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Sander WesterveldExportero del Liverpool

“Tras la final, pedí perdón a Johan Cruyff al recibir la medalla en el palco por ganar a su hijo”

Sander Westerveld, histórico guardameta del Liverpool en la final de la UEFA del 2001 ante el Deportivo Alavés, rememora 25 años después la cita de Dortmund, un duelo que cataloga como "el más extraño" de toda su carrera

“Tras la final, pedí perdón a Johan Cruyff al recibir la medalla en el palco por ganar a su hijo”

Sander Westerveld (Enschede, 1974) es el legendario guardameta del Liverpool que defendió la portería rival en la históricafinal de Dortmund ante el Deportivo Alavés. Tras formarse en los Países Bajos entre las filas del Twente y Vitesse, el arquero neerlandés dio el salto a la Premier League de la mano del conjunto red, donde conquistó cinco títulos en el año 2001: Copa de la Liga, Copa de Inglaterra, Copa de la UEFA, Supercopa de Inglaterra y Supercopa de Europa. Más tarde también pasó por la Real Sociedad –logrando un subcampeonato liguero–, Mallorca, Portsmouth, Everton, Almería, Sparta de Rotterdam, Monza y por último el Ajax de Sudáfrica. Westerveld atiende la llamada de DIARIO NOTICIAS ÁLAVA en un atípico día soleado desde su país natal para rememorar la final de hace 25 años.

Parece mentira que hayan pasado ya 25 años desde aquella final, ¿cómo la recuerda?

Pues sí, la verdad es que ahora me siento muy viejo. Yo voy prácticamente cada mes un par de veces a Liverpool y la gente, cuando me ven por la calle, están todavía hablándome del año 2001. Como tú dices, parece mentira que ya haya pasado tanto, pero el tiempo pasa rápido. Fue un momento muy especial para mí, un gran año en el que ganamos un triplete además de las dos Supercopas en verano. He visto ya tantos vídeos, revistas y documentales sobre ese año que nunca lo voy a olvidar.

Además, logró todo eso en su segunda temporada fuera de los Países Bajos. ¿No se le hizo difícil el cambio de la Eredivise a la Premier?

El cambio fue bastante positivo. Llegué en un momento de muchas modificaciones en el Liverpool, ficharon ese año unos ocho jugadores y el hecho de no ser el único nuevo creo que me ayudó mucho. Stéphane Henchoz y Sami Hyypiä, los dos centrales, también eran nuevos. Hyypiä había jugado varios años en la Eredivise, por lo que yo podía hablar en holandés con él durante el partido. La verdad es que nos fue muy bien.

¿Qué tal estuvo el ambiente ese día en Dortmund? A la afición del Liverpool ya la conocía, pero la del Alavés, ¿llegó a sorprenderle?

No sé si esto es verdad, quizá fue algo que el míster nos quiso meter en la cabeza para ir con más confianza al partido, pero en su momento nos dijeron que el Alavés tuvo que mandar entradas de vuelta a la UEFA porque no consiguieron vender todas las que tenían. Entonces pensamos: ¡Qué bien, habrá más gente del Liverpool en el estadio! A la hora de la verdad recuerdo ver muchas camisetas rojas en la grada. Había un sector del Alavés, pero el resto eran del Liverpool. Pienso que el respaldo del jugador número 12 nos dio la confianza que necesitábamos en aquella final.

La gran final, además, era ante un rival debutante en Europa. ¿Se veían completamente favoritos?

No. A todos nos sorprendió que el Alavés llegase hasta la final, pero nunca pensamos que iba a ser un partido fácil. En la final de unos días antes el Arsenal era favorito y ganamos. Nuestro entrenador, Gérard Houllier, siempre decía que las finales son un 50-50, que no hay equipos grandes o pequeños y que puede pasar de todo. Antes de esa final pensamos que quizá era hasta más difícil que contra un equipo como el Real Madrid. Frente al Madrid tú sabes siempre que tienes que estar al cien por cien para ganar, pero contra el Alavés, pese a que ya conocíamos al equipo de ver muchos vídeos, tampoco sabíamos si era un equipo capaz de jugar un partido mejor que nosotros.

“Siempre que pienso en el partido contra el Alavés lo recuerdo como el más extraño de toda mi vida”

¿Qué era lo que conocían o más temían sobre el Alavés en aquel momento?

El Alavés podía parecer un equipo pequeño, pero nosotros habíamos visto cómo llegaron hasta la final. Siempre hay un equipo en Europa que te sorprende y que cada semana sigue ganando sus partidos. Recuerdo que hablábamos mucho sobre el Alavés, sobre todo en la manera en la que habían llegado a la final. Eliminaron a dos equipos grandes como el Inter y el Kaiserlautern. Yo creo que el míster tenía miedo de que nosotros pensáramos que iba a ser un partido que íbamos a ganar fácil. Por eso cada día teníamos charlas largas sobre el Alavés para meternos en la cabeza de que el duelo iba a ser difícil.

Aún así, el partido se puso de color red muy pronto con el 2-0 en 15 minutos. ¿Un comienzo inmejorable para ustedes, verdad?

