Karrantza: un paseo por el valle más extenso de Bizkaia

Un balneario de elite, mansiones indianas, pinturas renacentistas o formaciones geológicas de talla mundial invitan a perderse por el valle más extenso de Bizkaia. Es Karrantza, un destino no muy conocido.

17.08.2020 | 20:57
Una panorámica de este valle vizcaíno.

El edificio acusa el paso del tiempo, pero debió impresionar a quienes franquearan el portón de entrada en su etapa de plenitud. El proyecto posiblemente fuera erigido "en los últimos años de la primera década del siglo XX, puesto que la fecha 1911 figura en la fachada principal", según detalla Leyre Barreras, de la empresa turística Leykatur, que desentraña los secretos de la zona. Los antepechos de hierro de los balcones "muestran una curiosa composición a base de elementos radiales a modo de abanico o mantón de manila", en alusión al negocio textil de una figura crucial para el valle de Karrantza: Romualdo Chavarri. El palacio, que perteneció a su sobrino Urbano, pervive, como testimonio de la herencia indiana arraigada en el municipio más grande de Bizkaia, en el centro de la finca que hoy alberga el albergue de acogida de animales silvestres Karpin Fauna.

Pero medio centenar de barrios desperdigados en 137 kilómetros cuadrados abarcan mucho más: maravillas geológicas como la cueva de Pozalagua, una de las cavidades subterráneas más descomunales del Europa o un balneario en el que la élite tomaba las aguas.

El Karpin recibió en 2019 a unas 50.000 personas, que lo consolidan como el recurso más visitado de la comarca de Enkarterri. Aunque la ausencia de excursiones de colegios y actividades a cubierto, y la reducción de su aforo a la mitad por el coronavirus para garantizar el cumplimiento de las medidas de seguridad imposibilitarán que se repita ese balance, la Mancomunidad, propietaria de las instalaciones, espera que el turismo de proximidad se presente como alternativa en una temporada alta tan atípica. Inaugurado a mediados de los años noventa, proporciona una segunda oportunidad a criaturas de 55 especies diferentes incautadas en tráfico ilegal, abandonadas o procedentes del cierre de granjas de cría, en un terreno de veinte hectáreas. El recorrido por las historias de los animales pretende concienciar en el respeto al medio ambiente. Las familias también pueden adentrarse en el campamento Terrasauro y sus reproducciones de las especies que popularizó la película Parque Jurásico y aprender sobre la evolución en el planeta tras la extinción de los dinosaurios.

Una pantera en el Karpin.

Para rastrear la historia de la saga que habitó en este mismo lugar hay que remontarse a Romualdo Chavarri. Nacido en 1819, a los 14 años emigró a Puerto Rico, donde levantó un comercio de telas que le permitió amasar una fortuna. Permaneció soltero, de modo que su legado se distribuyó entre sus catorce sobrinos, dos de los cuales, Urbano Chavarri (1852-1941) y Polonia Chavarri López (1868-1955), contrajeron matrimonio y heredaron la finca del Karpin. Había estudiado Ingeniería de caminos, canales y puertos en Inglaterra y a él se debe el diseño de la mansión, con dependencias como capilla, sacristía, estudio de fotografía, gimnasio, sala de billar y estudio de pintura. El complejo, de 32 habitaciones y 14 chimeneas, también disponía de perrera, estanque con embarcadero, invernadero, lavadero, establo, gallinero y garaje. Todo un Downton Abbey en el corazón de Bizkaia.

Retablo oculto


En el mismo barrio de Biañez donde se enclava esta residencia reconvertida en segundo hogar para animales nació el mencionado indiano Romualdo Chavarri, benefactor de su localidad, quien, aunque vivía en Madrid, pidió ser sepultado en Karrantza. Sin embargo, "surgió un decreto de la Corona que prohibía las sepulturas en el suelo de las iglesias". Sumamente creyente, Romualdo pensaba que "cuanto más cerca del altar te enterraban, más cerca de Dios estabas". Normalmente los linajes acaudalados "pagaban al cura y eran inhumados en la parte delantera" y así sucesivamente: a menor aportación, más lejos del altar. Solventó la situación comprando su querida iglesia de San Andrés de Biañez, "de forma que la convirtió en propiedad privada y así pudo reposar donde quería sin tener que dar explicaciones a nadie", reformándola para acondicionar una cripta. Para compensar a los vecinos que habían perdido su lugar de culto "encargó construir otra iglesia y un cementerio, como mandaba la ley".

