Kepa Arrieta afronta desde hace poco más de un año su segunda legislatura al frente de la Federación Alavesa de Fútbol, una institución que ya conocía de cerca por su padre, el expresidente Pedro Arrieta, con la intención de dar continuidad al trabajo iniciado en 2020. El presidente de la Federación destaca la buena salud deportiva y económica del fútbol alavés. Sin embargo, también señala retos importantes: la violencia en los campos, la mejora de instalaciones, la necesidad de escuchar más al deportista y la defensa de la autonomía de las federaciones territoriales dentro del sistema federativo vasco.
¿Cómo está viviendo este segundo mandato y qué le hizo volver a presentarse?
En 2024 el proceso se retrasó por una modificación en la Ley del Deporte, así que realmente llevamos poco más de un año. La idea que nos transmitían sobre todo los clubes era que se estaba viendo un trabajo positivo, y eso nos animó a seguir adelante. Hay momentos en los que te planteas si continuar o no, pero son los clubes los que muchas veces te empujan a dar ese paso. Además, había muchos proyectos en los que queríamos seguir trabajando durante esta legislatura, de 2024 a 2028.
Fue la única candidatura. ¿Le sorprendió?
Normalmente, cuando las cosas van bien, es cuando menos movimiento suele haber a nivel electoral. Tampoco es fácil que alguien quiera presentarse a una federación como presidente, sea en la modalidad que sea. Yo lo interpreto como el resultado de un trabajo que se estaba haciendo bien. Pero tengo claro que, en el momento en que el fútbol alavés no quiera que seamos nosotros quienes dirijamos esto, daré un paso al lado. De momento siento la confianza absoluta del fútbol alavés.
Echando la vista atrás, ¿qué le hizo presentarse por primera vez en 2020?
Yo ya tenía un histórico familiar. Mi difunto padre fue presidente de la Federación desde los años 90 hasta 2005, cuando falleció, y yo conocía el funcionamiento interno de la Federación. En aquel momento había cierto desgaste y algunos clubes llamaron a la puerta para decir que se necesitaba un cambio. Lo primero que hice fue rodearme de un grupo de trabajo fenomenal, que es lo mejor que puedo poner en valor. Los inicios no fueron fáciles porque nos pilló el COVID; tuvimos que paralizar competiciones y no pudimos iniciar otras. A partir de ahí, con un plan estratégico ya diseñado, nos fuimos marcando objetivos y poniéndolos en marcha.
“El fútbol alavés siente la confianza absoluta en el trabajo que estamos haciendo”
¿Qué Federación se encontró entonces y qué Federación hay ahora?
Era una Federación saneada, pero que funcionaba en parte por inercia. En estos años hemos impulsado acciones que antes no existían o no estaban tan desarrolladas. Hemos puesto en marcha un proyecto de fútbol inclusivo, hemos impulsado la estructura del fútbol femenino y hemos desarrollado un programa de deportividad frente a la violencia en los campos. También hemos dado un giro a algunas competiciones y creado otras nuevas, como la Copa Araba. Más allá de ascensos, descensos y clasificaciones, queríamos que la Federación trabajara en más ámbitos.
Hace un año hablaba de la buena salud del fútbol alavés. ¿Se mantiene esa sensación?
Totalmente. El fútbol alavés goza de muy buena salud a nivel deportivo y también económico. Es algo que se ve en la presencia de equipos en categorías importantes, algo que hace años era impensable. Tener hasta cuatro equipos en Tercera RFEF –Amurrio, San Ignacio, Aurrera de Vitoria y Alavés C–, uno en Segunda RFEF cerca del ascenso –Alavés B– y los dos equipos profesionales del Deportivo Alavés en Primera División, tanto masculino como femenino, es muy positivo. También es importante el crecimiento del fútbol sala con equipos como el Salburua, que es un ejemplo de ello, aunque nos está costando que la base de la pirámide crezca al ritmo que nos gustaría. Además, nuestras selecciones territoriales empiezan a competir mejor en los encuentros que disputan. Eso es fruto de que los clubes están trabajando cada vez mejor. Tiene más mérito aún en una provincia que no es tan grande.
