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Vidas reclamadas por el mar

Manuel Llaca recupera su propia historia familiar en el libro ‘Entre Llanes y Ribadesella: Memorias de un naufragio’

Vidas reclamadas por el marPilar Barco

Desde hace años, la vida de Manuel Llaca transcurre entre las calles de la capital alavesa, sin perder de vista, eso sí, su Asturias natal. La informática y su historia han centrado hasta ahora buena parte de los libros que a lo largo del tiempo ha ido publicando, aunque esta vez, el autor cambia por completo el paso y fija la mirada en la propia historia de su familia. Así se puede comprobar ya en Entre Llanes y Ribadesella: Memorias de un naufragio.

La idea de llevar la historia de su abuelo, su padre y su tío a las páginas de una publicación estaba en su cabeza desde que lanzó su primera obra, Sueños de sílice, en 2009. “Pero nunca llegué a empezar de verdad”, apunta Llaca ahora que su décimo libro acaba de hacerse realidad. Pero a principios de esta década, a través de las redes sociales, le llegó una crónica del naufragio al que hace referencia al título, un artículo de un medio de comunicación que dejaba bastante que desear.

En 1972

Fue entonces cuando se puso manos a la obra para recabar toda la información –por supuesto, también de su padre, el único de los tres que pudo sobrevivir– y hacer realidad este libro. Una obra que ni empieza ni termina ese 24 de enero de 1972 en el que el mar decidió cobrarse dos vidas.

Portada de ‘Entre Llanes y Ribadesella: Memorias de un naufragio’

Al contrario, se hace un retrato de una familia que, en realidad, podría ser cualquiera: personas humildes, del campo y el mar, intentando crear un futuro lo mejor posible para sus descendientes. En este caso, eso sí, el marco es Asturias, donde José Manuel Llaca Gutiérrez llevaba con dos de sus hijos un pequeño barco pesquero llamado Los Llacas.

El autor plasma entre estas páginas la historia de su propia familia, del antes, el durante y el después de la tragedia vivida

Se cuenta el antes y se relata el después, pero, como es lógico, lo que ocurrió aquel día de 1972 marca el punto de inflexión, un naufragio en el que tanto José Manuel Llaca Gutiérrez –que en esos momentos tenía unos 50 años– como Fernando Ramón –de 16– perdieron la vida. “El naufragio fue justo a la entrada del puerto. Llevaban varios días de temporal, pero en aquella jornada se decidieron a salir”.

Los protagonistas

El cuerpo del abuelo de Manuel Llaca se pudo rescatar el mismo día, no sin riesgo. Pero el de su tío tardó varios días en poder ser recuperado. Solo se salvó su padre, un José Manuel Llaca que por entonces tenía 24 años. Un hombre, por cierto, que esquivó a la muerte en otra ocasión. En otra ocasión, tenía que haber estado en un tren que, a su salida de Madrid, descarriló provocando el fallecimiento de 28 personas. Pero llegó tarde y perdió el transporte.

“Si yo fuera director de cine, no dudaría en hacer una película con esta obra”, apunta el autor, que publica ahora su décimo libro

Son algunas de las cuestiones que también se van relatando en un libro que, a pesar de su juventud, centra su mirada asimismo en la figura de este tío al que el escritor nunca llegó a conocer. Fernando Ramón Llaca destaca de manera importante en el mundo del fútbol a pesar de su corta edad. “En el momento del accidente, estaba fichado para jugar en el Real Oviedo en Primera División. Un chico que tenía 16 años...”.

Estas y otras cuestiones dan forma y fondo a una historia que “si yo fuera director de cine no dudaría en rodar”, dice con una sonrisa Manuel Llaca. La invitación está hecha.