Al diseminarse sus bienes entre sus numerosos descendientes, el deterioro se apoderó del templo. No fue hasta su retorno a la diócesis que la Diputación Foral de Bizkaia emprendió obras de restauración en las que se retiró un retablo de madera que desveló otro pintado con escenas como el martirio de San Andrés y la Pasión Viviente, "considerado el más importante de la cornisa cantábrica". Por un lado, "porque data de finales del siglo XV, principios del XVI", y por otro "porque no se ha dado con ninguno de esa fecha tan grande como éste: mide 92 metros cuadrados", precisa Leyre Barreras.

Otros indianos que se enriquecieron al otro lado del océano quisieron manifestar su progresión social ante sus vecinos. Frente al Ayuntamiento se alza el chalet Hernáiz, proyectado por los hermanos Francisco y Lorenzo Hernáiz, que habían emigrado a Puerto Rico y cuyo éxito también se forjó en el sector textil. Le encargaron el edificio al arquitecto vasco francés Jean Batiste Darroqy en 1904, con elementos eclécticos y modernistas. En 1971 se sometió a una reforma para acondicionar tres viviendas, una por planta.

Por su parte, Luis Portillo Rodrigo prosperó en Cuba con un negocio de tostadero de café. En 1901 adquirió un caserío de estilo trucense que quiso reformar para hacer de él su retiro de verano en Karrantza, confiando el proyecto también a Darroqy, como explica el historiador del arte Gorka Pérez de la Peña Oleaga. Ambas propiedades están protegidas por la Diputación Foral de Bizkaia.

De entre las múltiples iglesias del valle destaca la de San Miguel de Ahedo, construida en el siglo XVII seguramente sobre otra anterior, a juzgar por un hallazgo realizado entre sus paredes. Como en Biañez, una restauración también destapó una grata sorpresa artística en forma de talla piramidal en piedra arenisca, dos de cuyas caras (que representan a dos hombres ataviados con capuchas, que parecerían de monjes y, por otro lado, a un guerrero) estaban incrustadas en una fachada lateral, mientras, la tercera se divisaba desde el exterior: una representación se cree que del santo al que está consagrada la iglesia, con unos cuernos que le otorgaban apariencia demoníaca. Cuentan que los fieles le arrojaban piedras en Semana Santa. Una réplica lo reemplazó tras las obras para proteger el original románico.

La iglesia de San Miguel de Ahedo.

Algunas fuentes asocian San Miguel de Ahedo con la legendaria orden del Temple, como el historiador Labayru, quien en el siglo XIX menciona a tres caballeros supuestamente enterrados en la iglesia. Según esta hipótesis, el prisma sería una estela funeraria que representa al hijo templario de un noble carranzano y dos compañeros que se refugiaron aquí en el siglo XII.

Azorín, Maura, aduaneros...


El balneario de Molinar procuraba un retiro, pero vacacional y sanitario. Uno de los médicos que se hospedó allí en el siglo XIX se refirió en sus memorias a un cura francés que en 1798 hizo un alto en Karrantza huyendo de la convulsa situación política de su país. Le atribuye el descubrimiento de las aguas hidrotermales, al percatarse de que el ganado que bajaba al río se dirigía a una zona de la orilla donde se concentraban sales y vapores a cerca de treinta grados.

Aquel mismo año se efectuaron los primeros análisis químicos y se proyectó la construcción de albergues para los bañistas y un puente sobre el río. En 1845, el Ayuntamiento cedió a Rafael Guardamino (subsecretario del Ministerio de Gracia y Justicia) la propiedad de los manantiales y parte del terreno circundante para construir el balneario desviando el cauce.

El 6 de agosto de 1849, el Gobierno declaró la utilidad medicinal de las aguas de Karrantza, que rápidamente se popularizaron entre la alta sociedad. Fletaban servicios de coche para transportar a los huéspedes desde y hasta Bilbao en cinco horas de trayecto, y otras líneas conectaban con Santander, Laredo y Ramales. Más tarde se incorporó un apeadero del tren.

