Llegan las vacaciones y millones de personas con enfermedades crónicas viajan cada año sin haber consultado con su médico cómo adaptar el tratamiento o moverse con su medicación. El verano multiplica los riesgos: calor extremo, cambios de huso horario y destinos donde los sistemas sanitarios no reconocen la receta española. Repasamos consejos para que puedas prepararte para viajar si tomas medicación por una enfermedad crónica.

El calor no perdona

Dos tipos de medicamentos exigen atención especial durante el verano. Los que llevan en el envase el símbolo de frío y deben conservarse entre 2 y 8 grados centígrados (como por ejemplo la insulina, colirios y antibióticos en suspensión) requieren nevera en todo momento. Para transportarlos, se recomienda una nevera portátil con acumuladores de frío. La medicación debe viajar en su envase original para evitar que entre en contacto directo con la fuente de frío y se congele.

El verano multiplica los riesgos: calor extremo, cambios de huso horario y destinos donde los sistemas sanitarios no reconocen la receta española

Y los fármacos que se conservan a menos de 25 o 30 grados (la gran mayoría), que son más tolerantes. No pasa nada si se rebasa puntualmente esas temperaturas durante algunos días o semanas, pero se aconseja transportarlos en un lugar fresco, sobre todo, no dejarlos dentro del coche a pleno sol ni exponerlos mucho tiempo a más de 40 grados.

Cruzando fronteras

Debe llevar consigo la medicación necesaria para todo el tiempo que dure el viaje e incluso un poco más, para tener cierto margen de maniobra, siempre y cuando que no se supere los tres meses.

Lo recomendable es llevar consigo los medicamentos, en sus envases originales, sobre todo si requieren receta, en el equipaje de mano o bolso. Como precaución ante pérdidas o robos, se puede llevar una copia de la receta u otro envase de repuesto en la maleta.

Para la mayoría de los fármacos, con llevar un informe médico es más que suficiente. Pero si viaja fuera de la Unión Europea, conviene que ese informe médico esté traducido al inglés o al idioma del país de destino.

En algunos países se prohíbe la entrada de medicamentos de uso común en España, incluso llevando receta y justificación médica. Antes de viajar fuera del espacio europeo, conviene consultar la normativa específica del país de destino a través de su embajada o consulado.

Cambios de horas y de dosis

Cruzar varias zonas horarias en un mismo día puede desajustar tratamientos que dependen de un ritmo preciso. Aunque no todos los fármacos presentan el mismo riesgo, conviene planificar esos ajustes con su médico de cabecera antes del viaje y no improvisarse en destino.

Si la medicación se pierde

En el Estado se puede recoger la medicación en cualquier farmacia de otra comunidad autónoma con la tarjeta sanitaria.

Fuera de España, y sin salir de la Unión Europea, la red se amplía, pero tiene límites. Según el Ministerio de Sanidad, la receta electrónica española funciona en Portugal, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Croacia, Grecia y Chipre. En el resto de países europeos, conviene consultar antes de viajar.

Viajar con una enfermedad crónica no exige renunciar a nada. Exige prepararse con más tiempo que el resto

Fuera de la Unión Europea, la situación se complica. Si se agota la medicación en un destino no cubierto, el primer paso es acudir a un centro sanitario local con el informe médico. Enviar la medicación desde España a través de familiares o amigos no es una solución válida. Además de no ser legal, puede conllevar sanciones y es muy probable que la medicación sea decomisada en frontera. Es más útil contar con un seguro de viaje que cubra gastos médicos en el extranjero.

Planificar con tiempo desde casa

El médico o médica de cabecera es el punto de partida para organizar un viaje que requiere llevar medicación para una enfermedad crónica. Puede emitir el informe médico necesario, orientar sobre los ajustes de pauta si hay cambio de huso horario y revisar si algún fármaco del tratamiento habitual está sujeto a restricciones en el país de destino.

Viajar con una enfermedad crónica no exige renunciar a nada. Exige prepararse con más tiempo que el resto.