Las cuatro ergoienas de Agurain, Arrizala, Alangua, Opakua y Egileor son cuatro aldeas históricas situadas al sur del municipio, en la ladera de los montes de Iturrieta, que tradicionalmente han dependido de esta villa alavesa.
A día de hoy mantienen vivas sus tradiciones como el rito de bendición de cultivos adaptándolo al siglo XXI para pedir prosperidad y la protección de su entorno rural.
Un año más, tal y como se lleva haciendo desde tiempo inmemorial, los vecinos de las pequeñas localidades de Arrizala, Opakua y Alangua –este año no han acudido los de Egileor– han pedido por sus campos en las tradicionales rogativas de la Ascensión.
El origen de las oraciones públicas en el entorno rural
Una quincena de personas se dieron cita el pasado sábado por la tarde en la pequeña localidad de Arrizala para celebrar las rogativas. Son oraciones públicas que se hacen en la iglesia romana en los días que preceden a la fiesta de la Ascensión, para pedir a Dios la conservación de los bienes de la tierra y la gracia de estar libres de los azotes y desgracias.
El rito ancestral de las cuatro ergoienas de Agurain se mantiene intacto como símbolo de fe y cohesión agraria. La palabra rogativa viene del latín y es sinónimo de oraciones, súplicas e invocaciones con el fin de alejar del pueblo los azotes de la Divina Justicia y atraer las bendiciones de su misericordia sobre los sembrados.
Las rogativas de las ergoienas hunden sus raíces en el catolicismo popular agrario medieval. El origen de estas oraciones públicas respondía a una necesidad vital: la total dependencia que los labradores tenían de la meteorología para subsistir.
Ante la amenaza constante de sequías, plagas o granizadas que pudieran destruir el sustento de todo un año, las comunidades rurales institucionalizaron estos paseos litúrgicos invocando la protección divina sobre sus cultivos.
Evolución de la festividad
El paso de las décadas ha transformado la logística, pero no la esencia del encuentro. Antiguamente se realizaba de manera estricta en un día laborable pre-Ascensión. En la actualidad, para facilitar la asistencia de los hijos del pueblo que trabajan en Vitoria o Salvatierra, la festividad se ha trasladado a fin de semana.
Si bien en sus inicios el factor puramente supersticioso y de supervivencia económica marcaba el paso, hoy se vive como una jornada festiva y cultural que sirve para estrechar lazos vecinales.
“Ver llegar las cruces y juntarnos todos en el cruce de Arrizala sigue poniendo los pelos de punta. No es solo un acto de iglesia; es el día en el que los cuatro pueblos recordamos que somos uno solo frente a la sierra”
Las cuatro cruces, laboriosamente labradas y con motivos religiosos, encabezaron la comitiva en la procesión que recorrió la calle principal de Arrizala hasta llegar a la iglesia de San Esteban, que abre sus puertas en ocasiones contadas. Durante el recorrido se cantaron letanías.
Ya en el templo Álvaro Ruiz de Gordoa fue el encargado de tocar la campana para rememorar aquellos tiempos en los que estas eran el único medio de comunicación entre las aldeas.
Homenajes y recuerdos en la iglesia de San Esteban
En el exterior el párroco Manu fue el encargado de dar lectura al acta de la celebración del pasado año, a la que asistieron 14 personas.
“El 31 de mayo de 2025 tuvo lugar en Arrizala la celebración de las rogativas. Asistieron las cruces de Arrizala, Alangua y Opakua. Simón nos habló de la bula de 1582 que otorga a Arrizala reserva, pila y sepultura. Paqui nos regaló vino dulce y pastas caseras”, atestiguó el escrito.
Mila no quiso dejar pasar la oportunidad de dedicar las rogativas de este año a su hermano Jandro, fallecido hace 15 días, y que durante años se encargó de portar la cruz de Arrizala en el acto.
Álvaro recordó la figura de Onofre Pérez, quien ya recogía que “desde 1574 los cuatro pueblos se juntaban en Arriazala, pero tenían que ir a otras cuatro ermitas”.
A la salida del templo, los presentes se reunieron para la bendición de los campos. En el acto suplicaron “con humildad que nos concedas siempre cosechas abundantes, des fertilidad a nuestros sembrados y alejando de nuestros campos las tormentas y el granizo, las semillas puedan germinar con abundancia”.