El calor sigue sofocando Euskal Herria con temperaturas elevadas e intenso sol.

Las temperaturas extremas generan un estrés térmico en el organismo que pueden traer numerosos problemas de salud.

Según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, se han registrado 18 muertes atribuibles directamente a las altas temperaturas en la CAV durante los primeros días del mes de julio.

Esta estadística subraya la necesidad de tratar las olas de calor como un problema prioritario de salud pública, un fenómeno que afecta, en particular, a personas de edad avanzada o que presentan un historial clínico con patologías previas.

Efectos directos sobre el sistema cardiovascular

Aunque muchas personas le resten importancia al calor y se conformen con buscar la sombra, los cardiólogos alertan sobre las graves consecuencias que el calor extremo provoca en el sistema circulatorio.

La exposición prolongada a altas temperaturas activa un mecanismo de defensa del cuerpo destinado a expulsar el calor corporal.

Este proceso biológico, sumado a la pérdida masiva de líquidos y electrolitos a través de la sudoración y la consiguiente deshidratación, obliga al cuerpo a realizar un esfuerzo adicional: el corazón incrementa su actividad para mantener una presión arterial adecuada que garantice el riego a los órganos vitales, al mismo tiempo que intenta estabilizar la temperatura corporal.

Esta sobrecarga es crítica para los pacientes diagnosticados previamente con enfermedades cardiovasculares. En estas circunstancias climáticas, aumenta el riesgo de sufrir infartos de miocardio, episodios de insuficiencia cardíaca aguda y diversas arritmias que pueden resultar fatales.

La descompensación rápida de patologías preexistentes representa la principal causa de los ingresos hospitalarios y de las complicaciones médicas durante las olas de calor.

Un joven se refresca en plena ola de calor EP

Qué medidas se deben tomar

Ante los días de calor extremo, las autoridades sanitarias establecen pautas para minimizar los riesgos.

La medida preventiva fundamental consiste en mantener un nivel óptimo de hidratación a lo largo de toda la jornada.

Los especialistas recomiendan beber un mínimo de un litro y medio de agua diario, aunque no haya sed. Esta advertencia es vital, dado que la percepción de esta necesidad tiende a verse alterada en las personas mayores.

Además de la hidratación, hay que adaptar nuestra jornada a las condiciones ambientales. En referencia al ejercicio físico, debe suspenderse cualquier actividad de intensidad moderada o alta al aire libre entre las 12:00 y las 20:00 horas.

Asimismo, es importante permanecer el mayor tiempo posible en espacios que cuenten con sistemas de climatización o en infraestructuras que mantengan una ventilación adecuada que asegure una temperatura segura para el organismo.