Las rupturas de pareja copan nueve de cada diez casos de mediación familiar

La demanda de este servicio de intervención extrajudicial crece, pese a la pandemia

01.02.2021 | 00:33
profesionales de la mediación

vitoria – Paule y Borja acudieron a la mediación familiar un año después de decidir que rompían su relación de pareja, sin haber iniciado aún los trámites de divorcio. "Ojalá hubiéramos ido antes porque habríamos llegado a un acuerdo un año antes y me habría ahorrado muchas comeduras de tarro", sostiene Paule, a quien le habló de este servicio gratuito del Gobierno Vasco una amiga de una compañera de trabajo. La experiencia ha sido grata y beneficiosa para ambos, dicen.

Como personas adultas, de 39 años ella y 47 él, se llevan bien. De hecho, de momento, siguen compartiendo vivienda con sus dos hijas e, incluso, han convivido durante el confinamiento. Únicamente se dieron cuenta de que como pareja no funcionaban y decidieron tomar caminos diferentes. En ese momento, su única preocupación fue el bienestar de las dos niñas, de 3 y 9 años, razón por la que acudieron al servicio de mediación familiar. Participaron en tres o cuatro entrevistas con Cristina, su mediadora, quien trasladaba al papel los acuerdos a los que habían llegado y les hacía ver los puntos más distantes hasta llegar a un consenso final. "La experiencia ha sido muy tranquila y grata; sencilla y clarificadora", constata Borja. "En ocasiones, es esencial que haya una persona neutral porque cada uno tendemos a pensar que la única opción de salida a esa situación es la nuestra, y la otra persona piensa lo mismo. Sin embargo, a veces, las dos opciones son válidas", explica.

Similar opinión defiende Paule, quien va más allá. "Creo que es imprescindible que haya una persona neutral, la mediación tendría que ser obligatoria. Hay que hablar y el 99% de las parejas no lo hace. Tendríamos que cuidar más las relaciones y los vínculos entre las personas. Se nota que me dedico a la salud mental, ¡eh!", bromea Paule. De hecho, ambos getxotarras trabajan en el área social, ya que son educadores sociales, así que les pareció perfecto utilizar esta parte del sistema que, además, es gratuita. "Dicho y hecho".

La mediación familiar es un servicio voluntario de atención e intervención familiar extrajudicial, que se convierte en un espacio neutral para recuperar el diálogo ante cualquier conflicto, sin necesidad de pleitear en los juzgados.

Elia Barinagarrementeria ejerce de mediadora en Vitoria, en la delegación de Lakua. Explica que atiende a dos tipos de familias. De una parte, conflictos de pareja por divorcios separaciones o intentos de reconducir la relación y, de otra, problemas en el ámbito familiar desencadenados por desacuerdos en la convivencia, en la atención a personas mayores dependientes, diferencias entre abuelos y nietos que conviven bajo el mismo techo, acogimiento familiar de menores, herencias y discrepancias en el seno de empresas familiares. "Vienen porque desean gestionar ese conflicto que viven", apunta.

Precisamente, para llegar a buen puerto el servicio de mediación pone especial acento en el diálogo. "Cada familia es un mundo pero, por regla general, tendemos a hablar mucho y escuchar poco, y hay que escuchar más porque la comunicación es necesaria". Otra clave está en el entorno neutral que ofrece el servicio, fuera del domicilio y con un profesional que actúa de forma imparcial. "En casa es más fácil que la conversación siempre acabe en lo mismo", se refiera a una especie de bucle del que suele ser difícil salir.

El servicio de mediación familiar atendió el pasado año en Euskadi a 13.564 personas, 1.692 más que en 2019. Las intervenciones realizadas fueron 17.909, 3.728 más. Y los expedientes abiertos 2.022, una cifra similar al ejercicio anterior (2.070). De esos 2.022 casos, 206 se abrieron durante las semanas de confinamiento por la pandemia sanitaria. De los 1.816 restantes, 340 corresponden a Álava, 431 a Gipuzkoa y 1.045 a Bizkaia. Únicamente 29 son fruto de otros conflictos familiares; el resto, derivados de una ruptura de pareja, según se extrae de los datos que maneja el Departamento de Igualdad, que lidera la consejera Beatriz Artolazabal.

