Una hilera de puestos ocupa los aledaños de las campas de Armentia desde la escultura del santo hasta la basílica y da la vuelta por detrás del templo. Embutidos, rosquillas, frutos secos, encurtidos, quesos, helados etc.
La oferta se amplía cada año, ya no solo con la venta de alimentos típicos, ya que cada edición se instalan más puestos de textil, marroquinería, bisutería y otros artículos que poco tienen que ver con la gastronomía propia que endulza el día de San Prudencio.
La gente madruga para saborear la fiesta y aprovechar la tregua que a primera hora da la lluvia. La escultura del santo amanece ya florida para ser retratada. Cerca Pilar despacha rosquillas blancas, negras, fritas y obleas, junto a otras tres familiares a las que ayuda. “La oblea gusta mucho a la gente en Armentia".
También la rosquilla de San Blas blanca, que es la más dulzona, pero se vende todo; muchos jóvenes compran después, cuando se marchan de las campas, para llevar a casa y a las amamas”, sostiene.
La oferta de rosquillas es tremenda; las que despacha Pilar están elaboradas es un obrador de Amorebieta y las hay de 4,50 a 8,5 euros, casi todas por docenas, aunque también vende paquetes más pequeños de ocho rosquillas.
Perretxikos por tradición
Todavía queda algún stand de perretxikos, no se ven caracoles y sí una amplia variedad de repostería y dulces.
Luis atiende uno de los puestos de perretxikos de Kuartango y de Navarra. Los alaveses están a 80 euros y los navarros a 60 euros. A pesar del precio, en San Prudencio se venden, la gente se da el capricho “por tradición”, entiende.
Son las 10.00 de la mañana y las campas lucen verdes, húmedas y vacías de gentío, pero el panorama cambiará en pocas horas con la llegada de familias y cuadrillas de amigos y amigas citados para disfrutar comiendo y bebiendo; cantando y bailando alrededor del emblemático templo románico al que comienzan a entrar los primeros feligreses.
Sin embargo, alrededor de los puestos cada vez se congrega más gente. Miguel y Susana ofrecen en Clauval, un obrador familiar de Valladolid, todo tipo de repostería.
Un pueblo de artesanos
“Todos los años venimos a Armentia, ya tenemos clientela que nos ha llamado para ver si íbamos a estar; nos tratan muy bien y el público es muy bueno en Vitoria, sabe distinguir muy bien un producto artesano de otro que no lo es”, indica Miguel.
Las zapatillas son el dulce más típico de Arrabal del Portillo, un pequeño pueblo típico de artesanos reposteros y alfareros. Es un suave mantecado hojaldrado y con un toque de orujo que se deshace en la boca.
Además de las típicas zapatillas, lo que más vende por San Prudencio son rosquillas de San Blas y almendras garrapiñadas, ya que el mostrador de frutos secos también es amplio y variado en los mostradores de Clauval.
Paso obligado de los peregrinos que recorren el Camino de Santiago, la basílica de Armentia vive hoy su día grande con la visita de miles de alaveses que acuden a misa o simplemente se adentran en su interior para echar un vistazo o permanecer unos instantes rezando y en silencio en honor del patrón de Álava.
Fuera, a la par que discurre la procesión, comienza a extenderse el rico olor a txistorra, panceta y talo de los puestos cercanos; corre la sidra y el txakoli por las barras de las txosnas y se empiezan a descorchar las primeras botellas de tinto y blanco de Rioja Alavesa, paso obligado para romper la habitual tranquilidad de los 310 vecinos del pueblo que, más allá de la masiva subida a las campas de los vitorianos, también celebran sus fiestas con comida popular, campeonato de mus, teatro infantil, paseos a caballo, concurso de tortilla de patata y bailables, entre otras propuestas.
Quesos de Pirineos
Detrás de la basílica, Antonio da a probar a los transeúntes diferentes quesos de cabra de Pirineos, de la sierra de Guara. En general, son quesos de cabra mantecosos, pero este año, como novedad, ha traído a Armentia un queso azul elaborado con leche de vaca que compran, ya que la ganadería que comparte con su hermano es sobre todo de cabras.
Los quesos son, por lo tanto, de elaboración propia y una atípica forma para los quesos vascos, ya que son más planos, oscuros y de mayor tamaño. “Nuestro objetivo es elaborar quesos suaves y con poca sal”, describe Antonio.
Tradición, cultura y ocio
La de San Prudencio es una festividad que aúna tradición, cultura y ocio en un entorno natural privilegiado.
Para el aurresku de honor a las doce del mediodía, en las campas todo está listo para la exhibición de euskal dantzak a cargo de Arabako Dantzarien Biltzarra, con la participación del grupo Eguzkilore y la animación musical de la fanfarre Aramangelu que tanto gusta a las familias que con las bolsas de rosquillas y pastel vasco bajo el brazo se acercan al espacio de herri kirolak para no perderse la muestra de deporte rural vasco.
“No no, qué va, los conciertos de la tarde se los dejamos a los jóvenes. Nosotros ya hemos recorrido los puestos, comprado pastel vasco para el postre, entrado a la basílica y de aquí nos vamos a casa a comer, que ya estamos mayores”, cuentan Pilar y Santi, un divertido matrimonio que se jacta de subir todos los años a Armentia, como buenos alaveses.