Este viernes, el Baskonia no se mide solo a un rival. Se enfrenta a una idea. A un modelo competitivo que lleva años perfeccionándose hasta convertirse en una de las identidades más reconocibles de la ACB. La Laguna Tenerife llega a la Copa del Rey 2026 con algo más que buenos números, ya que trae un sello propio, definido y sólido.
Los aurinegros cerraron la primera vuelta con un balance positivo (10-7), instalados en la zona noble de la tabla y con una eficacia ofensiva que supera la media del campeonato.
En la última jornada de la ACB vencieron al Río Breogán por 90-81, con 23 puntos de Bruno Fitipaldo y un Jaime Fernández determinante que afinó el pulso justo antes de la cita copera. Pero si algo explica el gran respeto que despierta Tenerife es su capacidad para competir contra cualquiera.
A finales de enero volvió a demostrarlo imponiéndose por 89-85 al propio Baskonia en un duelo donde fueron superiores desde el minuto uno dejando sin posibilidad de reacción al conjunto vitoriano.
Aquella victoria no fue un arrebato puntual, sino la confirmación de un patrón. Cuando el partido entra en zona de decisiones, el conjunto adiestrado por Txus Vidorreta suele elegir mejor.
Bajo la dirección del bilbaíno, el equipo administra cada posesión como un reloj suizo. No necesita correr para imponer su juego; basta con pensar más rápido que el rival. En un torneo a partido único, esa claridad táctica es oro puro.
La incógnita de Huertas
La garra chicharrera late un curso más al ritmo de la veteranía. Marcelinho Huertas sigue siendo el director de orquesta, aunque su estado físico genera muchas incógnitas sobre su participación en Valencia.
Su capacidad para controlar el tempo de los partidos y tomar decisiones en momentos de máxima tensión convierte cada final ajustado en una partida de ajedrez.
En ese contexto, la conexión con Giorgi Shermadini continúa siendo letal. Bloqueo directo, lectura instantánea y definición cerca del aro: una dupla que ha sido la marca registrada del baloncesto chicharrero.
Si uno de los dos falla, la responsabilidad caerá sobre Fitipaldo y el juego colectivo, obligando al equipo a convertir la rigidez en fluidez.
Rokas Giedraitis y Aaron Doornekamp completan un bloque veterano, talentoso y muy competitivo. Incluso en Europa, el Tenerife muestra su consistencia –la reciente victoria ante ERA Nymburk (55-69) en la Basketball Champions League–, con una defensa sólida y madurez para controlar situaciones adversas.
Veteranía en la Copa
Si el Tenerife ha convertido la experiencia en arma, gran parte del mérito es de su estratega en el banquillo. Vidorreta es la mente maestra detrás del proyecto aurinegro. En Valencia disputará su 13ª fase final de la Copa ACB, igualando a Dusko Ivanovic y superando a figuras como Pablo Laso o Sergio Scariolo.
Será su décima Copa consecutiva (2017-2026), algo al alcance de históricos como Aíto García Reneses o Lolo Sainz. Más allá de los números –una final en 2023 y múltiples semifinales– refleja que el Tenerife no llega por casualidad, sino por continuidad competitiva.
Esa mezcla de veteranía, automatismos consolidados y capacidad para resolver partidos calientes explica por qué La Laguna Tenerife es un aspirante real. Es un rival que amenaza con competir hasta el último segundo.
Para el Kosner Baskonia, el desafío será doble: imponer su ritmo, energía y verticalidad, pero sin dejar que los aurinegros conviertan cada posesión en una batalla estratégica. Porque este Tenerife no regala nada, maximiza sus ventajas, castiga desde el perímetro y mantiene la brújula colectiva incluso en los momentos críticos.
Aprender a jugar contra su defensa metódica es la línea divisoria entre avanzar en la Copa o la eliminación temprana.