Pluscuamperfecto, habiendo querido

Alberto Ochoa / Puntista

12.02.2021 | 00:37
Alberto Ochoa, durante un partido. Foto: Federación Alavesa de Pelota

De haber querido habría sido el doble que el siguiente", opina el maestro, "porque lo tenía todo: poder, buen revés, la mejor derecha y unas posturas única". IsaíasIbarra insiste, "hubiera sido el mejor zaguero del mundo".

Carácter, voluntad, constancia€ Condiciones, tres, que no solían coincidir cuando AlbertoOchoaUrtaran (Vitoria, 26 de diciembre de 1978) saltaba a la cancha con la xistera. "Tuvo un especial carácter en la cancha que le impidió ser el mejor en su momento", insiste Ibarra. Ciertos días, por lo que sea, porque los elegía, "él, era más que ningún otro". Compañeros y amigos próximos, resaltan el potencial, las enormes cualidades físicas y puro talento que le han acompañado desde crío, y coinciden en señalar "su especial carácter y manera de entender la práctica deportiva" que le impidieron colocarse en el número uno del ranking del jai alai. "Quería acortar el tanto, hacerlo todo rápido€ así era más que nadie, mejor que todos", resumen, "si acertaba, si hubiera sido constante" nadie le hubiera tosido.

"Me gustaban los tantos cortos, terminarlos cuanto antes", reconoce, "no he sido un pelotari nada especial, tuve una buena derecha y€", ahí se queda. Sin zarandajas. Suena desapasionado, lo que resulta injusto e incierto; "tenía pasión como el que más. ¿De dónde le venían si no, aquellos golpes de ira a medio contener en mitad de un partido, cuando no le salían las cosas?", puntualiza Mikel Rafael, compañero y amigo hasta hoy, desde que el grupo de tecnificación de la Federación Alavesa de Pelota Vasca reuniera a lo mejor de cada modalidad durante los primeros años de la década de los noventa, lo que supuso un nuevo renacimiento de este deporte de cara al siglo XXI. Albertico, así le llama Mikel, "era impetuoso, perfeccionista, grande, estiloso, exigente€ Cuando no le salían las cosas –capaz de lo mejor, lo más sobresaliente, y de lo peor– se quitaba el casco y lo lanzaba hasta la red del techo. Pura pasión descontrolada". Mikel y Alberto coincidieron años después en un Módulo de Técnico Superior de Actividades Físicas y Deportivas y han mantenido la relación y la amistad hasta hoy.

La pasión se transformó en trabajo y la actividad en "una experiencia de vida que me ha formado como persona". Más que los triunfos y éxitos deportivos, la pelota "me ha permitido conocer, experimentar y vivir una vida diferente lejos de casa". Se marchó a hacer las américas en 2003, por detrás de Javier, su hermano, al rebufo de JuanAntonioCompañón, "el primero". Javier jugó con el nombre de Ochoa, un artista –"era Dalí con una xistera", cuenta la cátedra–, "un fenómeno, un crark, el Curro Romero de los frontones", describe Alberto, que en América era Urtaran. "Mi hermano era un artista y entendía el Jai Alai como un espectáculo". Javi, un par de años mayor, y Alberto, empezaron juntos. El abuelo JavierUrtaran les llevó al frontón "porque le gustaba la pelota". Tenían otras aficiones, estaban dotados para el deporte. Se encontraron con Konpa y AsierLafuente, "dos referentes", y toparon con los hermanos Ibarra; "sin ellos, ninguno de nosotros hubiera llegado a ningún sitio", reconoce admirado. A ellos, a los tres hermanos, "y a mis padres", Nekane y Luis, "les debo todo: son mi ejemplo, orgullo y el motor de mi vida. Son la puta polla, ponlo", dice, en imperativo. Puesto está.

17 años en Florida, tiempo durante el cual, el Jai Alai, herido de muerte, "ha involucionado y tiende a perderse. Ese es el camino que lleva: o revientas o mueres", sentencia apesadumbrado nuestro protagonista. Media vida en Estados Unidos. Residente y gringo desde 2016, ciudadano americano desde finales del año pasado y con los mismos derechos y deberes que cualquier otro natural del país. Se fue a los 23 y regresaré cuando toque. "Aún no he colgado la cesta", dice, "cuando lo haga regresaré a casa, donde están los amigos y la familia". Coincidió con Solozabal, Larrea, el Duke. Peleó contra los más grandes: Cuvet, Iru, Enbil. "Gané cosas€ pero ni me preocupa ni creo que le interese a nadie", confiesa, "me quedo con la experiencia, el juego y haber crecido fuera de casa, a las bravas, buscándome la vida". Hubo de todo, más de un desengaño y buenas cosas. "Lo mejor, la amistad de un pelotari amigo, persona extraordinaria y leal, mi amigo Endika Madarieta, Elgezabal". Vivió tranquilo –"la vida del pelotari es así"– en un pueblecito a 20 millas de Miami, al lado del frontón, cerca de la playa. "He aprovechado para estudiar y prepararme", cuenta. Estudió Empresariales, diseño gráfico, se sacó el título de agente inmobiliario y "hasta abrimos una empresa de ropa deportiva que duró poco".

Poco antes de emigrar a USA, en 2002, se proclamaría campeón de España en el frontón de la Elipa de Madrid. Es la única referencia deportiva que saca a la luz. Enfrente estaba López, el último gran zaguero, algo más joven. La final resultó dura y el partido exigente. Por aquellas fechas se disputó el Mundial y el seleccionador estuvo pendiente del estatal para formar el equipo. Alberto hizo méritos pero se perdió el Mundial. "Se me abrieron los ojos y entendí como funciona esto", recuerda. Entendió la decisión como lo que son "algo subjetivo". Se desencantó, "fue muy duro". Lo mejor y lo peor, todo a la vez.

En verano de 2008 jugó con las estrellas en Euskadi. Se lo trajo Totorika, de la mano de Eusko Basque, para jugar en Gernika. "Jugó más que nadie", recuerda Ibarra. "Qué hermosura", había dicho Totorika al verle. "Una de cal y dos de arena", incide Ibarra, "no era constante, pero les hizo bailar a todos". "Aquel verano", recuerda Alberto, "jugué varios torneos, pero recuerdo especialmente el que se jugó en beneficio de los ancianos de la residencia La Calzada, en un frontón lleno y un gran ambiente".

Urtaran, Alberto Ochoa, es profesional de la cesta punta, hombre del Jai Alai de 43 años en activo, zaguero de potente derecha, algo descreído y artista, capaz de lo mejor y de lo no tan bueno, recto y directo, un trabajador del frontón que pudo volar entre las águilas el tiempo que hubiera querido. Pluscuamperfecto a tiempo parcial, según el cómo y cuándo, "que ya se cómo va esto, cómo va todo".