El Betoño juvenil ha conseguido una permanencia de enorme valor en División de Honor, la mayor categoría de fútbol juvenil en la que compiten algunas de las canteras más potentes del mundo. Arkaitz Ganuza, técnico del equipo, analiza una temporada marcada por el la unión del grupo y el crecimiento de una estructura que en los últimos años ha vivido dos ascensos consecutivos y ahora una salvación histórica. El entrenador, además, subraya el papel de todo su cuerpo técnico y de la dirección deportiva en un logro que considera colectivo.
¿Qué sabor de boca le deja la permanencia recién lograda?
Igual o mejor que un ascenso.
¿Siempre ha creído que la permanencia era posible o ha habido momentos de dudas?
Si nos metemos en esta aventura es porque creemos que podemos hacerlo. Sabíamos que era complicado porque, a priori, éramos el segundo equipo más flojo de la categoría. Simplemente intentamos hacerlo lo mejor posible y salvarlo.
¿Qué cree que ha podido aprender el equipo de competir esta temporada en División de Honor?
Las temporadas son largas, por lo que hay momentos de ganar, momentos de perder y momentos de apretar. El equipo ha tenido claro que era un año duro, de mucho trabajo y de no bajar la cabeza. Si teníamos una opción de mantener la categoría era seguir todos juntos y saber que, cuando llegan los momentos difíciles, es cuando más tenemos que arroparnos.
"El equipo ha tenido claro que era un año duro, de mucho trabajo y de no bajar la cabeza"
Y en su caso personal como entrenador, ¿le ha dejado alguna lección competir en División de Honor?
Sí, claro. Cuando acepté la renovación ya sabía que sería otra historia, que la liga no tenía nada que ver con lo que habíamos vivido hasta ahora. Compites contra los mejores de toda la zona de Euskadi, Navarra y La Rioja, y de competir contra los mejores siempre se aprende.
Veníais de dos ascensos seguidos y ahora una meritoria permanencia. ¿Cómo de bien se están haciendo las cosas en el Betoño para esta evolución tan grande de los últimos años?
En toda la estructura del Betoño se están haciendo las cosas bien. El club es bastante nuevo –fundado en 2012– y la apuesta desde la dirección deportiva siempre ha sido de buscar gente con ganas y proyección; y gente veterana, dispuesta a trabajar y enseñar a los más pequeños. Tenemos entrenadores con una amplia experiencia en el fútbol alavés, entrenando a chavales de 10 u 11 años; eso es una gozada. Así, cuando los chicos llegan a cadetes tienen unas bases bastante buenas dentro de lo que es el fútbol.
Pasar de luchar por dos ascensos a pelear por la permanencia, ¿ha cambiado mucho su manera de entrenar o gestionar el equipo?
La idea es parecida. Al final, la competición es competición. Sí que es verdad que ser capaz de entender la derrota no es igual que cuando ganas. Cuando ganas, llegar el lunes a entrenar y que el vestuario sea una fiesta es más fácil, pero la tensión y la presión son más o menos las mismas. Este año teníamos que transmitir que ya habíamos vivido cosas parecidas. Los jugadores ya sabían lo que era estar prietos, sufrir y luchar hasta el último segundo.
En cuanto a los jugadores, ¿el bloque de esta temporada era nuevo o seguía con los jugadores con los que ascendió?
Teníamos 10 jugadores con los que ya habíamos trabajado. Eso hace que las incorporaciones nuevas sepan a qué vienen y a dónde vienen, porque los que ya estaban antes les dicen cómo se trabaja en este equipo. El Betoño ahora mismo tiene una idea y eso es lo que hace que nos vaya yendo bien.
¿Qué tipo de futbolistas busca formar en el Betoño?
Hay que partir de la base de que llegar a ser futbolista profesional es muy complicado. En División de Honor están los mejores jugadores de España y parte del mundo, porque los clubes profesionales fichan por todos lados. La idea es formar personas dentro de la competición. Cuando terminen sus carreras o sus grados superiores, les va a tocar pelear y tendrán que estar preparados. No será en un campo de fútbol, pero será en una oficina o en una obra. Eso es la vida diaria.
¿Cuánto tiempo lleva en el Betoño?
Desde el 25 de diciembre de 2013. Javier Garamendia y yo nos conocíamos y tenía interés en que yo entrara en el nuevo proyecto. Entré con el cadete el primer año, la temporada 2014–15, que fue un año maravilloso en el que nos quedamos a un minuto de ascender. Luego cogí el juvenil y ascendimos a Liga Vasca. Después llegaron los dos ascensos consecutivos.
Una trayectoria buenísima.
El trabajo es de todos. Yo soy el que está en el banquillo, pero hay mucho trabajo de mucha gente; de mis compañeros y de los cuerpos técnicos que han estado conmigo. El cuerpo técnico de este año ha sido impresionante: Pedro Burgos, mi delegado; Urtzi Iturrioz e Iñaki Castresana, trabajando con los porteros; Iñigo Herrán, que ha estado de analista y se ha pegado una paliza tremenda grabando vídeos; Mauricio Braian Gómez, trabajando en las acciones de balón parado; y Javier Garamendi y Ander Martínez desde la dirección deportiva, dándome tranquilidad y ayudando en los fichajes.
¿Cómo llevan competir ante canteras tan potentes como las del Athletic, el Antiguoko o el Alavés con los recursos que tienen?
Se nota, pero hay que ir a disfrutar sabiendo que vas a competir. Yo siempre digo que no me levanto por la mañana para hacer el ridículo. Vamos para competir y dar todo lo que tenemos. Lo que no vamos a hacer es ir a pasar la mañana o la tarde. Muchas veces salimos de casa los domingos a las nueve de la mañana y volvemos a las cinco de la tarde. Si te pegas esa paliza, es para hacerlo lo mejor que puedas. Pero hay que saber que ellos están un punto por encima de nosotros porque tienen más capacidades de todo. Lo bonito de este deporte es que se pueden llegar a hacer cosas que ni los analistas ni los datos esperan.
"No me levanto por la mañana para hacer el ridículo; siempre vamos a competir y dar todo lo que tenemos"
¿Cuál es el objetivo del club y el suyo de cara a la temporada que viene?
El objetivo es intentar seguir las bases que ya hemos construido para que, cuando vengan mal dadas, podamos tirar de nosotros mismos.
¿Se ve liderando el juvenil por muchos años?
Yo dentro del club estoy contento. Llevamos cuatro años preciosos, de disfrutar un montón: de la derrota, de la victoria, de los jugadores, de los padres... No sé cuál va a ser mi futuro, pero estoy contento y me siento valorado dentro del club. Si un día me dicen que tengo que ir a un infantil, se trabajará con infantiles. En eso no va a haber problema. No nos hemos sentado a charlar, pero creo que, si nos queremos poner de acuerdo, no nos costará mucho.