Estamos a la espera de ver cómo es realmente el disfraz del becario de nuestro amado templo del cortado mañanero. Pero lo cierto es que los viejillos se quedaron el otro día vuelta al aire cuando el susodicho –o sea, el hijo de nuestro querido escanciador de café y otras sustancias– apuntó a que se iba a vestir este año de conejito malo. Se abrieron aquí dos teorías principales. La primera, que en honor al animalillo que parece que ha hecho casa en el parque de la Florida, el muchacho se va a disfrazar de oryctolagus cuniculus. Por de pronto, alguien ha planteado que si es así, hay que pasar por la frutería a comprar unas zanahorias y vacilarle un rato. La segunda propuesta, realizada por los más jóvenes del lugar, apunta a que, en realidad, el camarero se nos va a transformar en Bad Bunny, lo cual ha asustado y mucho a los aitites, que ya saben quién es el protagonista en cuestión con tanta matraca con el fútbol raro ese que juegan los yankis y temen que cuando el becario esté sirviendo, le entiendan lo mismo que al cantante por mucho que diga que habla en castellano, es decir, nada de nada. A la espera de resolver la incógnita, lo cierto es que el colega nos lleva castigando toda la semana en el hilo musical del bar con los grandes éxitos del de Vega Baja.