Hacerle una entrevista a un periodista siempre impone algo. Si es alguien como Iñaki Gabilondo, uno de los más influyentes y respetados del Estado, podría agudizarlo, pero nada más lejos de la realidad. Se muestra cercano y distendido en esta charla que mantiene con DNA con motivo del encuentro que protagonizará el martes 3 en Vitoria, y que, precisamente, versa sobre eso, sobre Conversar con el miedo.

Se enmarca en la apertura del segundo trimestre de la Escuela Abierta de la Ciudadanía (HEI-Eskola) y es el colofón a un trabajo previo realizado por un grupo de jóvenes de Gasteiz, que han reflexionado sobre cómo esta emoción condiciona su presente y su futuro. Será a las 18.00 horas en el Palacio Europa. Las plazas están cubiertas para esta cita, que presentará la periodista Sonia Hernando y que se podrá seguir vía streaming

JÓVENES Y MIEDO

Las reflexiones, preguntas y miradas de este grupo de jóvenes servirán de punto de partida para este encuentro. ¿No le dan miedo las preguntas que pueden hacerle estos escolares? 

– (Ríe). No, miedo no. Tengo curiosidad, pero miedo en absoluto, al contrario. A estas cosas uno va siempre a aprender.

¿Y qué es lo que atemoriza a los jóvenes de hoy?

– Aunque todos los jóvenes siempre ven el futuro con gran incertidumbre, ahora mismo parece que es casi casi un clamor, que el horizonte lo ven oscuro y deben tener claramente miedo a eso. Y hay un miedo nuevo que está marcando muy agudamente la realidad social. Es el de a ser juzgado por los demás, a cómo están siendo vistos por los demás.

Desde que las redes sociales han impuesto su fuerza tan grande, resulta que ahora los chicos viven muy juzgados, muy analizados, muy valorados, con los me gustas o con los no me gustas, como consecuencia de este marcaje de las redes sociales. Y por eso hasta ya ha habido el famoso FOMO: el fear of missing out, el temor a perderte cosas. Se ha convertido en un síndrome que los psicólogos ya lo han bautizado. 

El miedo a ser juzgado ha sido siempre, pero a ser juzgado de una manera oficial, abierta, pública, en plena pubertad, y agravado por la crueldad tremenda, el escrutinio severísimo, sin misericordia, de las redes sociales, es un miedo añadido. 

CÓMO MANEJARLO

¿Cómo nos podemos enfrentar como sociedad al miedo para transformarlo en una herramienta de construcción democrática y de ciudadanía activa?

–Pues yo creo que primero sabiendo claramente que tiene una gran importancia nuestra reacción al miedo. Tener miedo es un sentimiento absolutamente natural. En el momento actual, donde hay tantos conflictos y tantos puntos polvorín que en el mundo ahora mismo son amenazas ciertas, tantas cosas que están en principio oscureciendo el horizonte, eso es un natural cultivo para que tengamos miedo. Pero hay también un miedo que está siendo azuzado, intencionadísimamente, para conducirnos a la paralización total.

"El ciudadano, aunque el panorama sea oscuro y aunque haya motivos objetivos para tener miedo, tiene que ser muy consciente de que está siendo jugado y manejado para conducirle a la paralización"

Es el anhelo máximo de todos los grandes dictadores y todos los grandes poderes que quieren ser omnímodos, ¿no? Tener paralizado, completamente dócil y manejable al ciudadano. Entonces, en este momento, el ciudadano, aunque el panorama sea oscuro y aunque haya motivos objetivos para tener miedo, tiene que ser muy consciente de que está siendo jugado y manejado para conducirle a la paralización, al sometimiento y, en fin, a la actitud bovina. 

¿Cómo se puede reaccionar ante eso?

– Lo primero es, a mi juicio, tener conciencia de que está siendo manejado ese miedo para paralizarnos. A partir de ahí ya podemos decidir una cosa u otra. Me parece importante que lo sepamos. Yo creo que casi todo el mundo lo intuye, pero sería conveniente que lo supiera con claridad. Los temores objetivos que el momento actual ofrece están siendo azuzados intencionalmente para paralizarnos.

TRAGEDIAS FERROVIARIAS

Precisamente, el objetivo del encuentro es afrontar esta emoción de miedo que cada día está más presente en nuestra realidad. Sin ir más lejos, tras los trágicos accidentes ferroviarios de Adamuz, el miedo a la hora de subirse a un tren está a la orden del día. ¿Qué opinión le merece el tratamiento informativo al respecto?

–El tratamiento de bienes generales, como en todos los grandes sucesos, da siempre lugar a una gran cantidad de discusiones. Por un lado, se está dando un tratamiento magnífico por parte de muchísimos medios, y también se están manejando los sensacionalismos de costumbre para buscar un atajo, para llegar lo antes posible al lector, al oyente o al espectador, en algunos casos. Esto ya lo hemos visto muchas veces, lo sabemos de memoria.

Luego, está siendo también manejado, como en todo, en la disputa política, como otro factor paralizador. Yo creo que ahora mismo vivir en una sociedad tan compleja, tan difícil, etc., obliga a tener una especie de valor cívico que hay que desarrollar.

