, reflexiona, en última instancia, Aguirre.