Álber Vázquez. Escritor
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"Las figuras históricas controvertidas son las más apetecibles"

Parafraseando uno de sus propios títulos, el autor de Errenteria escribe a borbotones, siempre después de un proceso de documentación que roza lo obsesivo. Con todo, sus obras no buscan aleccionar sino entretener

20.09.2021 | 00:00
Foto: Eva Acha

¿Cuántos libros tiene entre manos?

—Dos, como siempre: el que voy a publicar y el que estoy escribiendo. Lo cual resulta un tanto esquizofrénico, pues me preguntan por una historia cuando yo tengo la mente en otra, pero son gajes del oficio.

¿Qué tiene que tener una historia para que lo arrastre a escribirla?

—Debe merecer el cuento. Hay muchas historias grandes que no lo merecen; y muchas pequeñas que sí. Esa es la clave de una buena novela: que el autor haya sabido ver la posibilidad del relato que se oculta tras el hecho.

¿Ha dejado muchas a medias?

—Ninguna. Y toco madera. Lo que sí hago es rellenar muchas libretas con ideas incipientes que quizás nunca desarrolle.

¿Se ha decantado ya por las novelas históricas?

—No. Publicaré más novelas contemporáneas. También es cierto que yo no compartimento demasiado mi trabajo: yo escribo novelas, a secas. A veces, transcurren en el presente, y a veces en el pasado. Una novela sólo es un relato, una mirada. Da igual hacia dónde, y lo demás es esnobismo.

¿Es posible hacer ficción y ser fiel a los hechos al mismo tiempo?

—Sí, sin duda. Aunque toda mirada a la historia sea una interpretación, esta puede hacerse desde el respeto a los personajes. Se nota mucho cuando un autor está narrando sin respeto ni amor por la época en la que narra.

¿Por qué sus personajes de hace varios siglos hablan con lenguaje actual?

—Por ser consistente. Puedo recrear el habla española de hace cuatro siglos. Pero ¿y la de un inglés que en la novela está hablando en castellano? ¿Y la de un romano? ¿Y la de un samurai?

No le tiene miedo a escoger figuras históricas controvertidas...

—Literariamente, son las más apetecibles. Lo que te da un Vasco Núñez de Balboa no te lo da nadie.

¿Qué le parece la revisión del pasado con ojos actuales?

—Nefasta. Cuando tiran una estatua de Cristóbal Colón, hacen un ridículo grandioso.

En las redes, no se corta a la hora de denunciar ese revisionismo...

—Porque, además, es muy parcial. Se revisa concienzudamente el siglo XVI español pero a todo el mundo le caen bien los piratas del Caribe, que eran asesinos y violadores. O los vikingos, que eran ladrones y saqueadores. Colón fue un navegante de primerísima fila y un gran científico. Se merecía un Nobel, no que lo acusen de perrerías que no cometió.

A veces, sus tuits son polémicos. ¿Ha pensado en cerrar la cuenta?

—No, claro que no. En Twitter, hablo de las cosas que me preocupan o me interesan. Si alguien no está de acuerdo, está en su derecho, pero yo no voy a dejar de decir lo que digo.

¿Y se ha planteado ser, digamos, menos sincero?

—Me he planteado ser menos hater. Es decir, tuitear más en positivo, más acerca de lo que me gusta y menos sobre lo que me disgusta. Pero a mí me seducen los tuiteros sinceros, que cuentan lo que se les pasa por la cabeza, sin crear un personaje impostado.

¿Se siente integrante de alguna generación o alguna corriente literaria?

—Hace décadas que no existen las corrientes literarias. Qué viejuno es usted.

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