Fue un momento perfecto porque recuerdo que Houllier siempre nos decía que la energía era muy importante. El míster siempre insistía antes del partido que teníamos que empezar al 100%. Durante los primeros 15 minutos había que correr como locos y yo no podía pasar el balón a un defensor, siempre tenía que jugar en largo. Con el 2-0 de Gerrard ya pensábamos que iba a ser un gran día para nosotros, pero entonces el Alavés hizo un cambio en el minuto 20. Entró Iván Alonso y marcó a los cinco minutos el 2-1. Fue una montaña rusa de emociones, siempre que pienso en este partido lo recuerdo como el más extraño que he jugado en mi vida. Primero el 2-0, luego el 2-1 y por último el 3-1 al descanso. Creo que solo toqué dos balones en toda la primera parte.

Con el 3-1 en el marcador al descanso, ¿cómo fue la charla en el vestuario, pensaron que ya lo tenían todo hecho?

Yo creo que sí. Mcallister (autor del 3-1) pedía tranquilidad y decía que aún no estaba ganado, pero las sensaciones eran buenas. Sobre todo por cómo habíamos jugado la primera parte. Marcamos tres goles, defendimos bien, estábamos teniendo peligro y teníamos mucha confianza en ese momento. Eso nos hizo entrar en el segundo tiempo olvidando todo lo que nos decía el míster. No arrancamos bien en esos primeros 15 minutos clave y Javi Moreno marcó dos goles en tres minutos.

¿Se esperaban esa reacción? 

Con el 3-1 ellos tenían que salir al ataque porque no podían hacer más. En el 3-2 Javi Moreno cabeceó un centro y luego hizo el 3-3 tirando una falta por debajo de la barrera. Yo seguía casi sin tocar el balón. Vi el marcador otra vez con empate y no sabía muy bien qué estaba pasando. Por suerte, entró Robbie Fowler desde el banquillo para marcar el 4-3. Esa era la gran baza que teníamos, gente muy buena en el banco que podía salir a ayudar en cualquier momento. Con el 4-3 volvimos a estar más tranquilos y ahí ya pensábamos otra vez que íbamos a ganar. Yo pensaba que tenía que hacer una parada y ya, pero entonces, en el minuto 90, llegó el gol de Jordi a la salida de un saque de esquina.

Empate 4-4 en el último minuto. ¿Cómo le sentó al equipo tener que ir a la prórroga, era algo que entraba en vuestros planes?

No, no nos esperábamos ese último gol. Estaba mirando el reloj, minuto 75, 80, 85, y yo pensaba, no hay problema. El Alavés no estaba teniendo muchas oportunidades, pero llegó el córner en el último minuto. Teníamos jugadores muy altos y pensaba que no iba a pasar nada, pero Jordi remató solo y yo tuve un error porque salí demasiado tarde. En ese momento fue: Uff, esto otra vez, ahora toca jugar media hora más. Personalmente estaba más tranquilo porque habíamos ganado la Copa de la Liga en penaltis y yo nunca en mi vida había perdido una tanda. Tenía mucha confianza para los penaltis.

Jordi Cruyff se anticipa a Westerveld para poner el 4-4 en el marcador y enviar el partido a la prórroga.

En la prórroga no llegaba el gol definitivo. ¿Se veía ya en los penaltis?

Sí, y yo quería los penaltis. Como te he dicho antes, yo tenía mucha confianza en la tanda. Toda la prórroga estaba pensando en los penaltis, porque estaba seguro de que iba a parar un par. Además, como portero, si tú paras el último penalti haces historia y vives uno de los mejores momentos de tu carrera. Pero bueno, por otra parte creo que así estuvo mejor porque nunca sabes lo que puede pasar en los penaltis. Yo nunca había perdido ninguna tanda, pero quizá esta hubiese sido la primera. Es algo que nunca se sabe.

¿Todavía recuerda la jugada del 5-4 definitivo? ¿Cómo celebró aquel desafortunado gol del Alavés?

Dortmund está a 45 minutos de mi casa en Holanda y entonces tuve que comprar como 40 entradas para mi familia, amigos y toda la gente que conozco. En el 5-4 me giré a la grada y les vi celebrándolo. En ese momento yo dije: Calma, ya no va a entrar ni un gol más, voy a pararlo todo. Vamos a ganar 100% porque no voy a encajar más goles. Tardé unos 30 segundos en darme cuenta de que había gol de oro, era algo que había olvidado por completo. Nunca en mi vida he corrido tan rápido para llegar a la esquina donde estaban celebrando todos. Fue un momento increíble y el final del partido más extraño que he jugado en toda mi vida.

“Me gustó mucho Javi Moreno y el detalle que tuvo el Alavés con sus socios en la camiseta. Siempre me ha encantado la gente del Alavés, fue un equipo con buena afición y con mucho respeto que lo dio todo en el campo”

Lo importante de una final es el resultado, pero como guardameta, ¿le dejó mal sabor de boca los cuatro goles encajados?

