Barón entre barones y yerno perfecto
Moreno Bonilla, que se afilió al PP tras escuchar un mitin de Aznar, se define como moderado y centrista, aunque cuando ha sido necesario aceptó premisas de Vox en inmigración, memoria y género
Una mayoría absoluta en las urnas le hubiera permitiría no solo gobernar sin las ataduras de Vox, también le habría catapultado en su propio partido como el barón de los barones y el nombre que más suena como sucesor (cuando toque) de Alberto Núñez Feijóo al frente del Partido Popular. Juan Manuel Moreno Bonilla se habría ganado por derecho propio el título de la baronía en dura competencia con la baronesa madrileña Isabel Díaz Ayuso y claramente por delante de las otras baronías del PP en Extremadura, Aragón, Castilla y León, Murcia y Valencia. Tras los resultados de estas elecciones su buena estrella se ha visto truncada aunque sigue siendo uno de los líderes territoriales más fuertes del PP, si no el que más; es el barón por excelencia, con permiso de Ayuso. Por el tamaño de la población a la que representa, por su capacidad decisoria, por el presupuesto que maneja, por influencia y por el peso de la militancia de la formación en la comunidad, Moreno es uno de los referentes del partido conservador. Además, se ha forjado un perfil centrista y moderado del que hace bandera política. Feijóo es su amigo y, muy importante, se fía de él. No puede decir lo mismo de la presidenta madrileña, aunque el gallego no puede confesarlo en público. Además, a Feijóo le viene bien esa doble alternativa. El problema es que no tiene su propio guion para confrontarlo con Sánchez.
Juanma, como le gusta que le llamen, es el yerno ideal, que vale para todo, un hombre educado, templado, un político afable y cortés, de sonrisa perenne, cercano y de buenos modales... de los que no pronuncia una palabra más gruesa que otra, pero con capacidad dialéctica para eludir los golpes cuando surjan y dar la puntilla al adversario cuando tiene sed de revancha. Es un encantador de serpientes, que despierta simpatías más allá de su partido, un rasgo que le permite atraer nuevas adhesiones a la causa y le confiere una pátina de líder autónomo que trasciende a las siglas.
El PP gana pero seguirá dependiendo de Vox mientras el PSOE se estrella
Descabalgó al PSOE andaluz
Moreno hizo historia en 2019 al convertirse en el primer presidente no socialista en democracia de la Junta de Andalucía, en un territorio que tradicionalmente había sido un bastión del PSOE. De su mano el PP amaneció tras la larga noche del socialismo en el que transitó durante casi cuatro décadas. En aquella contienda electoral el partido conservador fue segunda fuerza y registró su peor resultado, 26 escaños, pero Moreno le dio la vuelta a la tortilla y con una pirueta política acabó con 36 años de gobiernos socialistas ininterrumpidos. Logró llegar al Gobierno andaluz gracias a un inédito acuerdo con Ciudadanos y Vox. Cuando tuvo necesidad aceptó sin despeinarse premisas del partido de la ultraderecha en inmigración, memoria y género. Fue su bautismo de fuego en el que aprendió una valiosísima lección: lo importante es llegar al poder, una vez instalado en él cuesta mucho desalojarte. Son las ventajas de controlar el boletín oficial del gobierno. Durante su mandato se volcó en cambiar la imagen de Andalucía de tierra de subsidios y nepotismo construida por los socialistas para sustituirla por una percepción de modernidad en una comunidad, una de las más pobladas y extensas del Estado, con más de 8,5 millones de habitantes y la de menor PIB per cápita, con menos de 25.000 euros.
También hizo historia al lograr un resultado abrumador en las autonómicas de 2022, cuando alcanzó por primera vez la mayoría absoluta para el PP en esta región. Su victoria fue incontestable y desconocida hasta entonces en Andalucía, con 58 diputados para el PP, más del doble que cuatro años antes y dejando a mucha distancia a la segunda fuerza del Parlamento andaluz, el PSOE. El resultado le ha permitido gobernar en solitario sin depender de Vox. No obstante, en su segundo mandato le ha perseguido el escándalo de los cribados de cáncer de mama que ha afectado a 2.317 mujeres y que se ha llevado por delante a la consejera de Salud.
El estilo sereno y templado de Moreno marca el camino a seguir a Feijóo en el ámbito estatal, sin desdeñar el manual beligerante de Ayuso
El triunfo de Moreno es holgado, aunque no lo suficiente para alcanzar la mayoría absoluta cifrada en 55 escaños (sobre un total de 109 en el Parlamento andaluz). Comparte ese detino con los otros tres barones de su partido que desde diciembre se han sometido a las urnas y han salido peor de lo que entraron, dependiendo de Vox para su investidura: María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León.
Mitin de Aznar
Moreno Bonilla nació en Barcelona el 1 de mayo de 1970, por lo que tiene 56 años de edad. Sus padres tuvieron que emigrar en busca de trabajo, aunque a los dos meses de su nacimiento, su familia regresó a Málaga, su ciudad de siempre. La epifanía política le llegó pronto. Se afilió a los 19 años encandilado tras escuchar a José María Aznar en un mitin en la plaza de toros de la Malagueta. Ha recibido más de una crítica porque en su currículum solo figuran actividades y cargos políticos y que fuera de la política no se le conoce ni oficio ni beneficio. En alguna ocasión se ha defendido diciendo que la política es su vocación, agregando que en su juventud trabajó en una pizzeria y en un bar, así como de comercial durante unos meses. l
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