Raúl Camino El Mono Habitado

"Hay emociones que tienen agujetas, dolor, pero también hambre. Hay que darle de comer al público y a la sociedad"

El Festival de Teatro de Humor de Araia llega hoy a su final con la representación en el Arrazpi Berri de '¡Ave, osos!, de la compañía alavesa El Mono Habitado.

15.08.2020 | 23:17
El Festival de Teatro de Humor de Araia llega hoy a su final con la representación en el Arrazpi Berri de '¡Ave, osos!, de la compañía alavesa El Mono Habitado.

Vitoria – José Mari y Txema son una pareja que un buen día reciben en casa la visita de una paloma. Bueno, en realidad es el Espíritu Santo. Dios ha tomado la decisión de traer a la tierra un nuevo Mesías y ha decidido que nazca en su familia. A partir de ahí, todo puede pasar. Es la propuesta, a grandes rasgos, que se encuentra detrás de ¡Ave, osos!, la última producción de la compañía vitoriana El Mono Habitado. Un montaje estrenado el pasado mes de marzo, justo antes de que el covid-19 lo paralizase todo, aunque ha llegado el momento de reactivar su camino, una senda que esta noche pasa por Araia reuniendo al reparto formado por Raúl Camino (autor, además, del texto), Begoña Martín Treviño, Aitor Pérez y Javier Liñera, todos ellos bajo la dirección de Rolando San Martín. La cita en el Arrazpi Berri es a partir de las 22.30 horas.

El estreno tuvo lugar el 6 de marzo en el Principal y luego vino todo lo demás. ¿No le parece que aquello sucedió como hace tres o cuatro siglos?

–O dos o tres vidas (risas). Está en la memoria, pero lejos, muy lejos. Pero bueno, no sé si somos los que más sufrimos. El verdadero sufrimiento hubiera sido no poder ni siquiera estrenar y mira que estábamos como en la Nasa, en plena cuenta atrás. No sabíamos si llegábamos, si iban a cerrar el teatro, si... y fue una suerte grande el hecho de poder estrenar. Si no, hubiera sido muy frustrante.

¿Qué recuerdos tiene de aquella representación, qué sensaciones se le quedaron?

–Voy a ser muy sincero: me pareció hasta exagerada la respuesta del público. Fue brutal. Es cierto que jugábamos en casa y éramos plenamente conscientes de ello. Sabíamos que una parte del público era cómplice total. Así que el estreno fue muy satisfactorio para nosotros. Supongo que también todos los que estábamos allí, los de un lado del escenario y los del otro, sabíamos que estábamos en el teatro casi de milagro ya. Éramos conscientes de que más tarde o más temprano no íbamos a poder seguir disfrutando de eso. Y creo que tanto actores como técnicos y público aprovechamos el momento para vivir al máximo esa experiencia y la disfrutamos mucho. Así que las sensaciones que se nos quedaron fueron muy, muy buenas.

Ahora se retoma el camino de una obra que parte de una situación cuando menos curiosa como es una nueva anunciación, esta vez a una familia homosexual.

–Bueno, la verdad es que el punto de partida es absolutamente loco, lo que pasa es que después de lo que hemos vivido estos meses, yo ya empiezo a creer que es posible. Los primeros días del confinamiento, te lo aseguro, a veces me despertaba, me acordaba de dónde estaba y decía: si esto es verdad, no es una película, estamos viviendo esto. Era increíble para mí pensar que íbamos a vivir encerrados, recluidos o llámalo X. Entonces, ya empiezo a pensar que casi todo es posible. No hay una nueva realidad, hay infinitas. Así que es posible que en alguna de ellas pase lo que sucede en ¡Ave, osos!. Incluso te diría que ojalá porque la obra tiene un mensaje hacia la pluralidad y la convivencia, y ahora más que nunca tenemos que ir por ahí.

Para quienes acudan hoy por primera vez a ver el espectáculo, se van a encontrar con...

–Lo primero que les diría es que no se lo piensen, que vayan a verla. El punto de partida, como decías, son Txema y José María –que no se podían llamar de otra manera (risas)- y esa visita de la paloma. Eso se puede contar. Además, es algo como muy sugerente. Es algo que a la hora de presentar la obra en circuitos y para programadores nos hemos encontrado con que resulta muy atractivo. Pero no demos muchos más detalles. Hay que ir a verla porque es una oportunidad de sorprenderse bastante y pasarlo muy bien.

Antes del parón también tuvieron la posibilidad de ir de feria en Donostia.

