“Ha sido muy bonito acompañar a ‘Los domingos’ en todo lo que ha pasado. Lo he sentido como una especie de caricia”
Pasado el vendaval de la nominación a los Goya como mejor actor por ‘Los domingos’, la agenda de Miguel Garcés no le deja tiempo para el descanso
Después de casi dos décadas entre las calles de Bernedo, ahora es la capital alavesa la que acoge a Miguel Garcés. Desde tierras alavesas, el actor vallisoletano ha seguido desarrollando una trayectoria interpretativa marcada por el teatro y, en los últimos tiempos, de manera especial por el audiovisual. Los domingos, Querer, 20.000 especies de abejas, Nina, El ser querido, La Caza: Irati... son solo algunos de los títulos que en los años más recientes se han sumado a su extenso currículum teatral, que incluye obras premiadas como Al otro lado, con la que Zanguango consiguió el Max al mejor espectáculo de calle a principios de esta década.
Después de toda la vorágine de ‘Los domingos’ y la nominación al Goya, ¿tranquilo, con 20 proyectos al mismo tiempo...?
–Después de toda la promoción, de toda la temporada de premios, estoy ya con proyectos nuevos. Hace dos semanas estuve rodando en Madrid. Y ahora en mayo tengo una pequeña intervención en otra película. En junio viene otra película que tengo que compaginar con una serie. Así voy a estar hasta agosto. Así que ya tengo la cabeza en otras cosas.
“Vitoria me proporciona una toma tierra y eso para mí es importante; estoy a gusto aquí, soy feliz en esta ciudad”
Mucho trabajo, que está muy bien, pero ni las nominaciones ni esa agenda suponen estar haciéndose de oro, que cualquiera sabe dentro de esta profesión que la precariedad es la norma.
–Sí, sí. Yo la he vivido durante muchos años. Es verdad que ahora tengo una situación más tranquila y relajada, pero fíjate, después de Los domingos, con todo lo que ha significado, es verdad que ha habido unos meses en los que, bueno, estaba de promoción y demás, pero lo que es tener trabajo, no tenía.
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La nominación a mejor actor en los Goya
De todas formas, ¿cómo ha vidido todo lo que ha supuesto la nominación a mejor actor, el hecho de tener tantos ojos puestos en usted por ‘Los domingos’ a pesar de llevar 30 años en esta profesión?
– Bueno, lo he vivido muy bien, porque ha sido muy agradable. Ha sido muy bonito acompañar a Los domingos en todo esto que ha pasado para la película y también para mí. Lo he sentido como una especie de caricia, de cálida caricia. Es lo que es después de muchos años de carrera, de curro, de precariedad. Durante mucho tiempo he ido trabajando sin que eso significase un reconocimiento más allá del propio sector. Pero ahora eso ha cambiado y hay un reconocimiento más amplio. E incluso hay una mirada a lo hecho y una puesta en valor de lo hecho durante muchos años de trabajo.
“La técnica es importante, pero también lo que te pasa en la vida, que es algo que la cámara también coge y capta”
Si empezamos a hacer una lista de las últimas producciones audiovisuales de éxito realizadas en Euskadi en los últimos tiempos, su nombre está en muchos de los elencos.
–He tenido mucha suerte, sí. Por supuesto, está el trabajo, el talento si lo quieres decir así, pero también hay que tener en cuenta el factor suerte. Y yo he tenido mucha suerte de poder estar, en mayor o menor medida, en todos los proyectos que han sido importantes en los últimos años, aquí en Euskadi, y también fuera de Euskadi. Incluso a veces digo que he tenido suerte por haber participado en los que he estado pero también por no haber tomado parte, por X razones, en los que no he estado. Eso también hace una carrera.
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El camino en el teatro
¿Con intención de volver al teatro o...?
–De momento, no tengo mucha pretensión. Igual es porque han sido muchos años, es decir, veintitantos años de mi carrera han estado vinculados casi exclusivamente al teatro, y eso también ha generado cierto cansancio. Además se nota que uno va cumpliendo años. Antes salías de gira cinco días y volvías entero. Ahora... Además, lo que me está proporcionando el audiovisual es proyectos muy variados, el contacto con profesionales muy variados también. Eso es muy agradable y nutritivo a nivel profesional y personal. Me apetece esa variedad de proyectos, de compañeros y compañeras. De momento estoy ahí a gusto. Si hay que volver al teatro, se volverá, pero en principio, mientras pueda elegir, seguiré en el audiovisual.
