Sangre en el amarillo de la camiseta. Xabier Barandika se duele del codo izquierdo, en el que acaba de recibir un pelotazo de Alex Goitiandia, un misil de revés, que impactó en el hueso y le abrió una brecha. El golpe fue en el 12 iguales del segundo set, con las pulsaciones a toda velocidad, cuando el gernikarra y Thibault Basque se jugaban el pase a la final del Eusko Label Winter Series de cesta punta profesional –puntuable dentro de la Jai Alai League– a falta de dos jornadas del cierre de la liguilla de las semifinales y el delantero markinarra y Unai Lekerika, en cambio, pugnaban por una bola extra para continuar teniendo cierta ventaja en lo que les queda por delante, el cruce ante Johan y Gorka Sorozabal del lunes. Con la tensión por las nubes, la escapada, que con la velocidad parecía haber dado en la espalda del doble campeón de la Jai Alai League, cercenó parte de las opciones del vizcaino, pero no todas.
Escarlata sobre dorado sobre el torso de Barandika, cicatriz de dolor en su camiseta. El puntista es atendido con el 13-12 en el luminoso y decide volver a la cancha. El primer pelotazo, un revés, es una puñalada. Se queja. Y se mantiene. Un palo del vizcaino pone el 13 iguales. Sube el volumen. Basque asume la responsabilidad ante las visibles muestras de dolor de su compañero. Goitia y Lekerika no bajan, pero es el de Bidarte quien asume el mando para saborear las mieles de un derechazo atrás determinante. Pone el 14-13. Pero la emoción no puede quedar ahí. Un txiktxak de Leke cambia el marcador.
Acabar en el hospital
Y es entonces cuando nace la épica. Cuando los gigantes se crecen y los bardos cantan historias. Barandika vuelve al vestuario, cariacontencido. Hay algo más en el codo, pero se agarra, se sujeta. Respira hondo. Hiel en el paladar. Lengua pastosa. Dudas y dolor. Solo un mantra: seguir, seguir y seguir. Basque le apoya, le mece, le ayuda.
Un pensamiento: un tanto, un solo tanto y ya. Un tanto más para lograr el billete a la final más importante del curso puntista. Aguantar. Agarrarse al partido con más corazón que opciones.
Y en el 14 iguales, cuando todo apunta a un dos contra uno, a que Basque tiene que sacar de sí mismo todo lo que lleva dentro y, de hecho, lo hace, Barandika recoge con la derecha la pelota y la pone a botar donde nadie puede recogerla. Los pelotazales que abarrotan el Jai Alai de Gernika se ponen en pie para ovacionar al héroe redivivo, dolorido, lesionado y con la camiseta embadurnada de sangre, como una suerte de Odiseo perdido que regresa para recuperar su trono.
Epopeya final
Barandika, gigante, puso epopeya a un final de partido que traslada una felicidad inmensa a los ganadores, aunque en los próximos días se conocerá el alcance exacto de las consecuencias del pelotazo de Goitia en su codo izquierdo. Después del partido, para empezar, acabó en el hospital.
A sus rivales, en cambio, les queda tarea y si quieren pasar a la siguiente fase, tienen que ganar su encuentro ante los complicados hermanos de Sorozabal.
Xabier, por su parte, dispone de tres semanas para recuperarse de la mala suerte un partido que comenzó encarrilado con un 15-6 en el que Basque puso la música y el vizcaino prácticamente bordó el guion y que después tuvieron que sufrir, merced a las caras y cruces del siempre atrevido Goitia y la mejoría de Lekerika, dueño de la segunda manga.