Pocas cosas o más bien nada salió bien para el Deportivo Alavés en suelo nazarí. La expedición de Luis García sufrió ayer su tercera derrota consecutiva en un encuentro donde el Glorioso estuvo lejos de igualar el derroche físico de su rival y en el que la apuesta inicial del técnico madrileño no dio sus frutos. 

Luis García introdujo las novedades de Duarte, Tenaglia y Panichelli en su alineación. El preparador albiazul agitó el árbol en busca de alternativas diferentes en el ataque y piernas frescas en la retaguardia. 

Sin embargo, el castillo de naipes se vino abajo en los primeros compases. El primer cuarto de hora resultó trágico para los intereses vitorianos, pues el Granada fue el dueño y señor en el arranque de la contienda y se adelantó a los diez minutos desde el punto de penalti.

La incomparecencia inicial fue suficiente para que el Deportivo Alavés fuese a remolque hasta el pitido final. El equipo de Luis García entró tarde al encuentro, se vio perdido en la pugna de las segundas jugadas y tampoco estuvo lúcido en la zona de tres cuartos. Una rémora que, como es lógico, el anfitrión aprovechó para duplicar la ventaja en el casillero antes del descanso.

Decisiones polémicas

El Alavés no tuvo fortuna ni en lo futbolístico ni en lo arbitral. Y es que durante la primera mitad, en una fase en la que la escuadra vitoriana parecía encontrar su sino, Gumbau tocó con la mano un balón dentro del área que pasó desapercibido tanto para García Verdura como para Jaime Latre en la sala VAR.

Eso sí, más allá de las controvertidas decisiones arbitrales de García Verdura, la realidad es que el Deportivo Alavés mostró una de sus versiones más discretas de la temporada. Era el día para dejar virtualmente sellada la permanencia, pero el Granada fue el equipo que, desde el inicio, luchó por los tres puntos.

Con el 2-0 reflejado en el vídeomarcador y la apatía albiazul campando sobre el verde, Luis García movió ficha durante el tiempo de descanso en busca de un halo de esperanza. Rioja y Vicente, inéditos en los primeros 45 minutos, dieron paso a la pujanza de Sola y Abde. Al menos, la pareja de revulsivos sí que percutió por banda y generó algo de desborde ante la zaga local, que no es poco en comparación con sus homónimos.

Desde luego que tampoco fue el día de Samu Omorodion. El joven ariete albiazul regresó a un escenario hostil y sufrió ante la dureza física y las tablas de la retaguardia nazarí. Apenas tocó balón y, en la línea del último mes, no encontró la fórmula para asociarse con sus compañeros de la sala de máquinas. Justo lo contrario a Panichelli, quien, bajo el criterio de Luis García, estuvo más fino en el último tercio.

Previsibles 

El Alavés fue incapaz de generar una sensación de amenaza a un equipo con notables carencias defensivas y que, hasta la fecha, había pagado caro sus errores en la retaguardia. Y es que el Granada llegaba a la 31ª jornada inmerso en una delicada dinámica de once jornadas sin victoria y, salvo en una jornada habiendo encajado gol en todos los compromisos de liga. Argumentos de sobra como para hurgar en la herida, pero que el Glorioso no supo aprovechar en Los Cármenes fruto de su imprecisión con el esférico.

En definitiva, el Deportivo Alavés desperdició ayer una oportunidad de oro para afianzarse en la zona tranquila de la clasificación y llegar con más tranquilidad a las últimas siete finales. Y más allá del pobre resultado, la nota negativa reside en la falta de actitud mostrada por un equipo al que se le volvió a escurrir de sus manos la posibilidad de dejar hechos los deberes.