Lo que tiene la pantalla, sea la grande o la pequeña, es que hace las caras mucho más conocidas que el teatro. ¿Lo nota, por ejemplo, en las calles de Vitoria?
–No demasiado, pero sí, ya me ha empezado a pasar. Pero es agradable. La gente, o por lo menos es mi experiencia, es muy educada. Además, las temáticas que abordan las películas o las series en las que puedo estar, hacen que sean proyectos que tienen un público, por así decirlo, muy tranquilo. Así que el abordaje es muy amable y agradable.
“Soy alguien normal que trabaja desde la verdad y creo que el tipo de cine que se está haciendo requiere de esos personajes”
Con todo, el teatro ocupa gran parte de su trayectoria. Creo que se aficionó a través de su madre.
–Fue la que me introdujo como espectador. Ella era público habitual, le gustaba mucho.
¿Qué le ha aportado el teatro?
–Me ha dado una forma de entender la vida, así como solidez y veteranía. Si hubiese aterrizado en el audiovisual cuando era más joven, quizás no lo hubiese hecho con la suficiente experiencia y madurez. Tener ese poso está haciendo que todo esto que está pasando se asiente bien, no me desborde. Sé relativizar. Cuando eres joven y vas a una sesión en una serie o en una película, piensas que ahí te juegas toda tu carrera. Cuando ya tienes más años, te das cuenta de que esto es un trabajo más a largo plazo, que las cosas no dependen de lo que pase en ese día de rodaje. Con los años, uno aprende a disfrutar y eso lo he adquirido en el teatro, en un escenario.
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Llegar a Álava
Vivió en Madrid y en tierras catalanas, es decir, donde cualquiera que conozca el sector de la interpretación diría que habría que haberse quedado. Pero no, usted terminó aquí.
–Estuve en Madrid nueve años, pero es que entonces la industria era otra, este oficio funcionaba de una manera distinta. De hecho, yo no conectaba mucho con aquella forma de funcionar. Es más, hubo unos años en los que abandoné hasta este trabajo. Era como que no quería saber nada. Pero volví a tener ganas de actuar y regresé. Eso sí, de aquellos años a hoy, la industria ha cambiado mucho. Y uno de los aspectos en los que ya no es igual es ese de tener que estar en Madrid para poder trabajar. Además, no hay que perder de vista todo lo que se está rodando aquí, en Euskadi. Ahora, si tengo que ir e instalarme durante unas semanas o meses en Madrid, voy y ya está. Pero sé que voy a volver. Eso hace que también cuando estoy allí, en Madrid, esté a gusto, porque sé que no es para siempre. Sé que vuelvo. A mí me interesa volver. Estoy a gusto aquí, soy feliz aquí, en esta ciudad y me gusta estar en ella. Creo que este centro neurálgico me proporciona una toma tierra y eso para mí es importante.
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Cuando llegó hace 18 años a Bernedo de la mano de Zanguango Teatro...
–Tenía ganas de una compañía así, con ese formato y esa manera de trabajar. Bernedo me permitía, además, tener esa vida rural, tranquila, alejada del ruido del mundo. Eso era importante para la forma de entender el trabajo de Zanguango, es decir, el poder mirar a los temas sociales, a lo que pasa en los grandes núcleos, pero desde fuera, teniendo perspectiva. Los años en Bernedo fueron maravillosos. Fue poder ver crecer a mis hijos con la libertad que supone un pueblo y con las ventajas que tiene. Con todo, es verdad que en los últimos años, la logística y la edad de los chavales ya nos pedía venir a la ciudad.
Es estando aquí cuando llega todo lo que ha pasado con ‘Los domingos’ y su nominación a mejor actor. ¿Lo nota en su agenda laboral o estas cosas tampoco cambian tanto el panorama?
