Síguenos en redes sociales:

Elisabetta Curridori: "Una prueba organizada por gente del lugar como el vi half gasteiz se siente de otra manera y es algo más auténtico"

Elisabetta Curridori, uno de los grandes reclamos del vi half gasteiz, apura su puesta a punto para una prueba alavesa que vivirá su quinta edición

Elisabetta Curridori: "Una prueba organizada por gente del lugar como el vi half gasteiz se siente de otra manera y es algo más auténtico"IRONMAN Triathlon

A Elisabetta Curridori le bastó una visita a Vitoria para querer volver. Fue en 2024, durante el Ironman, en una jornada que recuerda como “un desastre” deportivo, pero también como una experiencia que le dejó marcada por el ambiente de la ciudad y el calor de la gente. Ahora, la triatleta de Cerdeña regresa a la capital alavesa para disputar por primera vez el vi half gasteiz, una prueba que le han descrito como auténtica, cercana y muy pegada al territorio. Curridori llega en plena dinámica competitiva, con varias carreras ya acumuladas esta temporada, y en su mejor momento deportivo tras atravesar varios altibajos. A esta prueba alavesa llega con su idea clara de no mirar demasiado a las rivales, controlar lo que depende de ella y dejarlo todo hasta la línea de meta.

¿Cómo afronta el vi half de este año?

El vi half será mi quinta competición de la temporada, así que llego con una buena preparación y con ritmo competitivo. Todo el trabajo importante ya está hecho durante el invierno. Ahora lo fundamental es recuperar bien después de cada prueba, porque estoy compitiendo cada quince días. La semana de la carrera llegaré a Vitoria, haré el reconocimiento del recorrido y espero encontrarme en la mejor forma posible para competir bien.

¿Qué le llamó la atención de esta prueba para querer venir a Vitoria?

Mi primera vez fue en 2024, cuando competí en el Ironman Vitoria-Gasteiz. Fue un día que deportivamente acabó siendo un desastre, porque en la maratón final creo que caminé desde el kilómetro 15. Pero lo que me ayudó a terminar fue la gente, el ambiente y las personas animando en la calle. Eso me marcó mucho. Recuerdo que pensé: “Tengo que volver”. Ahora vivo en Banyoles y he conocido a muchos atletas y amigos de toda España. Ellos me dijeron: “Si Vitoria te gustó tanto, tienes que volver para hacer esta prueba. No es Ironman ni Challenge, pero es una carrera muy auténtica”. Quise hacerla ya el año pasado, pero no me encajaban las fechas. Este año sí he podido apuntarme y tengo muchas ganas.

Ya conoce bien el País Vasco.

Sí, he competido varias veces allí y me encanta todo de esa zona. Quizá un poco menos la temperatura, porque nunca se sabe qué tiempo va a hacer. Este año también competí en el Duatlón de Zuia en marzo –salió campeona– por segunda vez. Fue con lluvia y nieve, pero fue tan épico que lo recuerdo como algo increíble. Si no fuera por el clima, a veces pienso que me gustaría vivir en Vitoria o toda esa zona cercana.

¿Qué espera encontrarse el sábado en el vi half gasteiz?

Me han hablado muy bien del ambiente y de la gente animando por las calles. Además, creo que una prueba organizada por gente del lugar, como es este el caso, se siente de otra manera. No es una carrera en manos de una gran marca, sino algo más auténtico. A mí me encanta poder apoyar a organizadores que hacen cosas increíbles sin tener detrás el nombre de Ironman o Challenge. Organizar una prueba así durante tantos años no es sencillo.

¿En qué estado de forma llega?

Llego en un buen momento. Estoy compitiendo mucho y cada competición te enseña algo. Eso te ayuda a subir el nivel. Ahora tengo que gestionar bien la recuperación entre carreras, pero creo que puedo llegar muy bien a Vitoria. Yo siempre compito con todo lo que tengo. Me da igual si hay chicas más fuertes o menos fuertes que yo. Siempre dejo todo lo que tengo allí.

¿Qué parte de la prueba le preocupa más?

No soy una gran nadadora, así que la natación siempre me pone un poco nerviosa, sobre todo la salida con mucha gente. Después, en la bicicleta, ya me tranquilizo y puedo coger mi ritmo. Y cuando dejo la bici, me pongo las zapatillas y tengo los pies en el suelo, siento que en la carrera a pie puedo demostrar realmente mi nivel. Ahí no tengo miedo.

¿Se considera una de las favoritas?

Nunca miro la lista de participantes, así que no sé quién va a competir. No lo hago porque para mí lo importante es hacer mi mejor actuación. Me da igual si está la campeona del mundo o si no está. Mi manera de competir es dejarlo todo y hacer la mejor carrera posible. Llego con un nivel muy bueno, pero no sé quién estará en la salida. Lo único que puedo decir es que voy a darlo todo y luego veremos qué pasa.

¿Con qué actuación se iría satisfecha de Vitoria?

No me gusta hablar demasiado de resultados, porque en el deporte dependen de muchas cosas que no puedes controlar, por ejemplo, el nivel de las otras chicas o cómo van a competir ellas. Solo puedo controlar lo mío. Si llego a meta después de haber hecho una buena carrera, de haber sentido que el trabajo de invierno y de todos estos años se ha visto reflejado, estaré satisfecha. Ganar nos gusta a todos, claro, pero con los años he aprendido que también puedes estar contenta con un podio o incluso con una décima posición si has hecho una actuación buena y has luchado.

