La Escuela para el Empoderamiento Femenino del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, en colaboración con Arabako Gorrak, ha organizado durante la mañana de hoy la jornada Maternidades sordas. Voces propias / silenciadas en el Centro Cívico Aldabe. El acto ha incluido la proyección de la película Sorda —galardonada con tres premios en la reciente edición de los Goya— con la intervención de su protagonista, Miriam Garlo, primera persona sorda en recibir el Goya a la Mejor Actriz Revelación. La jornada ha concluido con un coloquio en el que cuatro madres sordas compartieron sus experiencias.

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En imágenes: Aldabe acoge la jornada 'Maternidades sordas, voces propias silenciadas' con la actriz Miriam Garlo Pilar Barco

Miriam Garlo, que aprendió la lengua de signos a los 30 años y la reivindicó públicamente durante la ceremonia de entrega del galardón, dedicó entonces el premio a "todas las mujeres sordas, las que han sido madres y las que no", porque a la violencia obstétrica hay que añadirle la violencia de la no comunicación o la violencia de la invisibilidad. En la jornada de hoy, la actriz subrayó que "cada persona tiene que construir su propia historia" y definió la comunidad sorda como "un tesoro que hay que cuidar y compartir". Sobre el propósito de la película, afirmó que el objetivo es "reivindicar esta situación y animar a que el mundo oyente se dé cuenta de cuál es la realidad; la comunidad sorda debe luchar por sus derechos porque el mundo oyente no conoce nuestra realidad".

Cuatro historias, las mismas barreras

El coloquio reunió a Aitziber Uriarte, Leticia Ariznabarreta, Manuela Cardona y Myriam Majadas. Llorar, fuerza, fortaleza, emoción, cariño y amor puro: así describieron, en una sola ristra de palabras, lo que sintieron al convertirse en madres. Pero junto a esa plenitud, cada una de ellas relató también las dificultades concretas a las que tuvo que enfrentarse durante el embarazo, el parto y el puerperio por el hecho de ser sorda.

Aitziber Uriarte recordó el miedo vivido durante su embarazo cuando sufrió un sangrado importante y no podía comunicarse con nadie para saber si su hijo estaba bien. "No podía llamar ni estar en contacto", explicó, y señaló la ausencia de intérpretes como una barrera constante. En el parto, que se adelantó a los ocho meses y medio, la matrona intentó enseñarle técnicas de respiración por escrito, pero había términos que Aitziber no comprendía. "Eché en falta un intérprete en ese momento", afirmó. Fue la comunicación gestual, y no el sistema sanitario, lo que finalmente le tendió un puente.

"Fue un momento muy angustioso porque todo el mundo hablaba a mi alrededor"

Leticia Ariznabarreta, cuyo entorno es íntegramente sordo, contó que cuando comenzaron las contracciones, la matrona optó por escribir en un papel para que su marido le tradujera la información en lengua de signos. El problema fue que él tampoco entendía las frases. "Fue un momento muy angustioso porque todo el mundo hablaba a mi alrededor", relató. La situación se complicó aún más después del parto, pues una hemorragia en la cicatriz de la cesárea obligó a intervenir quirúrgicamente de urgencia, y Leticia vivió aquellas horas críticas sin que la información médica le llegara con claridad.

Manuela Cardona, que llegó desde Colombia, tuvo a su madre como único apoyo durante el proceso. Ella le transmitía mensajes positivos, aunque siempre breves e incompletos. El momento más duro llegó en la colocación de la epidural ya que nadie le explicó qué iba a ocurrir, el enfermero adoptó una actitud que ella describió como violenta ante su inmovilidad, y su madre, nerviosa, le pedía que se estuviera quieta sin darle la información que necesitaba. "Sentí maltrato por parte del enfermero y también por mi madre, que no me transmitía todo lo que pasaba", relató Manuela, quien, pese a todo, destacó que el parto en sí transcurrió sin complicaciones.

Myriam Majadas llegó a las revisiones acompañada de su suegra, quien le servía de intérprete. Sin embargo, cuando el embarazo estaba avanzado y el hospital impuso las restricciones de acceso del período poscovid, solo podía acompañarla su marido. En la sala de parto, las mascarillas suprimieron cualquier posibilidad de leer los labios, su único canal de comunicación posible. "Para mí fue muy duro porque no tenía ningún tipo de comunicación", explicó. Fue ella misma quien, en un momento límite, tuvo que solicitar la cesárea. Cuando por fin tuvo a su hijo en brazos, dijo sentirse fuerte. Y añadió, con una mezcla de alivio y de dolor: "Me hubiera gustado saber qué decían durante el parto".