Si estás buscando un destino para una escapada que junte el verde de los prados con el azul del mar Cantábrico, la costa asturiana es un acierto seguro. Recorrer sus pueblos pesqueros más emblemáticos es un planazo perfecto para hacer en un día o un fin de semana. Además, llegar hasta allí es muy cómodo para los habitantes de Euskal Herria, lo que convierte a esta comunidad en la opción ideal para desconectar de la rutina y disfrutar de una de las mejores gastronomías del norte.

Un viaje entre acantilados

La ruta puede empezar perfectamente en Llanes, una villa marinera que sorprende por la espectacular conservación de su pasado. Fundada bajo el fuero real de Alfonso IX en el siglo XIII, Llanes fue un lugar fuerte crucial para la defensa de la costa asturiana. Su edificio más famoso y visible es la Torre del Castillo de Llanes, un torreón medieval circular que hoy alberga la oficina de turismo, justo al lado de los impresionantes restos de la Muralla Medieval, que aún conserva gran parte de su sector norte protegiendo el casco histórico.

Caminando por sus calles te toparás también con la Basílica de Santa María de la Asunción, una joya del gótico iniciada en el siglo XIII que destaca por su imponente portada románica. Fuera de las murallas, el paisaje cambia por completo al llegar al Paseo de San Pedro; allí se levantan las famosas Casonas de Indianos, palacetes espectaculares como el Palacio de Partarríu, construidos a finales del siglo XIX por los llaniscos que hicieron fortuna en América.

Palacio de Partarríu Ayuntamiento de Llanes

Ya en el puerto, el contraste lo ponen los Cubos de la Memoria, una colorida obra del artista Agustín Ibarrola sobre las escolleras de hormigón que se ha convertido en símbolo del pueblo.

Lastres: la fortaleza colgada sobre el mar

Siguiendo la carretera hacia el oeste se llega a Lastres, colgado literalmente de una ladera que cae en vertical hacia el mar. La historia de esta villa estuvo marcada durante siglos por la caza de la ballena y la pesca de altura, una actividad que obligó a fortificar el pueblo para defenderlo de los ataques de corsarios ingleses y franceses. Aunque los antiguos fortines artillados no han llegado completos a nuestros días, la arquitectura del pueblo refleja ese pasado a través de sus casas de pescadores con corredores de madera y sus palacios señoriales, como el Palacio de los Victorero del siglo XVIII.

El edificio más emblemático del casco urbano es la Torre del Reloj, construida en el siglo XV como torre de vigía marina y reconstruida en el siglo XVIII para albergar el reloj de la villa. Subir sus empinadas cuestas de piedra te lleva también hasta la Iglesia de Santa María de Sábada, declarada Monumento Histórico-Artístico. Coronando lo más alto del pueblo se encuentra la Ermita de San Roque cuyas vistas panorámicas abarcan todo el puerto pesquero, los acantilados y la playa de la Griega. Es de esas vistas que se te quedan grabadas en la retina.

Lastres

Lastres Principado de Asturias

Tazones: el pueblo del emperador

Un poco más adelante nos espera Tazones, un pequeñísimo pueblo de pescadores escondido entre dos acantilados que tiene un peso importante en la historia de Europa. El 19 de septiembre de 1517, el joven monarca Carlos de Gante pisó suelo en este puerto tras sufrir un fuerte temporal en su viaje desde Flandes. Los lugareños confundieron la flota real con un ataque pirata y ese hecho se recrea cada año en sus fiestas.

Tazones está dividido en dos barrios, San Miguel y San Roque, declarados Conjunto Histórico-Artístico. Sus casas con balcones de madera pintados de colores vivos aún conservan la esencia marinera más pura de la zona. El rincón arquitectónico más curioso e inesperado del pueblo es la Casa de las Conchas, una vivienda cuya fachada está completamente cubierta por miles de conchas de diferentes formas y tamaños recogidas en la playa por un vecino durante años.

Además, si caminas hacia el Faro de Tazones, uno de los mejor conservados de la costa asturiana, podrás disfrutar de un entorno natural salvaje impresionante.

Cudillero: el famoso pueblo vikingo

El broche de oro de la ruta lo pone Cudillero, ya en la costa occidental. La leyenda local dice que el pueblo fue fundado por los propios vikingos, aunque los primeros registros históricos lo vinculan a los pescadores de la zona desde el siglo XIII. Este pueblo es mundialmente famoso por su "anfiteatro": un conjunto de casas colgadas de las tres colinas que rodean la plaza del puerto, pintadas de colores que antiguamente servían para que los marineros reconocieran sus hogares desde los barcos.

En el corazón del pueblo destaca la Iglesia de San Pedro, un templo costero del siglo XVI construido por el gremio de pescadores. Muy cerca, a las afueras del pueblo, se encuentra el espectacular Palacio de La Quinta de Selgas, un complejo señorial del siglo XIX conocido como el "Versalles asturiano", que cuenta con unos jardines impresionantes diseñados por paisajistas franceses y una colección de arte. Para terminar el día, no hay nada como subir por las escaleras de Cudillero hasta sus miradores, como el de la Garita o el del Pico, para ver el atardecer con el mar de fondo.

Para los más movidos

Para añadir un toque de ejercicio, la ruta senderista que no te puedes perder es la Senda Costera de Pendueles a Llanes, un camino espectacular de unos 10 kilómetros que nos lleva al borde de los acantilados más salvajes de la costa asturiana. Lo que hace verdaderamente único a este sendero, además de caminar con el Cantábrico a un lado y los prados verdes al otro, es el increíble espectáculo natural de los Bufones de Arenillas.

Bufones de Arenillas

Bufones de Arenillas Ayuntamiento de Llanes

Si la marea está alta y el mar viene con fuerza, las olas se cuelan por las grietas de la roca caliza provocando unos chorros de agua pulverizada que salen volando hacia el cielo como auténticos géiseres. La ruta es prácticamente llana, pasa por miradores únicos y por la curiosa playa interior de Gulpiyuri, una de las postales más únicas de la zona y un lugar habitual en plataformas como Instagram o TikTok.

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Qué comer en la zona

Parar a comer en cualquiera de estos pueblos es una opción segura para cuaqluier persona, ya que la cocina asturiana de costa se basa en el producto fresco que los barcos traen cada mañana. Los pescados a la roca como el virrey, el pixín (rape) o la lubina son los reyes de las cartas. Tampoco pueden faltar las raciones de marisco, con las andaricas (nécoras) y los centollos a la cabeza, o platos más populares como las cazuelas de almejas a la marinera y los calamares de potera. Para beber, la tradición nos obliga a pedir una botella de sidra asturiana escanciada al momento, que acompaña perfectamente tanto a pescados como a quesos fuertes de la zona, como el mítico Cabrales o el Gamoneu.