El escenario imprescindible

Hace justo un año, las artes escénicas pudieron volver a encontrarse con el público gracias al uso de calles y plazas

13.06.2021 | 01:05
Parte del público asistente a la primera cita con la magia que se tuvo lugar en Vitoria, en concreto en el exterior del centro cívico Hegoalde. Foto: Jorge Muñoz

Vitoria – Mientras estos días se desarrolla KaldeArte queda patente que todavía hay mucho que recorrer para volver a la situación anterior a marzo de 2020. Pero, por lo menos, que la muestra de artes de calle de la capital alavesa se esté pudiendo celebrar ya parece casi un milagro en sí mismo teniendo en cuenta cuál era la situación hace justo doce meses. En realidad, no había nada. Solo la posibilidad de hacer ensayos. Pero cómo iba a ser el encuentro con el público era toda una incógnita que se fue despejando poco a poco, y que tuvo en los espacios abiertos, con el cielo como techo, su gran respuesta.

En el caso de Álava, hubo que esperar al 19 de junio. Ese viernes se produjo la primera representación escénica tras el confinamiento. La plaza San Juan de Agurain fue el escenario. A un lado, Zanguango Teatro compartiendo una versión estática y adaptada a la situación de su premiada obra Al otro lado. Frente a Txubio Fernández de Jáuregui y Miguel Garcés, decenas de espectadores que tuvieron que seguir un estricto y novedoso protocolo que, en realidad, se ha terminado convirtiendo en eso que llaman la nueva normalidad. Es decir, se acotó un espacio a pesar de estar en la vía pública, se prohibió que hubiera gente fuera de ese cordón, se sentó a todos y cada uno de los presentes previa retirada de la pertinente invitación, se obligó a llevar mascarilla y respetar las distancias, se estableció una forma de entrar y de salir así como la manera de desinfectar cada elemento utilizado en el dispositivo, se puso gel en los accesos y se contó con la colaboración de diferentes personas para aclarar todas las dudas y que todo transcurriese como debía bajo la orden de suspender todo de inmediato si algo se salía de lo marcado. Por fortuna, el balance de aquella actuación a las 19.00 horas fue muy positivo.

Aunque Ortzai reactivó esos días su sede en Gasteiz para proponer diferentes montajes de interior –el Principal no hizo lo mismo hasta bien entrado julio mientras que el resto de espacios habituales del territorio tardaron bastante más en regresar-, tras ese primer paso en Agurain la calle se convirtió en el punto de referencia fundamental para el teatro, la música, la magia, el audiovisual y casi cualquier otra expresión artística. Y en todas las citas se repitió la misma dinámica con el objetivo de convertir en realidad la idea de que la cultura es segura a pesar de la pandemia. Los datos de Álava a lo largo de este año, de hecho, no pueden ser más significativos en este aspecto.

Bajo la idea de programar todo lo que se pudiera contando con los creadores locales para reactivar el sector también en el plano económico y con las instituciones como motor fundamental de esta línea de trabajo, el verano pasado no conoció casi descanso, pudiendo incluso llevar a cabo citas básicas como el Festival de Teatro de Humor de Araia. Hasta el tiempo, que en Álava siempre tiene sus caprichos estivales, quiso ayudar y fueron muy pocas las citas que se tuvieron que suspender por lluvia. Aún así, es indudable que las normativas sanitarias vigentes han cambiado de manera sustancial la forma de vivir y entender la cultura en la calle, también la manera de concebir nuevos espectáculos, donde la itinerancia es casi imposible y el contacto con el público casi una utopía.

El nacimiento del programa Arabako plazetan, la puesta en marcha del ciclo de actuaciones de verano de Vitoria, la celebración de la parte paralela por la provincia del mencionado certamen de Araia o las proyecciones y conciertos de Korterraza fueron algunas de las iniciativas que convirtieron plazas y calles en escenarios, en algunos casos por primera vez. Eso sí, también hubo municipios que prefirieron no organizar eventos e incluso que con propuestas ya en marcha suspendieron o aplazaron citas puntuales ante algunos repuntes, sobre todo a partir de la mitad de agosto. Sin duda fueron meses de muchas pruebas, incertidumbres, decisiones de última hora y mucha buena voluntad y paciencia por todas las partes.

Desde entonces, también con respecto a los espacios de interior, la experiencia acumulada ha hecho que hoy todo se viva de una manera un poco más tranquila. Aún así, la pandemia sigue presente y las suspensiones también, como ha pasado con el Azkena Rock Festival y no solo. El verano se plantea, además, con un esquema muy parecido al de 2020, sobre todo con respecto a las normativas a seguir en cada representación o concierto. Se está mejor y de ahí que se lleve a cabo KaldeArte, por ejemplo. Pero queda mucho por recorrer todavía. Ojalá dentro de poco también la calle vuelva a ser el escenario que era antes.

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