Cada invierno, en la montaña navarra, tienen lugar una serie de mascaradas que esconden raíces ancestrales, profundamente atávicas, que se difuminan entre las actuales celebraciones carnavaleras. Muchas de ellas son muy conocidas y atraen a cientos de visitantes: los Ioaldunak de Ituren y Zubieta, el Hartza de Arizkun, los Momotxorroak de Altsasu o la que hoy nos ha llamado la atención: Miel Otxin, en Lantz.

Posiblemente, esta mascarada invernal sea una de las más interesantes, por su complejo ciclo y cantidad de personajes con los que cuenta que encierran un buen número de rituales naturalísticos. No en vano, es una de las celebraciones más estudiadas de nuestra tradición, pues etnógrafos y antropólogos de gran parte de Europa se han acercado a investigarla. Caminemos por los orígenes del gigante Miel Otxin.

Aparcamos junto al frontón del pueblo para comenzar el paseo saliendo a la calle principal y enfilando, decididamente hacia el N., buscamos la salida del pueblo. Justo antes de la última casa de Lantz, tomamos un desvío a la izquierda entre dos caseríos que sale a una granja, justo donde empieza una pista de tierra. Nos encaminamos por ella hacia el NW. caminando entre prados delimitados por lajas de caliza. Vamos ganando altura muy suavemente, disfrutando de unas preciosas vistas de la localidad. Ya por un sendero de piedra, nos internamos en un sobrecogedor hayedo por el que avanzamos en total paz. El sendero va ascendiendo sabiamente por el bosque, siguiendo unas marcas amarillas; estamos caminando por un ramal del Camino de Santiago. Nos acompañan en el paseo pequeños saltos de agua, musgo, hayas, convirtiendo el recorrido en una auténtica delicia. Alcanzamos un cruce donde seguimos las trazas jacobeas, hacia la izquierda, llegando al antiguo monasterio de Santa María de Belate. El templo se fundó en el año 1160 junto a una antigua calzada de origen romano. Estos parajes han sido testigos del paso de comerciantes, peregrinos, ejércitos, pastores trashumantes, bandoleros… Frente a la iglesia, se ubica el que fuera un antiguo hospital de peregrinos. 

Ficha práctica


  • ACCESO: Siguiendo la carretera N-121A, bien sea desde Iruña o desde Oronoz, encontramos un cruce hacia Lantz por la NA-2523.
  • DISTANCIA: 10 kilómetros.
  • DESNIVEL: 200 metros.
  • DIFICULTAD: Fácil.

A la izquierda, vemos un sendero que asciende hacia lo alto de la loma; caminamos por él hasta alcanzar la ermita de Santiago y, un poco más adelante, un paraje misterioso. Varios menhires de piedra jalonan a modo de señales el sendero que se dirige hacia tierras baztanesas.

Tierras de bandoleros

Por estos parajes, hicieron de las suyas los conocidos como bandidos de Lantz; de hecho, estos montes fueron su feudo entre los años 1810 y 1817. Por aquí transitaban todo tipo de gentes a las que los bandoleros asaltaban e incluso mataban en algún caso. Al parecer, el grupo lo componían 12 bandoleros, con destacados nombres como los cuatro hermanos Cenoz –Juan Martín, Pedro Esteban, Joaquín y Pedro Martín–, oriundos de Iraizoz pero habitantes de Lantz. En 1813, matan al arriero Diego Zufiaurre en el puerto de Elzaburu, algo que quedó grabado a fuego en el acervo cultural de la zona. Cometieron sus fechorías hasta que, en el año 1818, son capturados y ajusticiados, ahorcándolos en Pamplona. Sus cuerpos se desmembraron y se repartieron por diferentes parajes, próximos a este entorno de Belate.

Cada domingo y martes de carnaval, hace su aparición en Lantz el gigante Miel Otxin, del que se cuenta que, en realidad, fue un bandido de estos lares; quién sabe si pudo ser uno de los miembros de la banda. Pero el origen más primigenio del monigote va más allá en el tiempo. Simboliza las energías gastadas del ciclo invernal que termina, energías que han de ser quemadas –como sucede con Miel Otxin– para dar paso a las renovadas. Estamos por tanto ante un ciclo de renovación de la naturaleza, tan presente e importante en ese momento del año, dentro del ciclo festivo del solsticio de invierno. Curiosamente, en la localidad alavesa de Zalduondo sucede algo parecido, ya que en esta fecha carnavalera se quema la figura de otro bandido, llamado Markitos. Este personaje presenta una leyenda similar a la de Miel Otxin, contándonos que fue un bandido que asaltaba a sus víctimas por los alrededores de Zalduondo. 

El ritual que podemos ver en Lantz es delicioso: el gigante, a hombros de un Txatxo, personaje ataviado con ropas coloristas y la cara cubierta, realiza un recorrido durante el mediodía por el pueblo. Lo acompañan personajes muy interesantes, como el hombre caballo Zaldiko, que se supone es el caballo del bandolero. Este protege a Miel Otxin de los ataques de Ziripot, un personaje grotesco relleno de paja. En varios puntos, encontramos a los Perratzaileak, que ponen las herraduras a Zaldikoen una demostración del dominio del hombre sobre la naturaleza…

Quién sabe si el rito renovador unido al fuego se personificó aprovechando la realidad de los bandoleros que pululaban por las afueras de Lantz. Una pequeña herencia que la geografía insólita nos regala y que aún podemos tocar con la punta de los dedos. Una buena idea es pasear por estos entornos donde se hicieron fuertes los bandidos o acudir a ver la quema del bandolero el martes de carnaval. No dejemos escapar el susurro de la tradición.

Con todas estas elucubraciones, más o menos acertadas, descendemos de nuevo hacia Lantz, por el mismo sendero de la subida, disfrutando de ese otro misterio como es la magia del bosque.