Dentro de ese buen momento, ¿cuáles son los principales problemas del fútbol alavés?
Hay un problema que está en la sociedad y que, lógicamente, también está en el fútbol: los actos violentos y los problemas de convivencia. Tenemos cerca de 13.000 personas jugando al fútbol y durante un fin de semana pasa muchísima gente por los campos. Eso es positivo, pero también tiene su parte negativa. No creo que sea algo muy diferente a lo que ocurría hace años, pero ahora todo es mucho más visible. Por eso estamos trabajando en soluciones para minimizarlo, con proyectos como el de deportividad y con protocolos de actuación en los terrenos de juego. En Álava fuimos pioneros en poner en marcha protocolos para detener o suspender partidos cuando se producen conductas antideportivas.
"La violencia y los problemas de convivencia son un problema de la sociedad y el fútbol no es ajeno a ellas”
¿Se están notando ya los resultados de esas medidas?
Sí, se empieza a ver el fruto de varios años de trabajo. Este año ha sido la primera vez en cuatro años que se reduce el comportamiento no deportivo en los baremos que analizamos. Algo estamos sembrando. Es imposible detener todas las conductas, porque alrededor del fútbol se mueven muchísimas personas cada fin de semana, pero sí se está consiguiendo minimizarlo poco a poco.
Otro asunto importante es el estado de las instalaciones. ¿En qué punto se encuentra?
Es un problema muy grande. Hay que tener en cuenta que el 80% de nuestra competición se disputa en Vitoria y que prácticamente el 90% de esas instalaciones son municipales. Había un deterioro importante. Creo que hemos dado pasos con el Ayuntamiento de Vitoria, aunque no con la celeridad que nos habría gustado. Este año, 2026, se van a arreglar Olaranbe, Adurtza, Adurtzabal y Zaramaga. Son cuatro campos en un año, y eso demuestra que se están viendo los frutos de muchas reuniones y de trasladar el malestar existente. Aún quedan actuaciones por hacer, como vestuarios en Arriaga o en Adurtza, pero el Ayuntamiento es consciente y seguiremos trabajando para mejorar.
¿Sienten el respaldo de las instituciones?
Sí, la relación con el Ayuntamiento es buena, cercana y con muchas conversaciones. También es verdad que nos gustaría que las cosas fueran más rápido; que se actuara antes y con más campos al año. Pero también hay que entender que el Ayuntamiento tiene otras prioridades dentro de la ciudad. Aun así, ha habido compromiso y se está cumpliendo.
También han surgido diferencias con la Federación Vasca. ¿Dónde está el problema?
Con la entrada de la nueva junta directiva de la Federación Vasca, en 2025, han surgido problemas de coordinación. Uno de ellos se ha querido reducir a lo financiero, pero va más allá. Hasta ahora, las ayudas de la Federación Española llegaban directamente a las federaciones territoriales. Sin embargo, se decidió que pasaran por la Federación Vasca, y eso ha generado un problema. La Federación Vasca presentó unos presupuestos sin el consenso adecuado y con una partida importante que, a nuestro juicio, dañaba a las federaciones territoriales e, indirectamente, a los clubes. El 19 de junio esos presupuestos fueron rechazados por la asamblea y ahora están paralizados. Las territoriales, en cambio, tenemos nuestros presupuestos y balances aprobados.
“La autonomía de las federaciones territoriales no se puede poner en riesgo”
¿Se ha abierto alguna vía para resolverlo?
