La actividad se ha retomado ya en las líneas de producción de Mercedes-Benz en Vitoria tras el receso vacacional que se ha extendido a lo largo del último mes. Tras unas semanas previas al período estival de enorme conflictividad social, la firma a finales del nuevo convenio que regirá las relaciones laborales hasta 2026 abre las puertas a un nuevo escenario en cuyo horizonte se contemplan varios hitos. El principal, que la central concrete la anunciada inversión de 1.200 millones de euros que tiene que servir para transformar la factoría, duplicar su capacidad e incrementar sus recursos productivos para ensamblar nuevas furgonetas.
Mientras tanto, la planta vitoriana tratará de acelerar su producción en el último cuatrimestre del año para buscar su récord de furgonetas –la planificación contemplaba 158.219 vehículos en 2022–, aunque se asume que va a ser prácticamente imposible alcanzar la cifra prevista a principios de año. No en vano, sigue vigente la crisis en el suministro y la falta de piezas es una amenaza que se va a mantener latente y que puede explotar en cualquier momento. En la parte social, tras la tensión vivida durante la negociación del convenio y que propició una fractura dentro de la plantilla, los sindicatos volverán a medir sus fuerzas en las elecciones sindicales de noviembre.
Los cerca de 5.000 empleados de Mercedes en Vitoria regresan desde hoy a sus puestos de trabajo pendientes de que se anuncie definitivamente la inversión por parte de la matriz automovilística de la inversión de 1.200 millones de euros que servirán para ampliar y modernizar la factoría. La firma del nuevo convenio era un factor clave para abrir la puerta a esta inversión millonaria –por ello que desde Gobierno Vasco, Diputación Foral de Álava y Ayuntamiento de Vitoria se volcasen los esfuerzos para asegurar esa inyección económica– que asegurará un futuro esplendoroso para la factoría alavesa –de la que en estos momentos dependen indirectamente otros 30.000 trabajadores más–, ya que le permitiría, además de consolidar todavía más su posición de liderazgo en la industria vasca, seguir creciendo y afrontar una mayor producción con modelos nuevos, además de los actuales Vito y Clase V.
Sábados activados
Mientras se determina finalmente la firma de la millonaria inversión, en la planta vitoriana se espera que el último cuatrimestre de 2022 suponga un importante empujón a la producción después de todos los avatares sufridos en los dos primeros.
Y es que si a lo largo de los primeros meses fue la crisis de los chips y la falta de suministros la que obligó a detener la producción durante varias jornadas, en las últimas semanas previas a las vacaciones fueron las huelgas durante la negociación del convenio las que frenaron la actividad nueve por completo nueve días. Alcanzar los 158.219 vehículos presupuestados para este año parece ya prácticamente imposible, pero se pretende quedarse cerca de los registros de 2017, los mejores en la historia de la factoría gasteiztarra cuando se superaron las 150.000 furgonetas ensambladas.
Para conseguirlo, ya se han activado como laborables los cuatro sábados de septiembre y la idea es mantener ese mismo patrón a lo largo de octubre, noviembre y diciembre para potenciar al máximo la producción. Siempre y cuando, eso sí, la crisis de desabastecimiento no obligue a nuevos parones imprevistos en la producción de la planta.
En lo referido al apartado social, los sindicatos medirán de nuevo sus fuerzas en las elecciones al comité de empresa de la segunda quincena del próximo mes de noviembre después de la enorme grieta que se generó durante las negociaciones del nuevo convenio. UGT, CC OO, Ekintza y PIM formaron el bloque que acabó suscribiendo el acuerdo con la empresa, mientras que ELA, LAB y ESK rechazaban el mismo.