Hasta hace no mucho, los futbolistas del Deportivo Alavés contribuían más bien poco a cambiar la dinámica de los encuentros. Ya fuera por las decisiones del Chacho, a quien le costaba hacer los cambios, o por el propio nivel individual de los protagonistas, la segunda unidad casi siempre pasaba desapercibida, lo cual era un importante lastre cuando el equipo sufría un contratiempo y necesitaba reaccionar.
Ahora, con Quique Sánchez Flores al frente, la película es otra. Los albiazules han aprendido a encajar mejor los golpes y a responder a ellos. Una transformación necesaria, fiel a la idiosincrasia del Glorioso -no rendirse hasta que el árbitro pite el final-, y en la que los revulsivos están teniendo un papel central. Para muestra de ello, el empate in extremis cosechado este sábado, en Anoeta, ante la Real Sociedad.
El Alavés logró ponerse dos veces por delante en el marcador y en ambas le empataron. Cuando el 3-2 para la Real hacía presagiar una derrota dolorosa, Quique movió ficha y los jugadores que saltaron al campo no defraudaron. Denis Suárez, que había salido en el minuto 86, y ya había estado cerca de asistir a Toni, encontró a Lucas Boyé en el 96 para rescatar un punto clave en la lucha por la salvación.
El argentino, que puso el balón en la escuadra de Álex Remiro, también había salido como revulsivo, igual que lo hizo días antes contra Osasuna. Su acierto desde el punto de penalti contra los rojillos también fue decisivo como en Anoeta. Y, si se profundiza todavía más en la jugada del empate ante los txuri-urdines, Carles Aleñá también tuvo gran influencia en ella, llevando el balón hasta la zona de peligro.
Estuvo muy activo el de Mataró desde que Sánchez Flores le dio entrada al derbi, igual que Ander Guevara. Entre ambos, inyectaron a la sala de máquinas justo la energía que necesitaba para, sobre todo, superar en intensidad a la Real. La acción del 3-3 fue eso, precisamente: una sucesión de triunfos en los duelos individuales que llevó el balón hasta las botas de un Denis inspirado, valiente y con ganas.
El gallego, cabe destacar, está siendo uno de los grandes beneficiados a nivel futbolístico con la llegada de Quique. Y eso que Coudet siempre fue su gran valedor. Tanto en Donostia como en Vigo, su talento como revulsivo resultó diferencial para cambiar las tornas de ambos partidos. Algo a lo que, si logra darle continuidad, va a ser muy valioso para el Alavés en esta recta final de curso. Nadie tiene más calidad.
ABDE, DE DULCE
La irrupción de Abde como elemento diferencial merece un capítulo aparte. Aunque el extremo argelino fue titular en Anoeta, ha sido rindiendo como revulsivo su camino para ganarse la confianza de Quique. Ante el Celta, además de volver loca a la defensa local, marcó un golazo para culminar la histórica remontada y contra Osasuna dejó también minutos interesantes, mientras Yusi ofrecía lo contrario.
Abde, por lo anterior, debe ser el espejo del resto de futbolistas que tienen la etiqueta de suplente. Con un nivel tan equilibrado entre la mayoría de integrantes de la plantilla, quien aprovecha sus momentos no tarda en colarse en el once. Otro que lo ha hecho es Ibra Diabate, aunque por razones distintas. La fascitis plantar de Boyé ha dado una oportunidad al africano y, ciertamente, no está haciéndolo mal.
Diabate fue otro de los que, como suplente, ha sido capaz de ayudar mucho al Glorioso: en su debut, en Balaídos, aportó directamente en uno de los goles y facilitó mucho la tarea de sus compañeros de ataque. Su imparable físico, si es que Boyé mejora y puede recuperar la titularidad, será seguro clave para desatascar partidos de aquí a finales de mayo.
Quienes, de momento, parecen fuera de la ecuación son Ville Koski, Calebe y Mariano. El finlandés apenas ha jugado, el brasileño no ha debutado con Quique y el hispano-dominicano no ha vuelto a aparecer desde su trágica participación contra el Valencia. Aun así, el cambio es evidente: el Alavés ha encontrado en sus suplentes un recurso que antes no le daba garantías y que ahora le permite no tirar nunca la toalla.