“Tienes que sentir que haces teatro porque no te queda otra; si no, no vas a aguantar”
Con ‘El tiempo entre costuras, el musical’, la actriz vitoriana Patricia Carlos de Vergara regresa hasta el domingo a su ciudad natal
En Ortzai, Crescendo, en los conservatorios José Uruñuela y Jesús Guridi, en la escuela de danza Sofía Abaitua... la actriz gasteiztarra Patricia Carlos de Vergara empezó a cimentar un camino escénico que tuvo un paso esencial por Londres, en The Royal Central School of Speech and Drama. Hoy, mientras próximos proyectos esperan en la agenda al otro lado del Atlántico, la intérprete está de nuevo en casa, formando parte de El tiempo entre costuras, el musical, que estos días se está pudiendo ver en el Principal.
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Seis funciones en cuatro días. No es por nada pero es todo un maratón físico y mental.
–Es casi más un esfuerzo mental. Además, es una función de dos horas y media. Te tienes que mentalizar y hacia delante. De todas formas, hemos tenido veces de tres funciones seguidas en un mismo día porque hemos hecho matinales también. Es exigente, la verdad.
El musical parte de una historia ya muy conocida. Pero, ¿en qué difiere de ella?
–Para empezar los lenguajes son distintos y es lo que hace que todo vibre mucho. Las canciones del musical te transportan a cada lugar. Es un viaje. En dos horas y media tenemos que resumir la historia de Sira, que transcurre en varios años. Con cada canción, el compositor, que es Iván Macías, ha tenido que hacer una síntesis de lugar y tiempo. Así que de repente estás en Madrid antes de la Guerra Civil y luego pasas a Tánger. Eso en la música está presente. También los leitmotiv que te llevan a lo que va a pasar, como el momento espionaje. El lenguaje musical es lo que nos ayuda a hacer esta síntesis. Es mucha historia en poco tiempo.
"Iker Ortiz de Zárate es un maestro y tenerlo en Vitoria es una suerte que ni nos imaginamos"
El público, toda vez que acabe la representación, se tiene que ir del teatro...
–Me gustaría que la gente saliese agradecida de tener lo que tenemos. Es una historia muy nuestra. No hace tanto tiempo de la dictadura. Hay una frase que se dice en el musical, que me gusta de manera especial: entre un adiós y otro adiós, el tiempo pasa sin piedad y en medio está lo que nos debe importar, lo que nos hace amar. Sales con la idea de que el tiempo pasa pero que lo importante son los aprendizajes que vas acumulando. No es un musical de brillibrilli, es más una obra de teatro con canciones. Es reflexiva, emotiva, emocional. Es especial.
Llega a la obra tras volver de Londres, ¿verdad?
–Había estado allí trabajando de cantante en unos hoteles y me volví. Decidí probar suerte en Madrid y todo fue muy rápido. Hice las pruebas para el musical sin grandes expectativas, pero me cogieron. Fue un regalazo, también por el personaje que interpreto, Jamila. Es crucial en la trama. Siempre está presente aunque no tenga mucho texto y eso es un reto interpretativo. El 14 de julio terminamos la gira en Málaga, que es donde también empezamos. Es cerrar el círculo.
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Aquellas primeras enseñanzas recibidas en Vitoria, ¿siguen ahí?
–Por supuesto. Crescendo fue parte de mi vida desde los cinco años. Aprendí la disciplina y el valor del trabajo en equipo. Y en Ortzai... es que si no fuera por Iker Ortiz de Zárate no estaría en este musical porque no habría entrado en Londres. Él me enseñó el respeto y el amor absoluto por el teatro y por la conexión que se crea con el público. A Iker lo quiero con locura. Siempre le agradezco todo lo que ha hecho por mí. Es un maestro y tenerlo en Vitoria es una suerte que ni nos imaginamos.
Toda función es siempre importante, pero volver a casa ahora, actuar en el Principal antes de su cierre...
–Para mí estas funciones tienen algo muy especial. Mi amama tiene 94 años. A ella siempre le ha apasionado el teatro. Su padre, mi bisabuelo, tuvo una compañía de teatro en Madrid. Él abandonó a mi amama y a su hermano cuando eran pequeños. Ella tenía cuatro años cuando eso pasó. A los 14, la compañía de teatro de mi bisabuelo vino a actuar a Vitoria, al Teatro Principal. Mi bisabuela le dijo a mi abuela que si quería, podía ir a verlo. Allí que se fue, a conocer a su padre. Recuperaron la relación padre-hija a partir de eso. Así que a los 14 años hizo su primera visita al Principal para conocer a su padre y con 94 va a venir a la primera sesión del sábado a ver a su nieta en el mismo sitio. Para mí es muy, muy especial. Es un regalo.
"No es un musical de brillibrilli, es más una obra de teatro con canciones. Es reflexiva, emotiva, emocional. Es especial"
Tras acabar con esta gira, ¿cuáles son los próximos planes?
–Estoy muy emocionada porque me embarco en una aventura un poco diferente. Me voy de cantante a un crucero por el Caribe. Es con una naviera americana muy importante. Sabía que quería probar algo diferente, así que me presenté y me voy desde agosto hasta abril, primero a Miami y luego al Caribe.
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A chicas y chicos que hoy pueden estar pensando que la cultura, a pesar de lo precaria que es su situación laboral, sea su profesión, ¿qué les aconsejaría?
–La triste realidad de todas las personas jóvenes de hoy es que todo trabajo es precario. Así que diría que tienes que estar absolutamente seguro de que sin esto, no vas a vivir. Es muy vocacional y si no lo sientes así, no vas a aguantar. Los actores pasamos más tiempo sin empleo que con él. Así es la realidad. Por lo tanto, tienes que sentir que haces esto porque no te queda otra. Pero, al mismo tiempo, es clave estar formándote de manera paralela en otras áreas que te puedan llenar y beneficiar, sobre todo de cara a esas épocas en las que no estás trabajando en esto. Certeza, pasión y flexibilidad. Lo resumiría así.
