Este Deportivo Alavés tiene carencias, sobre todo en defensa, pero nunca se rinde. Cuando parecía que los babazorros se iban a marchar de Anoeta de vacío, después de perder dos ventajas de un gol, Lucas Boyé apareció en el epílogo para, en modo salvador, colocar el balón en la escuadra y rascar un punto que, quién sabe, puede llegar a ser decisivo en la lucha por la permanencia.
No hubo sorpresas en el once inicial elegido por Quique Sánchez Flores para el duelo en el feudo txuri-urdin. Abde Rebbach, como premio a su notable nivel en las últimas jornadas, formó en la izquierda en detrimento de Yusi, muy flojo frente a Osasuna, y los otros diez fueron los mismos que ante el cuadro rojillo. Los otros diez fueron los mismos, y el madrileño dio continuidad al habitual dibujo, el 5-3-2.
Y la apuesta por Abde le salió genial al Alavés: cuando aún había bastantes aficionados buscando sus asientos en las gradas de Anoeta, Blanco robó un balón en la medular, abrió a la banda tras combinar con Guridi, y allí apareció el argelino para encarar y poner un centro raso al área que Caleta-Car se marcó en propia (0-1, min. 3). La falta de entendimiento entre el defensor croata y Remiro fue enorme.
Pero la alegría no le duró demasiado al Glorioso, vestidos con la camiseta de su histórica final contra el Liverpool en Dortmund. El propio Caleta-Car avisó de cabeza en un córner —la buena parada de Sivera impidió su redención—, y Sucic puso las tablas mediante un potente y ajustado zurdazo desde fuera del área (1-1, min. 14). Se distrajo demasiado la zaga gasteiztarra en esa acción, al pedir fuera de juego.
Lo positivo fue que ese gol txuri-urdin apenas afectó al Alavés, que siguió con las ideas muy claras. La inoperancia que se notaba en ocasiones con el Chacho no existe con Quique: orden atrás, recuperar y salir rápido, sin florituras. Algo que siempre ha funcionado en el club babazorro y que le permitió ponerse 1-2 contra la Real, en otro tanto con cierta fortuna, igual que el que marcó después Turrientes.
En el tanto babazorro, Abde y Guridi combinaron para que acabara enviando el de Azpeitia un centro raso que, al no llegar Remiro, golpeó primero en Turrientes y luego en Diabate para llegar a la red (1-2, min. 24). Y, tres minutos después, el 8 del cuadro donostiarra probó un disparo lejano que, tras tocar en el poste, rebotó en Sivera y tuvo el mismo desenlace (2-2, min. 27). De nuevo, vuelta a empezar.
Ahora bien, después de cuatro goles en menos de media hora, llegó algo de calma al derbi, en parte porque la Real amasó más la pelota. El Alavés no pudo salir en velocidad tan seguido y se centró en no cometer más errores atrás. Un disparo de Barrene, bien tapado por Parada, fue la única oportunidad clara antes del descanso. Sensaciones encontradas en los visitantes tras la primera parte en Anoeta.
TRAS EL DESCANSO
El Glorioso regresó motivado al césped, dispuesto a competirle el dominio a la Real, sin renunciar a ir a por el triunfo. Pero no hubo remates de peligro, como los que sí tuvieron los locales. Justo después de que Quique agitara el árbol por primera vez, metiendo a Lucas Boyé en lugar de Diabate, Oskarsson puso fácil el 3-2 a pase de Kubo. Otro despiste defensivo, en lo que sigue siendo el gran lastre del equipo.
Pese a que el Alavés no se rindió, las ocasiones brillaron por su ausencia ya con los donostiarras por delante. A Parada le anularon el empate por fuera de juego, bien señalado, y Guevara y Aleñá, por Ibáñez y Guridi, fueron los dos siguientes cambios de Quique para intentar rescatar un punto en Anoeta. Denis Suárez (Ángel Pérez) también saltó al terreno de juego ya en la recta final.
Un epílogo que, incluso con el Alavés acabando con un futbolista más por la expulsión de Sergi Gómez, parecía que no iba a brindar oportunidades a los de Sánchez Flores. Hasta que apareció Boyé. Asistido por Denis, el argentino puso el balón en la escuadra de Remiro para rescatar un punto del feudo txuri-urdin.