–Sí. Aquella fue una experiencia brutal. Si no recuerdo mal, actuábamos a las diez de la mañana, que a mí no me parecía la mejor hora para la comedia, pero bueno, era la que nos tocaba. La noche anterior ya se estaban cerrando teatros y tanto los programadores como las compañías y los distribuidores que estaban allí ya estaban recibiendo muchos mensajes sobre suspensión de festivales, cancelaciones de giras... Así que actuamos en unas circunstancias muy duras. Hasta que se apagó la luz, en el patio todo eran móviles encendidos recibiendo malas noticias. A nosotros nos estaba pasando lo mismo. En ese contexto, igual al espectáculo le costó arrancar un poco más que en el Principal, pero sentimos cómo a lo largo de la obra el ánimo de los presentes fue subiendo. Fue, por eso, una buena experiencia. Actuamos con muchas ganas pero sabiendo que había una nube negra encima de todos.

Antes del estreno, decía que '¡Ave, osos!' era la primera gran producción de El Mono Habitado y, de hecho, tenían una larga gira ya confirmada. ¿Tiene confianza en que, a pesar de todo, el montaje pueda seguir teniendo recorrido?

–Tengo mucha confianza en el espectáculo, en el equipo y en el resultado. Otra cosa serán las circunstancias, los presupuestos, las normativas, la situación sanitaria. Pero ya te digo que en el montaje tengo mucha confianza. Por suerte, además, porque si tuviera menos estaría asustado. Por eso ahora no estoy tan temeroso porque ya no depende tanto de nosotros como de las circunstancias que vayan viniendo. Estamos muy contentos con estos osos y espero que puedan rugir mucho.

Desde hace unas semanas, con otros espectáculos, El Mono Habitado ya está trabajando en diferentes escenarios. ¿Cómo están viviendo este regreso en condiciones tan particulares?

–Mira, mi primera actuación tras todo esto fue con Pez Limbo y mi sensación era de inseguridad propia, de decir: me he olvidado de actuar. Nunca había estado tanto tiempo sin hacerlo. Pero esa primera actuación fue muy placentera. La segunda fue ya con El Mono Habitado y Gizaunka. En esa obra estoy solo. Fue dura para mí porque hacía mucho sol, la gente estaba con las mascarillas, las gafas de sol y turbantes, y sentí mucha soledad aunque estoy seguro de que el público estaba conmigo. Lo que me ha enseñado la experiencia de estas actuaciones es que el público que va hoy al teatro, va al teatro. No va porque tiene el abono, porque alguien le ha dicho, porque no tiene mejor plan..., no. Va porque quiere. Hace tres viernes estuvimos en el Principal con Benditas. Y les dije a Begoña Martín Treviño y Carmen San Esteban antes de empezar: el teatro es muy grande, igual no tenéis la misma sensación de calidez de otras ocasiones pero sabed que todos los que están aquí, quieren esto. Al final resultó buenísima la actuación. Fue, también, una manera de cerrar el círculo, de aquella vez en el Principal en marzo y ahora volver.

Pero sí que, en general, se está viendo que el público responde a los montajes en espacios abiertos, aunque estén acotados, pero no tanto a los espectáculos en teatros.

–Bueno, también estamos en verano, hace mucho calor. Si esta vuelta hubiera sido en octubre o noviembre, sin posibilidad de hacer nada en la calle, esa respuesta estaría en los teatros. Creo que hay mucha gente que, de una manera consciente, quiere acercarse a la cultura, a cualquier oferta que pueda mover sus emociones. Ahora mismo, hay algunas emociones que tienen agujetas, dolor, pero también hambre. Y hay que darle de comer al público y a la sociedad.

La compañía está teniendo una agenda bastante activa, pero, ¿con qué ánimo mira al futuro más inmediato? También pensando en que hay una supervivencia económica que no se puede perder de vista, ni mucho menos.

–El deseo es total. Como el de casi todo el mundo, creo. Otra cosa es ya la esperanza. Es cambiante. Yo he decidido no hacer cuentas del futuro y vivir un poco más en el presente. A la hora de estrenar ¡Ave, osos! decíamos: ¡qué bien! nuestro primer espectáculo grande y estamos en circuitos concertados, en tres meses hacemos 13 actuaciones, esto va a rodar, va a coger consistencia... Y no ha sido así. No sabemos muy bien qué nos espera. Pero es que ahora hay que vivir sin esperar, hay que vivir disfrutando lo que haces. Los del mundo del teatro, como otras profesiones, tenemos mucho callo en eso. Sabemos vivir en la incertidumbre, aunque ésta es grandísima.

Y necesitamos un poco de comedia...

–Totalmente. Y no solo comedia, pero es verdad que ella hace mucha falta.