Durante la temporada oficial, que se extendía desde el 1 de junio hasta el 30 de septiembre, podían disfrutar de tratamientos para aliviar "los padecimientos reumáticos, gota, gastralgias, acedías del estómago, flatos ardorosos, padecimientos de hígado, bazo, mesenterio, riñones, cistitis, cólicos ventosos, clorosis y neuralgias". En las mesas se servían exquisitos menús, "abundando diariamente salmones, truchas, merluza, anguilas, mero, cangrejos y otros pescados finos", según recogía una guía de viaje de la época de la que se hace eco la Oficina de Turismo del municipio. Para bolsillos menos pudientes se construyó una fonda en las inmediaciones.

Entre 1885 y 1901 tomó forma el edificio actual, el mismo en el que se alojó el escritor Azorín en 1904 durante un viaje por baños de agua de Euskadi, cuyas crónicas se publicaron con el título Azorín veraneo sentimental. En unas instalaciones "discretas, se sintió incluso agradecido con el fundador por crear un lugar así" y alabó el carácter "solícito y amable" del servicio. En 1908 Karrantza recibió la ilustre visita de Antonio Maura, presidente del Consejo de Ministros de España e íntimo amigo del propietario. En el siguiente decenio, la instalación se modernizó con la instalación de corriente eléctrica, que se aplicó a estancias y tratamientos.

La época dorada del balneario tocó a su fin con la Guerra Civil. Durante el conflicto fue ocupado por las tropas republicanas y transformado en hospital con capacidad para 165 camas y medios de transporte de heridos. Con la llegada de las tropas franquistas se convirtió en campo de prisioneros. Los padres Palotinos intentaron recuperar los baños termales, si bien la historia tenía otros planes. Tras el desembarco de Normandía, "500 aduaneros alemanes de la frontera franco-española fueron temporalmente alojados en el balneario, donde permanecieron internados en régimen de libertad vigilada hasta enero de 1946". Uno de ellos guardó testimonio de su vida cotidiana en viñetas que se exhiben en la cafetería (se trata de copias, por el valor histórico de las auténticas). Desde la década de los cincuenta el recinto acogió un colegio, estudios para los jóvenes que deseaban ingresar en la orden y escuela hogar, antes de recuperar el circuito termal.

Apeadero para el balneario de Karrantza, fotografiado en 1912.


El ambiente de antaño embarga al visitante al bajar las escaleras de acceso a la sala de inhalación de 1907 que se conserva en el jardín, decorada con estampas de paisajes holandeses pintadas a mano en azul sobre los azulejos blancos.

Al abandonar el recinto, continuando por la carretera en dirección a Cantabria, enseguida un letrero avisa de la desviación hacia la cueva de Pozalagua. El tesoro por antonomasia del valle salió a la luz el 28 de diciembre de 1957. La noticia del descubrimiento de un mundo subterráneo a consecuencia de la explosión de la cantera que extraía dolomía de la peña de Ranero corrió como la pólvora. No era una inocentada ni mucho menos, como pudieron comprobar los lugareños, maravillados por la riqueza de las formaciones geológicas en aquellas primeras incursiones prácticamente en la oscuridad.

Estalactitas excéntricas


La lluvia "se empapa a través de la montaña y va arrastrando los minerales que tiene esa montaña. Cuando encuentra una grieta en el suelo que, a su vez es el techo de la cueva, se filtra y el mineral arrastrado se va sedimentando, de forma que se crea la formación. La que crece en el techo de arriba hacia abajo es la estalactita, la que crece en el suelo de abajo hacia arriba, la estalagmita. Cuando con el paso de los años se juntan forman las columnas", describe Leyre Barreras, de la empresa turística del valle de Karrantza Leykatur.

La joya de la corona son las estalactitas excéntricas, que se rebelan contra la ley de la gravedad. Se han elaborado múltiples teorías en torno a este fenómeno: "las corrientes de aire, los campos magnéticos de los minerales... Pero la que coge más fuerza entre los expertos se centra en el magnesio: dicen que este mineral impide un crecimiento como el de la estalactita convencional", señala.

