Imanol López (Zumaia, 1984) tiene seis txapelas del Mundial de Parejas, dos del Individual, la de la Liga de Naciones, dos Jai Alai League... En total, son 78. La vida profesional del guipuzcoano, un tótem en la cesta punta, concluye este lunes en casa, en la final del Master Series de Zumaia, a partir de las 18.00 horas. Juega la final del Master Series con Aritz Erkiaga ante Olharan-Lekerika. Imanol debutó el 7 de julio de 2003 con Eusko Basque en Gernika, en invierno de 2004 se fue a Dania hasta noviembre de 2006. Desde febrero de 2007 hasta julio 2015 fue el mejor zaguero de Miami, intercalando los veranos en Euskadi. Colgó la cesta un año para explorar su faceta profesional, pero en 2017 se unió al Frontón México. Un año más tarde se instaló en Euskadi, donde ha sido una referencia.
El 7 de julio de 2003 llegó una nueva cara a la cesta punta, Imanol López. ¿Se esperaba por aquel entonces tener esta trayectoria?
—Ese día no piensas nada. Lo más bonito en el deporte, de hecho, es cuando no piensas en el futuro. Los comienzos son especiales. Era una cara nueva en el mundo profesional, pero ya había hecho mis pinitos. En ese tiempo te limitas a disfrutar el momento. Han pasado unos añitos desde entonces.
¿Qué consejo le hubiera dado a ese chaval?
—Que disfrute cada segundo de la cesta punta. Una carrera deportiva de 23 años da para mucho y vives un poco de todo: momentos buenos y menos buenos. Si volviera a empezar, disfrutaría más de este deporte. Ahora veo las partes más complejas como algo que forma parte del camino. Tal vez debía haber tenido un poco más de paciencia en el proceso.
Detrás del profesional y del deportista, hay una persona.
—El deporte te va construyendo. Esa personita que comenzó en la cesta fue asumiendo más responsabilidades de forma paulatina. Gracias al deporte, soy quien soy: Imanol. Me encantaría que esto durara hasta mi jubilación, pero el deporte, por desgracia, es así. Estoy muy agradecido por lo vivido.
La evolución
Durante este camino, ha visto evolucionar la cesta punta tanto en Estados Unidos como en Euskadi.
—Fíjese, el 7 de julio de 2003 arranqué con toda la ilusión del mundo y, en aquella época, nos comunicaban los partidos por teléfono. Palomo, socio de Aitor Totorika, nos llamaba y nos contaba cuándo jugábamos. A la tercera semana, en vez de anunciar mi partido, fue para decirme que se cerraba el chiringuito. Fue mi primer revés. Me encontré en una situación nueva y seguí adelante. Tuve la oportunidad de ir a América un año y medio después. Es curioso, porque los frontones no estaban en su mejor momento, pero es cuando más dinero hemos ganado de nuestra carrera deportiva. Sin embargo, yo tenía siempre una idea en mente: que quería participar en el cambio de este deporte. He puesto mi granito de arena. Siempre he colaborado para intentar mejorar la cesta. Por suerte, me voy con los frontones llenos y una proyección para los chavales. Hay un camino para ellos. Si estuvieran cerrando frontones, me iría con gran tristeza.
Los consejos de Imanol López
En 2015 tomó la decisión de apartarse de la cesta punta.
—Fui a México para encontrar un futuro profesional y en ese tiempo estaba un poco saturado del ritmo al que había estado jugando, sin vacaciones durante mucho tiempo. Desde 2017 hasta aquí, estuve al cien por cien pegado a la cesta, aunque de otro modo, con mi carrera laboral en paralelo.
¿Qué se le pasa por la cabeza cuando escucha a los compañeros y rivales decir de usted que se retira uno de los mejores, si no el mejor zaguero del siglo XXI?
—Me voy en paz. Mi intención siempre ha sido buena. Me gusta jugar con los chavales jóvenes y la gente que trae nuevas energías. Siempre he tratado de compartir y aconsejar lo que me ha venido bien. Hay que tener en cuenta que nuestra generación tuvo un entrenamiento muy complejo. Llegabas a Estados Unidos y te ponían en tu sitio desde el primer día. Había pocos pelotaris que te mostraran un liderazgo positivo, porque era una competición diaria de todos contra todos. Ese formato tampoco era saludable para el pelotari.
Prosiga.
—A mí nunca me ha importado dar consejos positivos y que los hayan usado contra mí. Siempre he pensado que eso traería algo de vuelta. Ahora hay un ambiente bastante sano, gracias al nuevo modelo de competición. Soy muy afortunado, porque para obtener buenos resultados he necesitado de muchos compañeros y ese trabajo en equipo ha sido el que me ha hecho crecer.
Un prisma diferente
¿Se le queda algo en el tintero? ¿Una espinita clavada?
—Nunca he podido ganar a Goikoetxea mano a mano. Soy muy competitivo, siempre de forma respetuosa; más con Iñaki, un paisano que me ha abierto camino, ya que es cuatro años mayor y siempre ha ido por delante. Le he hecho sufrir en ciertos momentos, pero...
El martes comienza una nueva vida para usted, alejada del pantalón blanco y el gerriko.
—Llevo unos años en el mundo de la gastronomía y podré mejorar mi foco. Como soy competitivo y me gusta hacer las cosas bien, aprovecharé para intentar superarme en mis negocios: los restaurantes Aitana en Donostia, Idoia en Zumaia y Gaucho en Iruñea.
Vivir de la pelota
¿Qué va a echar más de menos?
—Antes de nada, reitero que soy un afortunado, porque me han pagado por hacer lo que más me gusta en la vida. Eso es algo increíble, porque ir a un partido es terapia para mí: desde el viaje en el coche, hasta los saludos con la gente del frontón, cambiarme de ropa o el ritual antes de saltar a la cancha. Después, viene lo que más me gusta: competir. No soy obsesivo, pero me gusta ganar, una sensación que apenas me dura segundos. En definitiva, me gusta hacer bien las cosas y obtener un resultado por ello. Esa adrenalina será lo que más eche de menos.
¿Seguirá vinculado al frontón?
—Soy realista. Si pudiera vivir toda mi vida de la pelota, seguiría. Tengo que tomar otras alternativas. A día de hoy, no tengo otro plan B en este deporte. Soy una persona que ha dado todo lo que ha podido al deporte que más ha amado y me gustaría seguir unido al deporte, pero tendría que ser algo que me ilusione y se pueda compaginar con mi día a día, que es complicado. Al final, me dedico a las operaciones en restaurantes y eso es algo que está muy vivo. Ahora tendré algo más de tiempo para dedicarme a ello.