María Montesinos: "Siempre quise ser escritora, pero el periodismo me gusta mucho"

María Montesinos dejó en 2015 su trabajo en el mundo de la comunicación para dedicarse a escribir libros. Acaba de publicar la segunda historia de la que será una trilogía dedicada a la mujer en el siglo XIX. 'Una pasión escrita' coge el testigo a la primera novela de esta saga, que no de su autora: 'Un destino propio'.

29.06.2021 | 08:19
La escritora se ha embarcado en una trilogía que defiende el papel de la mujer en el siglo XIX.

Una pasión escrita es un viaje al siglo XIX y a las dificultades que tienen las mujeres de la época cuando quieren, según la sociedad, sacar los pies del tiesto. Cuando la joven Victoria regresa a Madrid después de unos años en Viena se enfrenta a la encorsetada vida social de las mujeres de la alta burguesía española. La época en que frecuentaba los salones literarios vieneses y cultivaba su afición por la escritura parece haberse quedado atrás, pero ella no está dispuesta a resignarse. Mientras tanto, en la zona más popular de la capital, Diego trabaja en la imprenta familiar al tiempo que lucha por abrirse un hueco como reportero. Son años efervescentes para el periodismo, en los que los artículos de El Imparcial, El Liberal y La Correspondencia son comentados por todos los madrileños. Será precisamente en uno de estos diarios donde los destinos de Victoria y Diego se cruzarán por primera vez. Esta es la historia que cuenta María Montesinos, seudónimo que adoptó en homenaje a su abuela, que sí se llama así, cuando no sabía si seguiría escribiendo literatura y porque ya existía en el ámbito otra mujer con su mismo nombre.

Una pasión escrita, ¿es la historia de una mujer que vivió en un siglo difícil para el universo femenino?
Es que en el siglo XIX la mujer vivía una situación muy diferente a la que tenemos ahora. La protagonista es Victoria, una mujer de la nobleza con muchas inquietudes literarias. Llega a Madrid procedente de Viena, un lugar en el que se había movido en círculos literarios, e intenta lo mismo en España.

¿Había círculos literarios en el XIX que admitieran a mujeres?
Sí que había un grupo de mujeres que tenían vocación por las letras y se reunían, pero en salones privados, porque los espacios públicos estaban vetados a las escritoras. Pero Victoria quiere que se abran y luchará por ello.

Su anterior novela, Un destino propio, hablaba de una maestra, Micaela, y también la ambientó en el siglo XIX.
Son dos historias de mujeres con diferentes profesiones. Digamos que el hilo conductor de ambas novelas y también el de una tercera que ya estoy escribiendo, es la época en la que se desarrollan, los primeros años de la Restauración. Las protagonistas intentan de alguna manera luchar por la igualdad. Eran momentos muy difíciles, y por mucho que ellas lucharan se imponían las costumbres, las propias mujeres y la sociedad en general, sobre todo la Iglesia. Imagínate a los hombres en particular.

En general, lo que se prefería era que las mujeres fueran analfabetas.
Había muchísimas, y de hecho el 80% de ellas no sabían ni leer ni escribir. La educación de las niñas no era prioritaria para las clases populares. En la burguesía y en la aristocracia las mujeres se solían educar en casa, y esa educación era muy pobre porque estaba mal visto que una mujer tuviera demasiados conocimientos, incluso que le gustara la lectura.

La Medicina también opinaba y algunos médicos del siglo XIX se oponían a que las mujeres se aficionaran a leer.
Ángel Pulido, un médico muy conocido de la época, decía que la lectura influía en la salud mental de las mujeres. Aseguraba que lo mejor era que no leyeran para que no sufrieran trastornos, e instaba a que se las protegiera en este sentido. Decía que leer les producía sobreexcitación.

Así que las mujeres como Victoria se movían en un entorno muy hostil.
Pero no se resignaban y querían contar su historia. Lo que narro en el libro no se aleja de la realidad que vivía un círculo determinado de mujeres que querían desarrollar distintas profesiones en un mundo en el que el hombre tenía todos los derechos. La vida no era fácil, pero había mujeres que lucharon mucho y también hombres que las apoyaron. Pocos, pero ahí estaban.

Es usted periodista, ¿este libro es un guiño a su profesión?
Ahora dicen que hay más mujeres periodistas que hombres, pero yo cuento una historia que se produjo hace más de siglo y medio. Si ser maestra era difícil, imagínate ser periodista, querer publicar un libro o ser médico. Este es un guiño a mujeres que lucharon por ganar terreno en un mundo diseñado solo para hombres.

¿Cuánto tiempo lleva haciendo literatura?
Desde el año 2015 me dedico solo a los libros. Dejé el trabajo que tenía en aquel momento y me puse a escribir, aunque lo hice sin tener claro a dónde me iba a llevar la aventura. Mis dos primeras novelas fueron autopublicadas, y la tercera ya me llevó al mundo editorial. Primero se llamó El indiano y después Un destino propio.

