El 30 de agosto se conmemora el Día Internacional de las Personas Desaparecidas, una fecha que simboliza no solo el recuerdo a quienes faltan, sino también el acompañamiento a sus familias y la exigencia de respuestas y apoyo.
En este marco, la Cruz Roja desarrolla desde 2021 el proyecto de Personas Migrantes Desaparecidas, integrado en el Servicio de Restablecimiento del Contacto Familiar, con el objetivo de mejorar la eficacia en la respuesta a las solicitudes de búsqueda de personas desaparecidas y fallecidas en rutas migratorias por vía marítima. Esta labor se complementa con apoyo psicológico, jurídico y material para las personas y familias afectadas.
En Álava, este servicio cuenta con la implicación de Amaia Mirari Riaño, Técnica de Asesoramiento Jurídico a Personas Extranjeras en la sede de Vitoria-Gasteiz, desde donde se ofrece atención a quienes lo demandan. En la capital alavesa, el equipo de Cruz Roja se centra sobre todo en el acompañamiento psicológico a las familias que buscan a una persona desaparecida.
“Cuando nos llega una demanda, derivamos a la persona a alguien del programa que pueda atenderle. Se concierta una cita y comienza la entrevista, para indagar qué necesita, si tiene información sobre el viaje… Una vez recabados los datos –fotos, mensajes, números de teléfono–, se completa un formulario y todo se envía a la oficina central de Cruz Roja en Madrid, que es la que gestiona la búsqueda”, explica Amaia.
Durante todo el proceso de búsqueda y en la finalización del mismo, Cruz Roja ofrece acompañamiento psicosocial a las familias
Ella misma matiza que “lo que hacemos aquí es acoger a la persona y acompañarla presencialmente, pero la búsqueda como tal se realiza desde Madrid. Nuestra función principal es el acompañamiento, estar en contacto con esa persona, servir de referencia, de modo que si aparece información pueda transmitírnosla”.
La tarea no consiste solo en tramitar datos, sino también en escuchar y sostener emocionalmente a las familias. “Es acompañamiento psicológico y, sobre todo, estar. Escuchar, porque esa persona viene y te cuenta el relato de que no sabe dónde está su familiar, pero todo ello conlleva un contexto porque no es solo que alguien haya desaparecido, sino que esa persona tiene familia en origen y en destino. La desaparición de un migrante nunca es sencilla para quienes quedan a ambos lados”, subraya Riaño.
Apoyo psicológico
El manejo de emociones se convierte en un eje del proyecto. “Trabajamos desde la empatía, pero también desde la gestión de expectativas. Cuando hablamos de personas desaparecidas, puede que aparezcan o puede que no. Esa incertidumbre implica enfado, tristeza, desconfianza. Por eso hay que generar un vínculo para que las familias sientan que hacemos todo lo posible por obtener información. Y al mismo tiempo, hay que trabajar mucho con sus expectativas: si se encontrará a la persona, si está viva o no… Todo ello es parte de la complejidad del proceso”, explica.
La información corroborada permite a Cruz Roja reconstruir lo ocurrido para dar respuesta a las solicitudes de búsqueda
Aunque el proyecto está implantado principalmente en tres zonas de España –Levante, Canarias y el sur peninsular–, también llegan casos a Álava, aunque no superan la docena. Durante la recogida de datos, un aspecto que juega a favor de las familias es el uso de los teléfonos móviles. “Normalmente, las personas que emprenden un viaje migratorio, cuando llegan a la costa, suelen comunicarlo a un familiar o amigo aquí. Entonces, cuando no llegan ni dan señales, las familias lo perciben de inmediato y suelen contar con bastante información”, señala Riaño.
Terminología adecuada
En este contexto, se denomina ‘evento’ a cualquier suceso marítimo que pueda implicar la desaparición de personas. Una vez que se tiene constancia de un naufragio u otro evento similar, comienza la investigación, sin necesidad de esperar a que lo solicite una familia. Desde ese momento se genera una narrativa de lo sucedido en tiempo real, gracias a un riguroso proceso de recogida, análisis y verificación de datos procedentes de fuentes primarias y secundarias.
El perfil más habitual de quienes recurren al proyecto son familiares de personas africanas. “Las embarcaciones suelen salir de Marruecos, Argelia o Túnez, pero quienes viajan proceden de distintos lugares”, puntualiza Cruz Roja. Así, la búsqueda puede iniciarla una madre o un padre que sabe que su hijo se embarcó y no ha vuelto a tener noticias. “El perfil es muy variado. Hablamos sobre todo de familiares de personas africanas en tránsito que saben que cogieron una embarcación o intentaron cruzar la valla y no tienen noticias. Puede ser simplemente que el móvil se haya roto o quedado sin batería, o puede tratarse de un naufragio”, explican.
Según Riaño, las personas migrantes desaparecidas “por lo general son hombres”. “Sabemos que las embarcaciones suelen estar compuestas mayoritariamente por varones de 20 años en adelante, pero también viajan menores, niños, niñas y mujeres”, añade.
En los últimos diez años, de las 2.690 solicitudes recogidas por Cruz Roja en relación con desapariciones de personas migrantes en pateras, el 68% de los casos sigue activo, mientras que el resto se ha dado por cerrado. Asimismo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha contabilizado desde 2014 un total de 75.880 muertes y desapariciones de migrantes en el mundo.