a confirmación mediante el anuncio oficial del pasado sábado del próximo lanzamiento de una oferta de adquisición de acciones (OPA) por parte de Siemens Energy sobre la firma vasca Gamesa tras la que tendrá el control total de la compañía con sede en Zamudio, aunque era una noticia más que previsible, ha caído como un jarro de agua fría en el ecosistema industrial de Euskadi y ha generado la lógica preocupación por las consecuencias de diverso tipo que pueda acarrear. Las dificultades por las que atraviesa Siemens Gamesa, agravadas durante los últimos meses debido a la presión de los costes de la energía, de materias primas y logísticos y la crisis de componentes claves, unidas a problemas propios de gestión y estratégicos, han llevado a la compañía a unas pérdidas de 780 millones de euros entre octubre de 2021 y marzo de 2022. Una situación que ha precipitado la decisión del grupo alemán. Siemens, que culminará la operación de toma de control en septiembre, prevé a corto plazo abordar estos problemas que pueden poner en riesgo la viabilidad de Gamesa para, a medio plazo, buscar una futura expansión y despliegue potencial de la firma. A lo largo de su dilatada historia, Gamesa se ha convertido, desde el arraigo y el compromiso con Euskadi y sus proveedores, en una empresa puntera y de referencia internacional en la industria y desarrollo de nuevas tecnologías, destacando en los últimos tiempos en el ámbito de la ingeniería y fabricación de aerogeneradores y parques eólicos. La fusión con la división eólica del grupo Siemens en 2017, sin embargo, no ha llegado a cumplir las expectativas levantadas. Los planes de Siemens Energy pasan por el mantenimiento de la sede de Gamesa en Zamudio, al menos de momento, y por la “optimización estructural” de la compañía, lo que sin duda conllevará recortes y ajustes. La operación del grupo alemán debe estar ligada al cumplimiento de unas garantías básicas, que pasan de manera ineludible por el aseguramiento de su arraigo y su futuro en Euskadi, donde siga siendo un eje tractor de valor añadido y para la industria auxiliar y de proveedores dentro de la estrategia vasca de transformación energética y de generación de renovables. Asimismo, es exigible el mantenimiento del empleo en la medida de lo posible, asegurando su viabilidad, rentabilidad y proyección. l