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1-0, minuto 43: Ortuño. Pérdida de Juli que propicia una rápida acción de Hinestroza por la derecha y su centro para el remate de Ortuño al ganarle la partida a Einar.

Amonestó a Guichón (minuto 6), Toquero (minuto 9), Raúl García (minuto 32), Estrada (minuto 37), Diamanka (minuto 45), Ortuño (minuto 60) y Dani Pacheco (minuto 85).

zaragoza - El Deportivo Alavés se ha empeñado en mostrarse inoperante durante demasiados minutos, en sestear y porfiar en exceso hasta decidirse a pisar el acelerador. De nuevo ayer en Zaragoza, El Glorioso regaló mucho tiempo a su rival. Toda una primera parte que el cuadro maño, a base de insistir, acabó aprovechando para desequilibrar el marcador con un tanto de Ortuño que acabaría siendo definitivo. Y es que la reacción de la segunda mitad, que por otra parte estuvo lejos de ser furibunda, resultó insuficiente para inquietar a un oponente que tenía mucho miedo en el cuerpo por el lastre que arrastraba, pero al que el Alavés no le hizo sufrir en exceso. Tras su ilusionante arranque de curso, este equipo se ha perdido en medio de una inoperancia alarmante que hay que solucionar de manera inmediata para no seguir regalando puntos a cada oponente que se cruza en el camino.

Dibujó Bordalás un once con muchas novedades, tanto en forma de nombres como desde el punto de vista táctico. A un cambio obligado como la titularidad de Einar por las ausencias de Pelegrín y Borda, se unieron las entradas de Estrada y Juli para variar el dibujo. Ante el poderoso centro del campo del Zaragoza, el preparador albiazul optó por fortalecer esa zona con Mora ejerciendo de ancla y Carpio -Estrada actuó como lateral derecho- y Manu García como interiores para morder en la presión y supliendo la habitual doble punta por una sola referencia -Barreiro se quedó en el banquillo- con Juli cayendo a banda diestra en detrimento del habitual Femenía.

La acumulación de elementos, por parte de los dos contendientes, en la zona ancha hacía prever un duelo muy trabado. Nada más lejos de la realidad, ya que la velocidad en las transiciones de unos y otros estuvo muy por encima del juego pausado. Morder en la presión y contragolpear con celeridad. Y pese a que el Alavés es un equipo que interpreta a la perfección este guión, el Zaragoza, un equipo de enorme poderío físico y mucha capacidad para desequilibrar por las bandas, demostró que se desenvuelve de maravilla en ese mismo estilo y del cuadro maño fueron las mejores oportunidades. Un par de remates desviados y una intervención salvadora de Pacheco supusieron los primeros avisos -la mayoría de ellos tras errores propios en la salida de balón-, mientras que por parte albiazul las llegadas a los dominios de Bono apenas generaban inquietud en el marroquí.

Con el paso de los minutos, el juego vitoriano comenzó a hacer aguas y los problemas con el balón se convirtieron en evidentes y también enormemente peligrosos para sus propios intereses. Y es que las pérdidas constantes permitieron al cuadro blanquillo disfrutar de espacios para sus contras y plantarse en varias ocasiones con actitud amenazante frente a la portería defendida por Pacheco. Así hasta que al borde del descanso, y tras la enésima pérdida, en este caso de Juli, una acción de calidad de Hinestroza la embocaba Ortuño tras ganarle la partida a Einar al borde del área pequeña. Se consumaba la debacle y tocaba reflexionar en el vestuario.

Buscó estirarse El Glorioso en el arranque del segundo acto y comenzó a inquietar a La Romareda con sus primeras aproximaciones de aviesas intenciones que en poco se parecían a la inocencia mostrada hasta ese momento. Los propios miedos locales contribuyeron a que la sensación de inquietud se incrementase y Bordalás no dudó a la hora de ejecutar con rapidez los primeros cambios, dando entrada a Barreiro y Dani Pacheco, quien a punto estuvo de convertir un gol olímpico, pero entre Bono y el palo lo evitaron.

Desgraciadamente, esa reacción albiazul se asemejó en exceso al efecto de una gaseosa barata. Mucha efervescencia al principio, pero una pérdida de intensidad demasiado rápida. Chispazos muy espaciados, sin ninguna continuidad en el asedio y sin apenas inquietar a un Zaragoza más nervioso que amenazado y que acabó salvando una situación de riesgo sin sufrir en exceso.

Muy poca cosa. El Alavés volvió a regalar toda la primera parte -su plan inicial fracasó por completo-, unos 45 minutos en los que se cansó de perder balones peligrosos hasta que el Zaragoza se acabó poniendo por delante en el marcador al borde del descanso. A la reanudación, el cuadro albiazul buscó la portería de Bono, pero tampoco con demasiada insistencia y con una efectividad nula.

Desastre con el balón. El Alavés protagonizó una primera parte de un nivel muy bajo en la que cometió infinidad de errores con el balón que permitieron al Zaragoza atacar con muchos espacios. Y justo cuando parecía que se había capeado lo peor del temporal y con el partido ya al borde del descanso, la enésima pérdida concluyó con el gol de Ortuño.

Reacción escasa. El cuadro albiazul buscó la ofensiva en la segunda parte tras haber desdeñado el ataque en la primera, pero la faltó continuidad y también insistencia para poner en mayores apuros a un rival muy nervioso que apenas sufrió.

El guardameta albiazul fue de lo poco salvable en el partido de ayer, ya que tuvo unas cuantas intervenciones positivas y evitó males mayores en la primera parte. Bien en sus salidas.

Bordalás apostó por el guipuzcoano de inicio en el lateral derecho y el exjugador de la Real Sociedad naufragó por completo ante la velocidad de un Hinestroza que le desbordó.