Las campas de Armentia están siendo este martes, como manda la tradición, el gran epicentro festivo de San Prudencio, el lugar que ejerce de perfecto anfitrión para toda Álava y quienes no acostumbran a perderse esta cita.
Aunque la mañana ha comenzado algo fría desde el plano meteorológico, las personas reunidas en el concejo gasteiztarra se contaban ya por miles desde primeras horas, recorriendo los alrededor de 200 puestos instalados para la ocasión, degustando los primeros talos de la jornada –a 7 euros este año– o disfrutando de los numerosos atractivos del programa, como la animación infantil.
Pocas de ellas sentadas todavía en el verde, eso sí, humedecido tras las intensas lluvias de la víspera.
Sin embargo, el sol ha comenzado a aparecer tímidamente alrededor del mediodía, tras la misa celebrada en la basílica, y Armentia ha adquirido ya su habitual color festivo de todos los 28 de abril.
Una tradición a inculcar
Ahí estaban, por ejemplo, Iker, Naroa y la pequeña Ane, "aprovechando la mañana" desde primera hora dado que la amenaza de precipitaciones volvía a estar sobre la mesa para la tarde.
Y, con permiso de los caracoles, los perretxikos o la tarta de San Prudencio, con el otro gran manjar de la fiesta en mano. "Comerse el talo es casi obligatorio", bromeaba Ane.
"Nos suele gustar venir a ver un poco el ambiente y estar en la campa. Ahora tenemos a la cría, ya con dos años, y aún y todo hemos venido con ella todos los años, para intentar inculcarle un poco también esta tradición que tenemos los alaveses", remarcaba esta familia gasteiztarra, bien equipada con una gran manta de picnic para sentarse cómodamente sobre el césped.
Muy cerca se encontraban Patxi, Lúa, Maddi, Ángel, Vicen y Susana, animados a pasárselo "lo mejor que se pueda" en Armentia.
“Venimos todos los años y nos ponemos siempre por aquí. Este año un poquito más arriba porque ahí está muy húmedo", señalaba Vicen.
Habituales de las campas -"el año que no he venido es porque he faltado”-, bromeaba Ángel, la jornada se presentaba llena de diversión. El plan, "bailar si se puede", ver los puestos y, por supuesto, "llenar la tripa".
Disfrutar del ambiente
Como todos los años, Armentia se convierte por San Prudencio en un colorido escenario intergeneracional, donde conviven y disfrutan del ambiente personas de todas las edades y de todos los puntos del territorio, aunque por motivos obvios predominen las y los gasteiztarras.
De entre los jóvenes, también perfectamente pertrechados para la ocasión con sus mantas, neveras y bolsas para echar los residuos, tampoco ha tardado en subir a las campas el grupo integrado por Lucía, Iker, Beñat, Gerardo y, también, Lucía.
"Hemos venido pronto desde la mañana ya a disfrutar del día y a pasarlo bien hoy", apuntaba Gerardo.
El plan, como para todo el mundo, sencillo y fisuras, aunque sin dejar de mirar al cielo por el rabillo del ojo: "Estar aquí, disfrutar un poco de la música y del ambiente y dar un par de vueltas”. “No creo que nos movamos mucho”, reconocía, sonriente, una de las Lucías.
"Somos alaveses y se mama"
Zuriñe, Valentina, Casimiro, Naia y el pequeño Erik tampoco han querido perderse la atmósfera festiva de Armentia. “Nos gusta el ambiente. Somos alaveses y al final... se mama, como quien dice", reconocía la primera.
Un paseo, unas compras en los puestos -las rosquillas nunca fallan- y, al poco, vuelta a comer a casa ha sido el plan seguido por esta familia: Caracoles, como no podía ser de otra forma.