Salvó los muebles el Deportivo Alavés ante el Girona. Aun desaprovechando una gran oportunidad para abrir brecha con el descenso, que ahora está a tres puntos, hubo que dar por bueno el empate en Mendizorroza visto el desarrollo del partido. Lucas Boyé marcó los dos goles locales, uno de ellos rozando ya el minuto 90 (2-2), e impidió así una nueva decepción en el feudo gasteiztarra.

Pequeña revolución la que planteó Eduardo Coudet para afrontar la cita clave en el feudo babazorro. Además de dar entrada a Pablo Ibáñez y Ángel Pérez, lo cual se podía prever, el técnico argentino optó por dejar a Facundo Garcés y Jon Pacheco en el banquillo, dando la alternativa a Jonny y Víctor Parada junto a Nahuel Tenaglia y Yusi en defensa. Cuatro laterales formaron la retaguardia albiazul en un inicio.

El Alavés saltó al césped con las ideas claras: consciente de que el Girona iba a dominar el balón, los albiazules se enfocaron en recuperar y correr, sin pensárselo dos veces. El 1-0, sin embargo, no llegó así, sino jugando desde atrás. Yusi cazó un envío en largo de Tenaglia, superó a Rincón con mucha potencia y puso un centro raso que Boyé remató a la red. Sorprendió el nulo entendimiento entre Gazzaniga y Reis al intentar despejar.

Y a punto estuvieron los locales de ampliar su ventaja poco después. Esta vez sí, Toni robó una pelota cerca del área gironí y, con todo a favor -ya dentro del área-, disparó alto. Visto lo bien que le estaba funcionando el plan, por delante desde el minuto 5, el Glorioso no dudó en seguir permitiendo a los visitantes tocar y tocar. La duda era si los de Coudet serían capaces de aguantar atrás y castigar a la contra.

No lo fueron. A balón parado, en el primer tanto recibido así de todo el curso, el Alavés vio cómo Vanat ponía el empate, previa prolongación de Witsel de cabeza (1-1, min. 31). De ahí hasta el descanso hubo un monólogo del Girona. Solo en la recta final lograron los locales tener un poco el balón y salir en velocidad. Ninguno de los dos, eso sí, pudo tomar rumbo al túnel de vestuarios por delante en el electrónico.

De la primera mitad del Glorioso, más allá del error a balón parado, hubo que destacar más cosas positivas que negativas. No permitió que los de Míchel tuvieran ocasiones claras y contrarrestó su dominio en la posesión siendo vertical cada vez que pudo. En realidad, incluso con menos protagonismo del esperado, solo se echó en falta mayor acierto en algunas jugadas. Se pudieron haber marcado más goles.

SALVAR UN PUNTO

Tras el intermedio, al Alavés se le vio algo más cómodo. O más agresivo, al menos. Pero la sensación de peligro fue menor que en la primera parte. No ocurrió nada reseñable en ataque durante 20 minutos, por ninguna de las dos partes. Y eso hizo que Míchel agitara el árbol, dando entrada a tres revulsivos de manera casi consecutiva. Algo que permitió a los visitantes recuperar la batuta del juego.

El Chacho no reaccionó, y el equipo lo pagó muy caro. Ounahi, uno de los que habían saltado al campo desde el banquillo, filtró un perfecto pase al hueco que no perdonó Tsygankov, adelantándose a Parada y Yusi y superando con talento a Sivera (1-2, min. 73). Jarro de agua fría al que, entonces sí, el técnico babazorro respondió con los cambios de Denis y Calebe, en lugar de Ibáñez y Ángel Pérez. Hubo pitada.

Ya por detrás en el marcador, el Alavés se olvidó de cualquier esquema y fue con todo a por las tablas, tal y como se esperaba. Ahora bien, esto derivó en una disputa a campo abierto, con el Girona buscando la sentencia. Afortunadamente, fueron los gasteiztarras quienes salieron beneficiados de este escenario: Boyé, a pase de Parada, cabeceó a la escuadra. Imparable para Gazzaniga (2-2, min. 89).

Durante el largo tiempo de prolongación -de nueve minutos-, con Guevara (Blanco) y Aitor Mañas (Aleñá) sobre el césped, las ocasiones brillan por su ausencia, pese a que tanto albiazules como blanquivermellos fueron a por la victoria.