Cabe reseñar que la dolomía que abunda en la zona "se compone de carbonato cálcico y magnesio". Una de las mayores concentraciones de excéntricas del mundo se puede admirar en la denominada sala Versalles. Los geólogos estiman el crecimiento de las formaciones en "un centímetro cada cien años, por lo que se calcula un periodo de gestación de millones de años para la cueva". Durante el recorrido por las galerías de 125 metros de largo, 25 de ancho y veinte de alto las guías insisten en la prohibición de tocarlas.

Imagen del interior de la cueva de Pozalagua.

Una movilización vecinal sin precedentes catapultó a la cueva de Pozalagua al triunfo en el concurso de mejor rincón turístico del Estado para la Guía Repsol en el año 2013, que se tradujo en un notable incremento de presencia turística. Además, este enclave ha acogido congresos de asociaciones de grutas turísticas de España, el último de los cuales se celebró en febrero. Los asistentes también pasearon cerca del anfiteatro excavado en roca, escenario de un festival de música en agosto que este año no se encenderá por la crisis sanitaria, y el centro de interpretación del Parque Natural de Armañón, con una preciosa panorámica.

Desde ese enclave, el material arrancado a la montaña desde 1956 por la empresa Dolomitas del Norte descendía a través de un tranvía aéreo que funcionó hasta 1976 a lo largo de casi tres kilómetros, con un desnivel de 281 metros y una pendiente del 9.8% hasta la fábrica del barrio Ambasaguas. Declarada por el Gobierno vasco Bien Cultural con la categoría de monumento, se convirtió en un museo que profundiza en la historia del emplazamiento y el proceso para generar los ladrillos refractarios que revestían los altos hornos.

Si se pudiera perforar en un área muy concreta de la cueva de Pozalagua a lo largo de veinte metros, el túnel desembocaría en la Torca del Carlista, uno de los espacios bajo tierra más grandes del planeta, que también se oculta en las entrañas de la peña de Ranero. Ocupa en total 103.115 metros cuadrados y tiene un volumen de 2,2 millones de metros cúbicos. En el mayor de los tres espacios que la componen cabría incluso el estadio del Nou Camp.

"La oscuridad era total y la linterna del casco apenas dejaba ver unos pasos más allá, así que, de manera instintiva, nada más soltarme de la escala saqué mi machete, por si tenía que pelear con algún monstruo". Así relata Jon Arana el primer descenso que protagonizó en 1958. Recoge la gesta el espacio expositivo habilitado en una de las salas del edificio que da acceso a la caverna. Al tocar el suelo se maravilló ante la belleza y diversidad que contemplaban sus ojos, como le sucede a todo el que recala en la localidad más occidental de Bizkaia. 

Las visitas


Karpin Fauna. Al 50% de su aforo, de forma que se permite el acceso de hasta 395 personas al mismo tiempo.  Horario de visita: entre las 11.00 y las 18.00 horas, con entradas en taquilla. 
 
Museo de Dolomitas. Horario de visita: sábados de 11.00 a 14.00 horas y de 16.00 a 18.00 horas, domingos y festivos de 11.00 a 14.00 horas. Debido al coronavirus, con reserva previa en el teléfono 661537712 o por correo electrónico a museodolomitas@gmail.com . También se pueden adquirir las entradas a través de la página web www.karrantza.org. Es necesario acudir con mascarilla.
 
Cueva de Pozalagua. Visitas con hasta 16 personas por cada pase y mascarilla obligatoria.  Horario de visita: hasta el 15 de septiembre, de martes a domingo y festivos de 11.00h a 20.00 horas. Último pase a las 19.00 horas.  
 
Visitas guiadas ofrecidas por la empresa Leykatur (más información en www.leykatur.com). Iglesia de Biañez, durante una hora, ocho euros por persona, cuatro por persona si son grupos.  Sueño Indiano, por el barrio de Concha, donde se concentran la mayoría de casas de esta época. Se da un paseo admirándolas desde el exterior, con la explicación de a quiénes pertenecían, a dónde emigraron, cómo labraron sus fortunas, así como las características generales de las casas y de sus jardines e instalaciones, comparando sus comodidades con las de los caseríos de la época. La excursión dura una hora y media y cuesta ocho euros, la mitad para grupos.