Historias de nuestras fiestas: Samaniego

El burro no sube a la torre

Un cuento popular convierte a un burro de poliéster en la imagen de la fiesta de la localidad de Samaniego. Este año permanecerá en su particular establo para no contagiarse de un coronavirus que impide disfrutar de la celebración

07.09.2020 | 00:33
Las fiestas de Samaniego ofrecen espectaculares estampas como la que se aprecia sobre estas líneascon el burro de poliéster aproximándose a la torre. A la derecha, se aprecian los anclajes que lleva la figura para completar el recorrido con seguridad. Además hay celebraciones religiosas en honor a la Virgen del Valle y no faltan comidas populares y danzas.

El burro de poliéster no subirá este año hasta el campanario de la iglesia/torre fuerte de esta villa medieval. Es un descanso obligado a causa del coronavirus. Una medida que desde que se puso en marcha ese carismático personaje festivo no había sucedido, ni tan siquiera el año pasado, cuando el voraz incendio de los pabellones de esta localidad lo dañó y hubo que recomponer uno nuevo para que no faltase a su tradicional cita de las fiestas de la Virgen del Valle.

Aunque esta tradición la recuperó hace poco más de dos décadas la Asociación Cultural Murriarte, primero con un burrito de peluche y más tarde con uno de poliéster de tamaño natural, la tradición local cuenta que antiguamente se cultivaba una hierba llamada melga, y de hecho a los de Samaniego se les llama melgueros. Un cuento local narra que un vecino, viendo que crecía melga en lo alto de la torre trató de subir un burro por la escalera para que se la comiera. Al no poderlo hacer subir lo izó con una soga, sin que los del pueblo se pongan de acuerdo si llegó vivo o muerto.

Al margen de la verdad o no del cuento, lo cierto es que el burro se ha convertido en un símbolo simpático de estas fiestas y se le sube el 7 de septiembre de cada año desde la fachada del Palacio de Samaniego hasta la torre de la parroquia, donde se queda hasta el día 11, fecha en la que finalizan las fiestas. Por cierto que, al año que viene, cuando se vaya a celebrar esta subida, se habrá tenido que buscar otro punto de amarre en vez del palacio, ya que entonces estará de nuevo en funcionamiento el lujoso Hotel Palacio de Samaniego.

Con mucha resignación, pero entendiendo que la situación no es para fiestas, los vecinos tendrán tiempo estos días para recordar las de años anteriores. Y para que nadie pierda detalle, la Sociedad Cultural Murriarte, llevará a través de las redes sociales un repaso a la historia de la celebración patronal, donde los vecinos y visitantes se podrán ver, disfrutar y recordar.

Y es que estas fiestas tienen un ritmo muy intenso. Comienzan con una novena los días anteriores y con competiciones deportivas en las excelentes instalaciones con que cuenta Samaniego. Llegado el día 7, pasado el mediodía, vecinos, visitantes y veraneantes se reúnen en la gran explanada para vivir el txupinazo y el largo viaje del burrito hasta la torre parroquial, donde se queda para observar el disfrute de txikis y mayores durante los cinco días que duran las fiestas. Una vez acomodado, las cuadrillas se reúnen en el Juego de Bolos para celebrar la tradicional comida y ya por la tarde los pequeños suelen tener a su disposición los hinchables y los más mayores los bailables con DJ's y orquestas.

La fiesta continua al día siguiente con la recogida de viandas en el centro sociocultural y el acompañamiento hasta la Ermita a cargo del grupo de Danzas para asistir a la Santa Misa. Allí actuará de nuevo el grupo y posteriormente se ofrecerá un lunch popular en las campas de la Ermita. Para la tarde se dejan los hinchables, las degustaciones, como las de jamón, el concurso de brisca, el Bingo y la fiesta nocturna temática amenizada por una orquesta.

En la siguiente jornada se suele llevar a cabo un Concurso de pintura al aire libre y -si acompaña el tiempo- un Tobogán de agua. Tras la misa, el vecindario y veraneantes están convocados para testimoniar su convivencia a través de la foto colectiva y la comida popular, que da paso a otras actividades hasta la madrugada.

El cuarto día, que suelen denominar día de descanso, se reserva para llevar a cabo una jornada de puertas abiertas en una bodega de la localidad y una comida de los jóvenes. Y ya el último día se dedica a la romería al puerto de Herrera y la bajada del burrito para permanecer guardado hasta el año que viene.

Habrá que esperar a 2021 para sacar al simpático burro de sus aposentos y, a buen seguro, que la fiesta del año próximo, de solventarse la emergencia sanitaria generada por el coronavirus, será disfrutada con mayor alegría y énfasis por parte de los vecinos de Samaniego y de los visitantes de Rioja Alavesa y el resto de procedencias.