Y es que, lejos de cerrar sus puertas, el servicio de mediación familiar supo adaptarse a la covid y mantener la atención en la fase más aguda de la pandemia sanitaria, con la población encerradas en sus domicilios. El teléfono y el correo electrónico se convirtieron entonces en canales imprescindibles para ayudar a mejorar la convivencia dentro de los hogares a familias con distintas casuísticas: con personas mayores o dependientes a su cargo, mayores que no podían asistir a centros de día y locales de jubilados, ancianos solos o en pareja, padres o tutores con hijos pequeños o adolescentes, etc.

Como consecuencia, su actividad ha crecido en número de personas atendidas e intervenciones realizadas. Especialmente, el tercer trimestre, tras la reanudación de la actividad de forma presencial en junio, que supuso un aumento de la demanda muy significativo. "Después del confinamiento sí hemos notado un aumento de casos y un perfil de parejas o familias que al estar encerrados han visto que no comparten la misma visión de la vida y se han dado cuenta de que su convivencia no funciona", indica la mediadora.

Pese a que el perfil de atendidos es muy variado, difícil de clasificar y cada familia es un mundo, Elia cita conflictos surgidos en mitad de la crisis sanitaria derivados, por ejemplo, de los cuidados a personas mayores o del revuelo montado a causa de estudiantes de veintitantos años que vivían fuera y se han visto obligados a regresar a la familia y a convivir con sus padres. Fue un momento de "frenazo y reflexión", describe Barinagarrementeria.

Experiencia "muy positiva"

Mantener, si no la pareja, sí la familia

"Acudimos al servicio de mediación familiar aconsejados por un colega dentro de un conflicto abierto de separación de pareja con un hijo pequeño", resume Josune Sáenz de Urturi. Tras quince años de convivencia, la pareja entró en crisis. Como sucede en muchas ocasiones, "evolucionamos de forma diferente a nivel personal", señala Josune. Llegados a ese punto, buscaron alternativas y tuvieron claro que necesitaban a un profesional neutral, ya que "a veces, en casa, hablas sólo desde el enfado", sostiene. "La experiencia ha sido muy positiva. No seguimos juntos, pero funcionamos muy bien gracias a la mediación familiar. Sabíamos que no íbamos a salir adelante como pareja, pero queríamos funcionar como familia, sobre todo, por nuestro hijo de 7 años", explica Josune.

Ambos trabajan fuera de casa y, aunque ella se queda con la custodia, han querido atar bien todos los aspectos relacionados con su paternidad y maternidad; asuntos de visitas, horarios... En definitiva, conciliar, esto es, compatibilizar la vida de los dos por el bien del niño. "La mediación familiar nos ha servido. Además, no hemos tenido que pleitear en los juzgados, con la pasta que cuesta", señala satisfecha Josune.

La mediación familiar es un asesoramiento profesional al que las familias acuden de forma voluntaria. Una intervención extrajudicial gratuita, sin costas ni pagos a abogados que, además, proporciona a los beneficiarios un espacio neutral para alcanzar acuerdos ante cualquier conflicto. Más allá de un ámbito neutral, les ofrece la ayuda de un profesional, también neutral, fundamental para las personas que han ofrecido su testimonio a DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA, ya que todos resaltan "la calidad humana y el buen hacer profesional de los mediadores del servicio".

En el caso de Josune, el proceso discurrió en ocho o diez "intensas sesiones –porque fueron muy intensas–, subraya. "Realmente la experiencia ha sido muy muy positiva y los mediadores de Gasteiz son una pasada", resalta Josune. Cierto que ellos también pusieron de su parte, al mostrarse en todo momento abiertos y dispuestos a un acuerdo. "Sí, confiamos totalmente desde el principio, los dos", apunta.

"Cuando uno se separa, sólo se mira desde el yo y la otra parte hace lo mismo, así que, pienso que necesitas a alguien neutral, que te abra la mente, ya que no ves por la otra persona y dejas de lado lo que verdaderamente tienes que proteger, que es todo aquello que tienes entre ambos", explica Sáenz de Urturi. Por todo ello, pese a ser su primera experiencia en mediación familiar, Josune tiene claro que ha sido "muy beneficiosa" para mantener, si no su pareja, sí su familia.