Hemos abierto un proceso de mediación para sentarnos, negociar y buscar unos presupuestos en los que todas las partes estemos cómodas. Pero el fondo no es solo económico. También está en juego la identidad y la autonomía de las federaciones territoriales. En Euskadi tenemos una singularidad: Álava, Gipuzkoa y Bizkaia tienen competencias delegadas por sus diputaciones. Eso no se puede poner en riesgo. Lo que no puede ocurrir es que se fortalezca una estructura a base de minimizar a las territoriales. Hemos convivido hasta ahora y debemos seguir haciéndolo, pero respetando la autogestión, la autonomía y la identidad de cada federación.
¿Teme que las territoriales pierdan cada vez más autonomía o puedan llegar a desaparecer?
Legalmente, ahora mismo, no es viable que desaparezcan o que todo pase únicamente por la Federación Vasca. Pero si vas minando la capacidad económica y la autonomía de gestión, al final dañas a las federaciones pequeñas. Aquí existe una realidad propia, amparada por la foralidad y por la Ley de Territorios Históricos. Las diputaciones tienen competencias y delegan parte de ellas en las federaciones. Por eso, cuando vemos acciones que pueden poner en peligro ese sistema, tenemos que decir: “Hasta aquí hemos llegado”. Esa línea roja no se puede pasar. Siempre estaremos enfrente si alguien trata de poner en riesgo el sistema federativo vasco.
Otro caso delicado ha sido el del Lakua. ¿Cómo lo vivieron desde la Federación?
Hicimos un acompañamiento, tanto la Diputación como nosotros. Al final son clubes privados y no puedes intervenir todo lo que la gente quizá piensa. Lo hicimos para que un club no muriera y, sobre todo, para que no tuvieran ese castigo las 700 familias que estaban detrás. Ese acompañamiento ayudó a que ahora otras personas estén gestionando el club, todavía con dificultades. Hay que valorar el esfuerzo que hicieron por tomar las riendas en un momento muy delicado. La lectura que sacamos es que los clubes tienen que tener muy clara su organización: asambleas, juntas directivas y socios. Cuando existe un marco legal claro, las decisiones no pueden quedar exclusivamente en manos de dos o tres personas.
En estos años también ha coincidido con el auge del fútbol femenino. ¿Cómo lo está viviendo?
El crecimiento es evidente. Hace unos años las licencias femeninas estaban en torno al 6%, 7% u 8%, y ahora estamos cerca del 11% o 12%. Es un aumento considerable. Ha ayudado la visibilidad del fútbol femenino a nivel profesional y de selecciones, pero también el trabajo de los clubes y del Deportivo Alavés con sus clubes convenidos. En Álava ahora dotamos al fútbol de las mismas oportunidades para chicos y chicas. Desde benjamines y alevines existen competiciones propias de fútbol femenino, y hay estructura en diferentes categorías. Ese es el gran éxito. Queda mucho margen de mejora, pero el camino está siendo positivo.
“Cuando el fútbol alavés no quiera que nosotros dirijamos esto, daré un paso al lado”
¿Qué error cree que ha podido cometer o qué le gustaría mejorar en lo que queda de legislatura?
No sé si llamarlo error, pero sí es un área de mejora: llegar más al deportista. Nuestra relación directa suele ser con los clubes, las instituciones, los árbitros y los entrenadores. Quizá las necesidades del deportista no siempre son escuchadas porque se canalizan a través del club. Es difícil, porque tenemos 13.000 licencias y no es sencillo escuchar a todos, pero quizá tenemos que abrir otros canales.
¿Se plantea algo más allá de 2028?
De momento no me planteo nada más allá de 2028. Este ha sido un año muy duro a nivel institucional, aunque también positivo, y ahora mismo me centro en el día a día. Cuando llegue el momento, veremos si los clubes alaveses siguen contentos con el trabajo realizado y si consideran que debemos continuar. Soy ambicioso y me gustaría mejorar muchos ámbitos de la Federación. Si el fútbol alavés quiere que siga y yo tengo fuerza, daré el paso. Si entiende que nuestro ciclo ha terminado, lo asumiré con tranquilidad. De momento seguimos con fuerza y ánimo para trabajar.