Fue uno de los peores partidos que he jugado. Quizá el peor no, pero sí que fue mi peor final. Bueno, ni siquiera puedo decir que lo he jugado porque cometí un error en el cuarto gol, pero lo demás, no toqué casi ni el balón. Solo recogía el balón de la portería después de los goles y para un portero encajar cuatro está muy mal. Por otra parte, como tú has dicho, lo más importante es el resultado y lo veo ahora en las fotos con la UEFA en mis manos. No fue la mejor manera para mí, pero gané igual, y a día de hoy la gente te sigue reconociendo por aquel partido histórico.

Una vez en frío, tras el partido y proclamarse campeón, ¿qué fue lo que más le sorprendió del equipo de Mané, hubo algún jugador concreto que llamó su atención?

En Holanda, siempre que hay un holandés jugando en un equipo tienes más interés en ese club que de normal. Aún mucho más si se trata de un Cruyff. Aquí la gente conocía al Alavés por Jordi. Tras el partido, recuerdo subir al palco a por las medallas, que las estaba repartiendo Johan Cruyff, y pedirle disculpas por ganar a su hijo. Después también destaco a Javi Moreno, un fenómeno, y a Iván Alonso. También me gustó mucho el detalle de la camiseta con el nombre de los socios, me parece muy especial. Siempre me ha encantado la gente del Alavés, fue un equipo con buena afición y con mucho respeto que lo dio todo en el campo.

Tras aquella final, su destino ese mismo verano fue Donosti, muy cerca de Vitoria. ¿Qué recuerda de su estancia en el País Vasco?

Eskerrik asko, kaixo, egun on, bat, bi, hiru, lau, muxu (ríe). Todavía guardo algunas palabras, por supuesto. El Liverpool compró dos porteros por error y yo me quedé sin jugar la primera vuelta porque ese era el último día de mercado y no pude salir. En invierno, la Real Sociedad de Benjamin Toshack quería ficharme y yo siempre había querido jugar en LaLiga. Yo pensaba, bueno, voy a la Real, que están peleando el descenso, pero quizá puedo jugar ahí y luego puedo firmar por un equipo más grande. Ese era mi pensamiento inicial sobre el traspaso, porque yo no sabía que me iba a cambiar la vida.

Casi logran lo imposible con aquel subcampeonato de Liga.

Los dos años y medio que jugué allí fueron de los mejores de mi vida. Intenté aprender el idioma, la gente fue muy cercana, el sitio y la comida espectaculares. Tres de mis hijos son vascos, y eso que el tercero nació cuando jugaba en Inglaterra, pero mi exmujer quería dar a luz en el País Vasco así que fuimos en coche atravesando todo Francia hasta llegar a la misma clínica en Donosti. Casi ganamos la Liga en mi segundo año, fue una gran temporada, lástima el final. Cuando llegué nadie hablaba de la Real, pero dos años después toda la gente estaba emocionada con el equipo. Le dimos mucha alegría a la afición aquel año y sigue siendo uno de los momentos de los que más orgulloso estoy de toda mi carrera.

Se reencontró con el Alavés con la camiseta de la Real Sociedad y del Almería y pudo visitar Mendizorroza. ¿Qué le pareció el estadio?

Al jugar contra el Alavés sí que me venían a la cabeza los recuerdos de la final de la UEFA en Dortmund, pero bueno, en ese momento ya habían cambiado bastante el equipo. Lo que más recuerdo contra el Alavés fue la vez en la que un árbitro decidió pitarme una de las pocas faltas que se han visto por aguantar el balón más de seis segundos. Íbamos 1-2 en el minuto 85 y el Alavés empató con un golazo después de que el árbitro señalase aquella retención. Fue una de las jugadas que nos costó el campeonato. Sobre el estadio, sí, lo recuerdo. Pequeño pero muy bien, con la gente muy cerca de los jugadores, que es algo que siempre me ha gustado.

Foto de archivo de Westerveld en su presentación con la Real Sociedad.

A día de hoy, ¿Westerveld sigue ligado al fútbol?

Ahora mismo estoy trabajando en la televisión holandesa como comentarista y analista de los partidos de la Premier League. También he sido entrenador de porteros de la selección holandesa sub-18 y juego algunos partidos de leyendas con el Liverpool. Por otro lado, mi hijo mayor, de 23 años, juega en el AZ Alkmaar, ahora cedido en el Maastricht y también le sigo. Es un problema grande, porque él es vasco y le puede llamar el Athletic, pero bueno, es su carrera y no la mía. A mí se me haría muy raro verle jugar con esa camiseta. Él me ha dicho que quiere jugar en LaLiga, quizá pueda acabar en el Alavés, quién sabe.

Y en cuanto a LaLiga, ¿está al tanto de los resultados o no es algo que siga en especial?

Sí, yo también veo muchos partidos de LaLiga, principalmente de los equipos en los que he jugado. La final de Copa de la Real, alguno del Almería, el Mallorca. Yo tenía una casa en Mallorca y mi cuarta hija nació allí. Al fin y al cabo tengo sentimientos con estos clubes, así que vamos a ver si el Mallorca se salva y el Alavés también.