En Euskadi, el número de solicitudes de eutanasia ha crecido de manera notable en 2025, consolidando a la comunidad como una de las más ágiles en la aplicación de este derecho. Para analizar estos datos, sus implicaciones éticas y el impacto real en la ciudadanía, Cristina Valverde Ibáñez –coordinadora de la Asociación Derecho a Morir Dignamente–, habla a DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA para aportar su visión sobre los procedimientos, los plazos, las voluntades anticipadas y casos concretos que han generado debate, como el de Noelia Castillo Ramos, que ha dividido la opinión pública.
¿Qué valoración hace de que se hayan realizado 80 procedimientos de eutanasia de un total de 120 solicitudes en 2025?
–Que 80 personas hayan podido morir conforme a sus deseos y con apoyo del sistema sanitario me parece positivo, y no hay que minusvalorarlo. Ahora bien, de las 120 solicitudes presentadas, conviene diferenciar entre las que se han iniciado y las que realmente han llegado a la comisión, ya que son dos criterios distintos. Entre las solicitudes que llegaron a la comisión, sería interesante conocer qué ha pasado con las 40 restantes: ¿se han rechazado, desestimado o han fallecido antes de completarse el procedimiento? El crecimiento en el número de solicitudes es un indicador relevante, pero también sería útil analizar cómo y dónde las personas obtienen la información sobre este derecho: si a través de asociaciones, centros de salud, prensa, internet… Además, convendría estudiar si las solicitudes surgen a raíz de un diagnóstico grave e incurable, dentro de residencias, centros de día, o en el ámbito de atención primaria, especialistas o cuidados paliativos. De todas maneras, que aumente el número de personas que cumplen los requisitos y acceden a la eutanasia es positivo, pero debemos analizar en detalle esas 40 solicitudes en el limbo, entender por qué no se completaron y cuáles fueron las motivaciones de quienes las presentaron. Lucía Carballo ha planteado esta situación como muy preocupante desde nuestro punto de vista, aportando su testimonio de denuncia y propuesta de mejora de los procesos. Habrá que ser cautos hasta conocer un informe más detallado, pero es importante no limitarse a decir que no entran en los presupuestos de la ley, sino investigar por qué no cumplen los criterios establecidos.
¿Considera adecuados los plazos medios de 49 días para completar el procedimiento de eutanasia en Euskadi?
–Está por debajo, pero por encima de lo que marca la ley. Los rangos son interesantes. En el informe de eutanasia 2024 los rangos pueden ir desde 16 días —imagino eutanasia por voluntades anticipadas— a ciento y pico días. Si te toca en la media de 49, ni tan mal. Si te toca en la de 16, menos sufrimiento. Pero si te toca en la media de 100, es demasiado. Las estadísticas son frías, pero el sufrimiento de las personas que quieren morirse porque su vida no es vida, sino que están sobreviviendo, es importante tener estos datos. Podemos analizar los datos fríamente, pero sociológicamente y humanitariamente el cuadro que nos sale no es así, hay que considerar las dos facetas. La comisión sabe perfectamente de lo que estamos hablando cuando hablamos de derecho a morir dignamente. Los informes no recogen todo esto, pero iremos avanzando. En la página 17 de ese informe pone el tiempo medio del procedimiento desde la firma de la solicitud hasta el fallecimiento, pero es un dato incorrecto. Habría que ver desde que se solicita hasta informe favorable, porque la persona a la que le dan la prestación puede decidir ella la fecha. La información sería más correcta desde que se entrega la solicitud hasta informe favorable y se comunica a la persona. Son 49 días. El paciente, el rango va de 16 a 182. El problema está desde que presentas la solicitud hasta que llega a la comisión. Se puede ser garantista recortando los plazos.
¿Qué valoración haces del caso de Noelia Castillo Ramos y del debate que ha generado?
–Ha podido terminar con una vida con la cual no estaba de acuerdo. Habrá gente que diga que con 40 años estaría viva. Noelia asumió el riesgo de que había vivido poco, pero muy intenso. El asunto es que ha salido de la esfera médica y se ha judicializado por terceras personas que desde nuestro punto de vista no están legitimadas. La única persona que tiene legitimidad para solicitarla, aplazarla o hacerla efectiva es la persona que la ha solicitado. No tendría que intervenir ni padre, ni madre, ni pareja, ni hermanos. No viene a cuento. Además, con el tema de Noelia, la LORE dice que se pueden recurrir a través del contencioso administrativo los informes desfavorables que se emitan en un caso determinado, pero no dice nada ante informes favorables. Pero como por encima de la LORE hay otras leyes más generales, en el caso de Noelia su padre, avalado por abogados cristianos, que es una asociación que desde el inicio ha estado en contra de la ley de la eutanasia… Lo de Noelia es un sinsentido ético, moral y democrático. Ha habido mucha utilización del tema. Y también habría que analizar el tema de Noelia desde una perspectiva de género: mujer, joven, falta de apoyos familiares y del Estado. ¿Esto se hubiera originado con una persona no tan joven y hombre?Me imagino que el movimiento feminista analizará este caso. El precio que ha tenido que pagar Noelia, 601 días esperando a que el informe favorable se cumpliera, es terrible.