Un poblado de ocho hectáreas de superficie

Las prospecciones de este año en Los Cascajos sacan a la luz lo que podría ser la residencia de los mineros de silex

04.10.2020 | 00:56
Las excavaciones están dando sus frutos en la zona de Berantevilla. Tienen intención de continuar el año que viene. Foto: P.J.P.

el conocido como poblado de Los Cascajos, en Berantevilla, fue un lugar de gran población como lo muestra su tamaño y, posiblemente, era el lugar donde residían los mineros de la cercana sierra de Ataico, en Trebiño, lo que otorga singularidades a ese conjunto y lo proyecta como uno de los yacimientos más importantes del país centrado en la minería.

En la mina se trabaja desde hace años y la ubicación del poblado se conoce desde los años 80, aunque fue hace tres años cuando se realizaron los primeros sondeos.

Este año, con la dirección de Andoni Carriño, profesor del departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueologia de la UPV/EHU, y de Mikel Aguirre Ruiz de Gopegui, profesor y uno de los grandes expertos en industria lítica, la Diputación Foral de Álava financió los trabajos de sondeo previstos para esta campaña en ese terreno de Berantevilla. Cuenta Carriño que este año iniciaron una campaña de excavación en el poblado de Los Cascajos, que está situado en el pueblo de Tobera, dentro del Ayuntamiento de Berantevilla. Se trata de una finca en el valle, al lado del río Rojo, en la que en los años anteriores, 2018 y 2019, ya habían realizado unas prospecciones geofísicas en busca de indicios de un poblado o un lugar de habitación de los hombres prehistóricos.

Por ello se tenían evidencias. Los sondeos se centraron en ese lugar "porque teníamos indicios tras unas prospecciones realizadas en los años 80, con la aparición de un montón de materiales arqueológicos: cerámicas, silex, hachas pulimentadas, etc. y al realizar la prospección nos llevamos la grata sorpresa de que aunque la finca se encuentra actualmente bastante removida por las labores de cultivo, debajo debía de tener todavía intactas las capas arqueológicas, porque nos daba una señal magnética muy potente y muy coherente"

Ocho hectáreas de poblado Tras los sondeos realizados, se pudo delimitar un poblado de cerca de ocho hectáreas de superficie, "lo cual no está nada mal". Lo que quedaba por hacer, una vez identificado el poblado, su superficie y sus límites, era constatarlo haciendo unos sondeos para ver si estas anomalías magnéticas, detectadas a través de ese método, tenía un reflejo arqueológico. Y eso es lo que han realizado en la campaña de este año.

El poblado se sitúa abajo, en el valle, cerca del río, en una pequeña colina bastante plana, rodeado de pequeños arroyos y de fuentes, lo que indica que es un sitio bastante favorable. Al realizar los sondeos "nos centramos en tres zonas parea poder identificar distintas estructuras, y en dos hemos encontrado dos cabañas y, en la otra, bases de poste, que es el sistema que utilizaban las gentes prehistóricas para hacer sus límites, sus cerramientos. El resultado ha sido muy, muy favorable".

Se da la circunstancia de que hay otro poblado, del neolítico, que se llama igual, Los Cascajos, y está en Navarra, en la zona de Los Arcos. En ambos casos el sustrato son graveras, depósitos de cantos rodados. En superficie, lo que se ve es mucho cascajo, mucha piedra, y en el poblado que estamos estudiando, en Berantevilla, lo que pasa es que sus primitivos habitantes, al construir sus casas, excavaron la grava y generaron unos relieves en negativo que han quedado intactos al paso del tiempo y ahora esos lugares, que están repletos de carbones, de tierra quemada, es lo que produce las anomalías magnéticas que detectan en la actualidad.

Restos en la zona Su existencia no es única. Toda esa zona, lo que es el valle del río Rojo, que es un valle compartido entre Berantevilla y Condado de Trebiño, en los años 80, viendo que había grandes cantidades de silex se hicieron unas campañas de prospección intensas en las que se identificaron decenas de lugares de interés arqueológico, como se constata en los planos del departamento de Cultura del Gobierno Vasco "y nosotros hemos incidido en este punto porque queríamos relacionarlo con unas canteras prehistóricas de silex que hay en la sierra de Araico, que es una sierra que está al norte, a dos kilómetros de distancia del poblado, pero que pertenece al Condado de Trebiño". Y es en la sierra de Araico, donde Carriño y otros arqueólogos llevan diez años excavando esas minas prehistóricas, donde se pudo demostrar algo bastante peculiar porque "a nivel nacional son las segundas minas de sílex, de importancia, encontradas en todo el país. Y estas minas nos dan una cronología de 6.000 años. Buscando dónde podían habitar los mineros que estaban trabajando arriba es lo que nos lleva a investigar en el valle, en los potenciales lugares de habitación".

De esta manera han reedescubierto, porque el yacimiento estaba localizado tras los sondeos de los años ochenta y han constatado que efectivamente es un poblado. Y es que uno de los objetivos que se plantearon al hacer las investigaciones era comprobar si en el poblado era donde estaban los mineros. "Por la proximidad creo que hay bastantes posibilidades. Ahora lo que nos falta es realizar dataciones verificar si los materiales son equivalentes y las edades también. Ese es el proceso que estamos llevando a cabo actualmente", cuenta el arqueólogo.

El poblado puede tener importancia en el sentido de que puede ser una atracción porque cerca hay recursos naturales, como es el sílex, que era necesario para hacer sus herramientas, sus cuchillos o sus puntas de flecha. Otro elemento de importancia es que el lugar es difícil de encontrar, lo que lo hace único. "Estaríamos ante uno de los poquísimos poblados del País Vasco, igual solo hay 3 o 4 de esta cronología y de este tipo en todo Euskadi. Por eso tenemos esos dos elementos de interés: la cercanía con un lugar de explotación de un recurso mineral y la singularidad de que no hay muchos yacimientos de este tipo descubiertos actualmente."

Lo que es una pena es que este tipo de hallazgos no puedan permanecer a la vista como un recurso cultural o turístico, aunque en este caso los pobladores no dejaron estructuras al no hacer grandes casas con muros de piedra, sino que eran más bien cabañas con paredes de ramas y de troncos. Los restos que hay en la actualidad son muy ligeros y eso es una de las razones por las que es difícil encontrarlos. Si uno se pone en ese terreno lo único que vería es que es una finca de cultivo normal donde no hay nada especial.

Pero hay intenciones de continuar con las catas el año que viene. "Este año hemos encontrado dos cabañas con sus correspondientes silos o pozos pequeños en los que hemos localizado abundante material cerámico, algunas condecoraciones y hasta la cabeza de un bóvido enterrada en uno de esos hoyos y por eso hemos acordado volver a pedir a la Diputación Foral de Álava ayuda para poder continuar al año que viene".

Y la cuestión es que merece la pena. Bajo el cultivo espera ver la luz, aunque luego se documente y se vuelta a tapar lo que el detector magnético ha reconocido: "en los resultados preliminares se han detectado abundantes estructuras lineales, decenas de ellas circulares, que de momento hemos interpretado como cabañas de unos 10-20 metros de diámetro, también se han reconocido infinidad de estructuras puntuales como pozos/fosos, etc. y otras desconocidas", explica Andoni Carriño. Es decir, un poblado neolítico-calcolítico de grandes dimensiones y formando parte de un conjunto con las minas de sílex de Trebiño.