–Soy muy consciente de que esto cambia poco la situación de nuestro oficio. Sí, noto que la industria me conoce, que ya no tengo que presentarme. Pero esto no significa nada en nuestro oficio. Hoy puedes tener trabajo y dentro de un año se acabó. No sabes muy bien por qué, no depende de tu trabajo, no sabes muy bien cuáles son los factores, no están en tu mano, no los puedes manejar. Esta situación vivida con Los domingos es otra de las cosas que la veteranía me hace coger con pinzas. Sé cómo va esto, no me voy a engañar, esto no significa que voy a tener trabajo siempre.
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Pero a Alauda Ruiz de Azúa, entre ‘Los domingos’ y ‘Querer’, le regalará una caja de bombones cada vez que se encuentra con ella, ¿no?
–(Risas) Ya sabe que puede contar conmigo para lo que quiera.
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¿Qué cree que le aporta a ella o a Estibaliz Urresola o a...?
–Creo que dos cosas. Una, que soy un tipo normal, es decir, que no destaco por ningún rasgo o matiz especial. Doy el perfil de alguien normal que puede ser cercano a cualquier espectador. La otra, a nivel más técnico, es que puedo conseguir una veracidad en los personajes sin estridencias, sin cosas demasiado extrañas. Soy alguien normal que trabaja desde la verdad y creo que el tipo de cine que se está haciendo requiere de esos personajes para sus historias.
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En ese sentido, usted ha trabajado en los últimos años en varias producciones protagonizadas por personajes femeninos fuertes, obras en las que los personajes masculinos ocupan un segundo plano, aunque sea importante. ¿Se está viviendo un cambio de paradigma o esto es algo circunstancial?
–Hay un tipo de historias que antes no se contaban y que ahora las realizadoras que están saliendo a la palestra están contando. No sé lo que va a durar esto, no sé si se va a instalar. Creo que ellas también están buscando hacer otro tipo de cine, lo que pasa es que el que ahora pueden hacer, y ellas lo dicen mucho, es este. Pero creo que están buscando otro tipo de cine para hacer, para ir un poquito más allá de lo que sería el cine social con conciencia, con valores feministas. Creo que ellas también están buscando salir de ahí, no abandonarlo, cuidado, pero sí hacer otras cosas. A mí me encanta ser el tipo de hombre de segunda fila o, no voy a decir enemigo, pero sí antagonista que necesitan sus historias. Estoy encantado y muy cómodo en ese rol.
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¿Qué no ha hecho hasta ahora que le gustaría?
–Pues mira, algo de acción. Tampoco te digo de ponerme a hacer Kung Fu, pero sí algo de acción. Y me encantaría hacer un western, aunque no fuese el típico western de sombrero y pistola, pero que tuviese esa estética, ese tono, aunque fuese contemporáneo. Creo que es un género que hemos demonizado durante mucho tiempo, pero que tiene muchas cosas que aportar.
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Por cierto, ¿puede ver sus trabajos audiovisuales como espectador o no consigue adoptar ese papel?
–Otra de las cosas que he aprendido con los años es a verme como espectador y analizar el trabajo que hago. Me gusta verme para analizar el trabajo y ver dónde podía haberlo hecho de otra manera, dónde podía haber mejorado...
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A una persona joven que está empezando en esto, si le pidiese un consejo le diría... ¿sal en dirección contraria?
–(Risas) No, eso no. Ese era un pensamiento que se decía antes porque quizás la inestabilidad laboral solo nos tocaba a nosotros, pero como creo que ahora la inestabilidad laboral toca a todos los oficios y a todos los sectores, no hay una carta de menos en nuestro juego. Son las mismas que las de los demás. Yo le diría que trabajase, que currase, que se formase, que tuviese paciencia y que desarrollase callo, porque esto va para largo y a veces es duro. Con los años se va sedimentando en ti tu oficio. La técnica es importante, pero también lo que te pasa en la vida, que es algo que la cámara también coge y capta. Le diría que no desespere, que ocurre, que luche y que busque la manera.
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¿Le ha quedado la espinita de no ganar el Goya?
–Desde el principio sabía que iba a estar muy complicado. Jose Ramon Soroiz venía como una locomotora con un personaje que soporta sobre sus espaldas toda una película como Maspalomas. Yo tenía claro que debía aprovechar todo lo que me estaba dando la nominación y que se iba a quedar ahí. ¿Me queda la espinita? Bueno, es una motivación. Vamos a seguir currando para volver a estar ahí en la palestra, a ver qué pasa. La pelea no ha acabado.