"Las fuerzas públicas, las políticas, la gente con responsabilidad pública, como los profesores, tienen que tratar de animar a la ciudadanía a activar el valor cívico"

Las fuerzas públicas, las políticas, la gente con responsabilidad pública, como los profesores, tienen que tratar de animar a la ciudadanía a activar el valor cívico. En este momento, es imprescindible tenerlo porque, aunque sea difícil, y aunque la tendencia primera nos impulse a salir de donde quema, es importante desarrollarlo. Y hay que inculcárselo a los chicos. Y este acto del martes, convocado por la Escuela de Ciudadanía, creo que va en esa dirección. Es tratar de demostrar o de convencer a la gente de que ser ciudadano en este momento incluye un determinado compromiso de valor cívico. Y que, claro está, que las cosas nos asustan, pero que tenemos que tener un poco de valor cívico para poder avanzar. Porque, si no, automáticamente, vamos siempre derrotados por las fuerzas más reaccionarias.

QUÉ HACER

¿Se puede vivir y participar sin miedo? 

–Sin miedo no se puede vivir porque es un sentimiento completamente natural. El ser humano nace con el miedo puesto, como nace con la voluntad de vivir puesta. Es la otra cara de la misma moneda. Es la voluntad de vivir y, por otro lado, el miedo a morir. O ese miedo a morir que luego se subdivide en miedos de muy distintos tipos.

Lo que hay que tratar es de saber cómo gestionar ese miedo y cómo manejarlo para poder estar a la altura de tu responsabilidad como ciudadano. Mira, en los juicios de Núremberg, uno de los acusados, cuando fue interpelado por cómo era posible que asistiera a aquellas barbaridades, las dirigiera y las permitiera, él decía, que le daba miedo desobedecer las órdenes de la autoridad.

"El miedo no siempre es un sentimiento inocente. En ocasiones se tiene una obligación cívica de luchar contra él"

El miedo no siempre es un sentimiento inocente. En ocasiones se tiene una obligación cívica de luchar contra él. Hay que saber que hay que vivir incluyendo las dificultades que el miedo nos plantee. Así que esto es muy teórico, pero tiene que formar parte de la responsabilidad ciudadana.

El propio título del encuentro es el de Conversar con el miedo. ¿Cómo se puede conversar cuando está presente y por qué es importante hacerlo?

–Ya sé que vivir da miedo y que el momento actual es tremendamente difícil. Muy bien, pero podemos hacer dos cosas: aceptar que dadas las circunstancias, escondemos la cabeza debajo del ala y nos ponemos a llorar, o que todos nos ponemos de pie.

Y no deja de ser una recomendación, un consejo o un desideratum, pero luego la realidad de la vida nos pone en los sitios de una manera o de otra. Yo no tengo las respuestas a estas preguntas, ni para mí, ni para ti, ni para nadie. Lo que sí sé es que estos elementos que forman parte del miedo natural, agravados por las amenazas del mundo que nos rodean, están siendo manejados en nuestra contra. Y eso es lo que me parece importante tener en cuenta.

"Quieren que nos paremos, que nos asustemos y nos quedemos en una esquina a llorar. No tenemos que hacerlo, eso es lo único que se puede en este momento decir, a mi juicio"

Quieren que nos paremos, que nos asustemos y nos quedemos en una esquina a llorar. No tenemos que hacerlo, eso es lo único que se puede en este momento decir, a mi juicio.

TEMAS TABÚ

También hay temas que suelen ser tabú, en general, porque da miedo hablar de ellos. Por ejemplo, el de la muerte.

"Yo tengo 83 años, sé que estoy más cerca del final que la mayoría de la gente, pero eso suele ser a lo que hay que mirar a los ojos"

Al ser humano le ha divertido últimamente mucho vivir como si no se fuera a morir nunca. Eso es un error absoluto, ya se sabe. Vivir pensando que te vas a morir, dicen, es un disparate. Bueno, a mí me parece mucho mayor disparate vivir pensando que no te vas a morir nunca. Pero ya digo, son formas de entender las cosas. Yo tengo 83 años, sé que estoy más cerca del final que la mayoría de la gente, pero eso suele ser a lo que hay que mirar a los ojos. Ya sé que es casi un tabú. Ha habido sociedades en el mundo y en el pasado que se enfrentaban a la muerte de una manera mucho más natural.

La nuestra no. Esta es una sociedad higienista, un tanto ingenua, que vive en un estado de adolescencia perfecto y que quiere hacer como que no se va a morir. A mí me parece que es mucho más inteligente vivir sabiendo que te queda un número limitado de vinos que vas a beber, un número limitado de veces que vas a hacer el amor, un número limitado de veces que vas a ir a París...

Creo que se paladea la vida de una manera mucho más realista y más cierta y más intensa cuando se tiene en cuenta que es un tiempo fugaz y de paso, pero no es la moda en este momento. Casi casi es un tabú colectivo. No puedes sacar ese tema en una cena de amigos. Creo que es un error, pero sin embargo es así y lo comprendo.

Y como profesional de los medios de comunicación, por ejemplo, el tema del suicidio todavía sigue siendo tabú. ¿Qué le parece? 

–Sí. Se está poco a poco abriendo esa puerta y poco a poco se está azotando ese tipo de realidad. Y como no se observe en su verdad, difícilmente se va a poder actuar de una manera positiva en ese sentido.

Así, se rompe el tabú y se maneja este tema. Yo creo que eso siempre es positivo. Hay gente que estaba viviendo las realidades de los suicidios en muchas familias como si fueran un secreto de Estado que no se podía implementar o contarlo con una gran vergüenza. La sociedad últimamente ha empezado a aceptar esos dramas y se ha empezado a mirar a los ojos de una manera directa como primer paso para intentar una solución.