¿Cómo es la experiencia de la autoedición?
Para mí fue buena. Es una estupenda opción para los autores que no tienen forma de llegar a las editoriales o que en un momento determinado quieren probar de alguna forma sus posibilidades. Es lo que me pasó a mí. Me lo planteé de manera muy profesional, procuraba que mis libros estuvieran muy bien corregidos por profesionales, maquetados por gente de diseño y que la portada fuera también muy profesional. Me esforcé en que la apariencia externa del libro fuera similar a la que te podría dar una editorial. No tiene por qué bajar la calidad por ser una autopublicación.

Aunque se supone que una editorial alivia mucho el trabajo...
Pienso que la autopublicación tiene muchas ventajas, pero también desventajas. Cuando llegas a una editorial te das cuenta de que hay decisiones que no tienes que tomar tú. No tienes que decidir en solitario cuál va a ser la portada o cómo elegir a los correctores. Las dos formas de publicación, editorial y autopublicación, me parecen igualmente buenas para un autor.

¿A dónde nos va a llevar su próximo viaje por el siglo XIX?
Tendrá mucho que ver con Una pasión escrita, pero en escenarios diferentes. Nos llevará al ámbito rural. En todo caso, seguirá defendiendo el tema de la igualdad y dando voz a mujeres que luchan por ella y que se tienen que enfrentar a grandes retos.

Dejó usted su profesión para dedicarse a escribir, ¿puede vivir solo de los libros?
No es fácil, pero por suerte tengo una red familiar que me sustenta para poder dedicarme durante un tiempo a esto. Teniendo detrás una editorial da para mantenerte, y tampoco aspiro a tener un gran sueldo o hacer fortuna. Me conformo con poder comer.

¿Resulta más placentera la literatura que el periodismo?
No sabría qué decir. Siempre quise ser escritora, pero el periodismo me gusta mucho. La literatura ha sido mi vocación desde que era muy pequeña y desde siempre he querido escribir, pero el periodismo y todo lo que da la comunicación también me apasionan. Escribiendo un libro estoy todo el día metida en casa, cuando en periodismo eso no ocurre, y también tiene otras cosas muy buenas que son para disfrutarlas.

En el mundo de la escritura parece que cada vez es más dominante la voz femenina, ¿es una impresión o una realidad?
Imponerse o dominar son términos muy fuertes. Supongo que en algunos ámbitos, sí, pero pienso que aún hay cierto machismo en algunos lugares literarios respecto a las mujeres escritoras. Les cuesta más aparecer en círculos, en foros, en presentaciones, en ferias, etc. Pienso que hay muchísimas más escritoras que escritores, hay más lectoras que lectores, y además las lectoras leen diversos géneros.

¿No sucede así en los hombres?
No, los hombres leen determinados géneros y otros no. Hay géneros que a los hombres les parecen demasiado sentimentales, románticos€ Creo que hay cosas que todavía no han cambiado. En el siglo XIX a las mujeres literatas se las criticaba, se las menospreciaba, se decía que solo escribían en el ámbito de los sentimientos. Según los hombres de aquella época, las mujeres tenían que dedicarse a sentir y no a pensar.

En aquella época, y ¿ahora?
Ja, ja, ja€ Depende de a quién preguntes. En el siglo XIX las mujeres tenían que reinar en el hogar, en el ámbito de los sentimientos, y no dedicarse a aquello para lo que los hombres entendían que no estaban capacitadas. Ahora, salvo algunos, no se entiende de la misma forma y por regla general no se duda de la capacitación de la mujer para ninguna profesión. Es cierto que hay sectores que no están tan de acuerdo con la igualdad, pero no son mayoritarios.

Y había capacitaciones que solo eran cosa de hombres, ¿no?
Exacto. Todo lo racional, lo intelectual, lo científico, lo político€ era cosa de hombres en el XIX, y ellos mostraban una mirada despectiva a cualquier mujer que quisiera romper las barreras impuestas por la sociedad del momento. Salvando las distancias, hay ahora cierto paternalismo, cierta mirada parecida en la sociedad actual. Afecta a todos los sectores, pero diría que más a los ámbitos culturales. 


PERSONAL
Edad: 52 años.
Lugar de nacimiento: Burgos.
Formación: Licenciada en Ciencias de la Información.
Inicios: Trabajó en medios de comunicación dedicados a viajes, salud y bienestar. Más adelante se decantó por la comunicación social, específicamente en el sector de las ONG, donde colaboraba como freelance. Fue tras años de redactar artículos de prensa cuando se decidió a darle una oportunidad a la ficción.
Trayectoria: Desde entonces ha autopublicado la exitosa La estúpida idea de dejarte marchar (2015), El mapa de mi piel (2016) y El indiano. Esta última cambió de nombre en 2020 y llegó a los lectores bajo el nombre de Un destino propio (2020), la historia de una maestra que se traslada a un pueblo de la costa cántabra. Ahora promociona Una pasión escrita.
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