Lleva ocho años como triatleta profesional. ¿Cómo empezó todo?

Empecé con el XTERRA, el triatlón off–road. Cuando tenía 15 o 16 años, en Cerdeña, fui a ver una competición de triatlón porque ni siquiera sabía bien qué era. Era una prueba de distancia olímpica off–road, con atletas internacionales. Recuerdo que llegaban a meta con sangre, porque se caían de la bicicleta, o cubiertos de polvo. Yo aluciné. Me pareció algo tan épico que pensé que tenía que hacerlo. Antes jugaba a voleibol, que no tenía nada que ver, pero mi padre hacía ciclismo de carretera y yo siempre podía usar la bicicleta. Me iba sola por la montaña cuando era niña, pero no era triatlón. Cuando vi aquella competición, tuve claro que ese tenía que ser mi deporte.

¿Y cuándo empezó a tomárselo como una profesión?

De pequeña no competí demasiado, porque en Cerdeña no había muchas pruebas, quizá una o dos al año. Pero me encantaba entrenar, nadar, montar en bicicleta… Quise hacer del triatlón mi trabajo. Me dijeron que una posibilidad era entrar en el Ejército de Italia y esperar una oportunidad en el grupo deportivo de triatlón. Estuve cuatro años como voluntaria, pero no pude competir como quería. En 2018, después de acabar mi etapa militar y estudiar en la universidad, encontré un entrenador y empecé a entrenar como atleta profesional. Era mi sueño desde pequeña. Desde entonces no he parado.

¿Nunca ha pensado en dejarlo?

Siempre he tenido claro que el triatlón iba a ser mi vida. Todo lo que hice, incluso entrar en el ejército y dejarlo, fue por el triatlón. Pero mi vida como atleta profesional es muy dura. No tengo un equipo que me patrocine ni patrocinadores que me den un sueldo. Entonces, solo puedo vivir gracias a los premios de las competiciones. Por eso agradezco mucho que pruebas como el vi half cuiden a los atletas profesionales con premios, porque es nuestro trabajo. Cuando la temporada va bien y ganas premios, todo parece perfecto. Pero hay años en los que las competiciones no salen, tu trabajo y esfuerzo no se ve recompensado, no ganas dinero y tienes que seguir pagando tus gastos. Ahí es muy duro.

Elisabetta Curridori, durante una prueba en la bicicleta.

¿Y, en esos momentos, qué le ha permitido seguir?

Mi familia y mi pareja me han ayudado mucho. Han creído en mí incluso más que yo en algunos momentos. A veces he perdido la confianza y he pensado que quizá tenía que dejarlo porque no podía vivir así. Pero siempre hay tres o cuatro competiciones de muy alto nivel que has hecho en el pasado y que tienes que recordar. Me decía: “Si eso pasó una vez, volverá a pasar. Solo tengo que ser paciente y seguir trabajando”. Nadie me podía quitar las ganas de entrenar, porque a mí me encanta.

¿Siente que ahora está viviendo su mejor momento?

Sí. En estos dos últimos años, con 34 y dentro de nada 35, me encuentro en mi mejor estado de forma y de fuerza. Estoy muy contenta de no haber terminado mi carrera hace tres años.

¿Hubo un punto de inflexión para volver a competir a este nivel?

Sí. El final de 2024 fue muy duro. Estaba clasificada para el Mundial de Ironman en Niza, invertí muchísimo dinero en mi preparación y en la bicicleta, porque tengo que comprarlo todo, y el día antes de la competición enfermé con una amigdalitis muy fuerte. No podía comer, beber ni dormir. La mañana de la carrera no pude levantarme de la cama. Estaba allí, con todo preparado, y pensé que quizá tenía que parar. Mi pareja me dijo: “Entiendo que estés triste, pero vamos a planear una nueva temporada. Si quieres, que sea la última. Elige las competiciones que te gusten y que te apetezca hacer”. Y eso hice en 2025. Elegí carreras que me ilusionaban.

Y la respuesta fue inmediata.

Desde ese momento gané varias competiciones, hice podios, me clasifiqué para Kona, terminé 16ª en el Mundial de Ironman e hice una remontada a pie muy buena, con el mejor tiempo de una italiana en Kona. Después competí en el Ironman de Arizona y me logré clasificar para el Mundial de este año. Ahí pensé: “Esta es la señal de que no tengo que acabar, de que tengo que seguir”. A veces pasa así. Cuando me quité presión y elegí las carreras que quería hacer, algo cambió.

¿Le gustaría que el vi half se convirtiera en una prueba fija de su calendario?

Sí, me encantaría. Para mí es importante tener competiciones internacionales con premios a las que pueda llegar en coche desde Banyoles. Además, Alain, el organizador, me ha ayudado mucho con el alojamiento y con todo. Me encanta volver al País Vasco y me encanta Vitoria. Creo que el vi half gasteiz puede convertirse en un clásico de mi calendario desde este año hasta que decida terminar realmente mi carrera como triatleta profesional